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ANA RANERA
Viernes, 7 de febrero 2020
Se puede vivir sin saber del sonido al rasgar las cuerdas de una guitarra que araña el alma y sin conocer la voz de quien te dio a luz en un mundo callado, pero aunque te toque nacer en un universo mudo, nadie merece vivir una vida incomunicada simplemente por la falta de oído. La Fundación Vinjoy ofrece un servicio de interpretación de lengua de signos para que las personas sordas y sordociegas se hagan entender y encuentren respuesta a la pregunta que formulan los gestos de sus manos y rompan la muralla que los aísla en una ciudad que grita y no contempla a quienes no oyen las palabras.
Este servicio comenzó su andadura en el año 2013, desde entonces han ido creciendo cualitativa y cuantitativamente para integrar en la sociedad, durante estos siete años, a cualquiera que se sienta fuera de ella constantemente o de manera puntual. En 2019, fueron 191 personas las que hicieron uso de este servicio contactando con la fundación, explicando su caso y consiguiendo así que un intérprete los acompañara en cualquier necesidad. Fueron un total de 2357 servicios realizados en los últimos doce meses y cada uno de ellos es una batalla ganada a un mundo que exige los cinco sentidos.
Y es que, ir al médico, un juicio, estudiar y cualquier gestión administrativa, entre otros muchos ejemplos, se convierten en misión imposible cuando nadie adapta su lengua a la tuya. Las oportunidades se reducen y las fuerzas flaquean cansadas de pelear contra constructos demasiado arraigados. Hasta que aparecen las ocho personas que forman parte del centro de intepretación. Ellos entienden el volumen y lo traducen a tu particular idioma.
Ellos son Vanesa, María, Laura, Lía, Eloy, Ana, Lara y Noelia. «Es una satisfacción trabajar como intérprete, ayudas en muchos procesos a las personas sordas», dice tímidamente Vanesa Soto quien pone sobre la mesa el derecho a la información. Ellos se lo toman como una pelea para que logren la autonomía porque ya es bastante complicado vivir como para hacerlo en una interminable carrera de obstáculos en la que nunca encuentras a alguien que te quite la zancadilla y te ayude a avanzar.
Isis González habla de alguno de los casos atendidos. Procesos oncológicos para los que un usuario solicita acompañamiento. Si ya el miedo va de la mano de este tratamiento, si ya el dolor camina al mismo ritmo y la tristeza se instala, hacerlo sin además oír las explicaciones, sin entender los pasos y sin interiorizar el consuelo, ahoga en un tembloroso mar de dudas, llantos y miedos.
Pero si hay una palabra que se repita en la Fundación Vinjoy es vocación y a ella se aferran los ocho trabajadores cada vez que acuden a una llamada y ponen su inmenso grano de arena para hacer la vida más fácil. Y no hay nada más valioso que quien tiende la mano cuando pierdes cualquier equilibrio.
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