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Fundación Vinjoy: La emoción de oír por primera vez-IATYS
FUNDACIÓN VINJOY

La emoción de oír por primera vez

Al otro lado de la puerta, se mezclan las risas infantiles con el sonido de una maraca agitándose, nerviosa, en el aire

ANA RANERA

Viernes, 7 de febrero 2020

Dany García está sentado sobre la alfombra de colores, jugando entre sus primeros sonrientes balbuceos bajo la atenta mirada de una madre, orgullosa, que ve vencido al miedo tras aquellas primeras semanas en las que la incertidumbre nubló la felicidad que debería haber acompañado aquellos días de recién formada familia.

A sus diecinueve meses, Dani está viviendo las primeras veces en que pone volumen a la vida. Al nacer le hicieron un examen rutinario y fue entonces cuando saltaron las alarmas. Las pruebas se sucedieron y ya con tres meses y medio desde el hospital lo derivaron al Instituto de Atención Temprana y Seguimiento de la Fundación Vinjoy para poner remedio a su sordera.

Allí los iniciales nervios se fugaron y se convirtieron en la imprescindible fuerza para iniciar un proceso tedioso, cuya carga se aligeró gracias a la llegada a sus vidas de los ocho profesionales que trabajan y se implican para hacer más humano un espacio clínico. «El venir aquí nos ayudó mucho porque vas viendo los avances y su forma de trabajar», cuenta Madeleine, la madre del pequeño.

Fue en noviembre cuando a Dani le colocaron su implante y, desde entonces, más que escuchar, descubre. «Ahora mismo está muy contento porque está empezando a tomar conciencia de que el sonido existe», cuenta María Jesús Valdivieso, su logopeda y, como si la entendiera, Dani hace ruido con todo objeto con el que se vaya topando. «Las actividades que más le gustan son las de hacer ruido», cuenta su madre, entre risas.

María Fernández, otra de las trabajadoras del centro, dibuja en su cara la sonrisa al contemplar los rápidos avances de otro de sus orgullos. «Anualmente atendemos unos 200 casos», cuenta y repasa las conmovedoras reacciones que ha visto, desde que en el año 2002 arrancara esta andadura. «Hay reacciones muy chulas. Hay niños que se sorprenden; alguno llora, pero, por lo general, la primera reacción suele ser la de abrazarse a sus padres», explica. «Aunque lo que nunca falla es el llanto de los padres, eso pasa siempre», asegura.

Este centro se diferencia de cualquier otro de este tipo porque aquí las familias juegan un papel fundamental, estando siempre al lado de los pequeños durante cada uno de los procesos. «La familia puede implicarse desde el primer momento. Los niños son muy pequeños y el grueso del tiempo lo pasan con la familia, por lo tanto hay que empoderarla porque llegan en una situación complicada, con muchas dudas y mucha incertidumbre», señala María. «Vienen pensando que no van a poder educarlos bien y nosotros les damos mucho apoyo para que vean que no van a tener ningún problema para sacar adelante a su hijo», añade.

Los niños empiezan así con tres años al colegio, con un lenguaje normalizado y el IATYS pasa entonces a formar parte de su vida por su faceta de seguimiento. «Los niños siguen hasta los 16 o 18 años viniendo a sus revisiones», explica María Fernández. Y los que llegaron siendo habitantes de un mundo callado acaban por ser adultos testigos de una vida ruidosa en la que el silencio, que en su día fue inquebrantable, se rompe cuando ellos quieran hacerlo.

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