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EN EL CSIC. Margarita Salas, con Severo Ochoa, antes de una conferencia que el científico pronunció en Madrid en 1993, poco antes de su muerte.

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EN EL CSIC. Margarita Salas, con Severo Ochoa, antes de una conferencia que el científico pronunció en Madrid en 1993, poco antes de su muerte. EFE

Por qué es tan importante el legado de Margarita Salas

La patente se convirtió en la más rentable del CSIC, al reportar a la institución 6,6 millones de euros durante su vigencia hasta 2009 Su mayor logro fue el descubrimiento y caracterización de la ADN polimerasa phi29

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

GIJÓN.

Viernes, 8 de noviembre 2019, 01:42

En la escena de un crimen, el técnico forense encuentra sólo un rastro del posible asesino, un pelo, formado por queratina en toda su longitud salvo en la raíz, donde guarda algunas células de piel, acaso una diezmilmillonésima de gramo de su ADN, el material genético que lo identifica singularmente entre todos los demás seres humanos que pueblan el planeta. El técnico lo recoge y guarda cuidadosamente para enviarlo al laboratorio.

Pero para poder estudiarlo, es necesario multiplicar ese ADN clonándolo, copiarlo de modo fiable hasta tener la cantidad suficiente (varias millonésimas o milésimas de gramo). El primer sistema que pudo hacer esto, el PCR (reacción en cadena de la polimerasa) fue tan revolucionario que le ganó a su creador, Kary Mullis, el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 1993, pero no funciona con cantidades tan pequeñas y sólo reproduce determinados segmentos de ADN y en cantidades limitadas.

Pero en el laboratorio forense, está el legado de Margarita Salas: un sistema que puede multiplicar cadenas completas de ADN a partir de muestras minúsculas, incluso de una sola célula. Se conoce como «amplificación de desplazamiento múltiple» o MDA y para funcionar utiliza una enzima llamada 'ADN polimerasa phi29'. Esta enzima fue descubierta y caracterizada en 1989 por el equipo del Centro de Biología Molecular del CSIC en la Universidad Autónoma de Madrid, encabezado por Margarita Salas y es capaz de abrir o desplazar la cadena de ADN para reproducirla.

Margarita Salas había estudiado en Nueva York con Severo Ochoa, luego Premio Nobel por su trabajo precisamente sobre las enzimas relacionadas con el ácido ribonucleico (ARN) y el ácido desoxirribonucleico (ADN). Las enzimas son moléculas biológicas que aceleran o facilitan las reacciones químicas que ocurren en todos los organismos: permiten la digestión, facilitan la construcción de proteínas en nuestro cuerpo, median en la digestión y cuanto ocurre en el desarrollo de los procesos vitales.

El primer trabajo importante de Salas, junto con Ochoa, fue descubrir en 1965 la dirección en la que se leen los mensajes genéticos, es decir, a partir de qué extremo se expresa (y se lee) el ARN. Hasta ese momento, este código genético era un misterio, un lenguaje desconocido que no se sabía si se escribía de izquierda a derecha, como el castellano, o de derecha a izquierda, como el japonés. Después de ese logro, Salas se ocupó de analizar los mecanismos que hacían que el ARN comenzara la síntesis de proteínas.

El descubrimiento y caracterización de la ADN polimerasa phi29 en 1989 le ganaron su destacado lugar en la ciencia española. La enzima se obtuvo a partir de un virus bacteriófago, llamado precisamente phi29 (por la letra griega 'fi') que Margarita Salas comenzó a estudiar a finales de la década de 1960 por las peculiaridades de este virus en la replicación de su material genético. Al tener sólo 20 genes, se prestaba a estudios a nivel molecular, pero al mismo tiempo la complejidad de su forma y proteínas ofrecía oportunidades de estudio. En palabras de Salas, era «un virus pequeño y accesible, más fácil para estudiarlo aquí en España, que era un desierto científico». Así, descubrió la enzima ADN polimerasa phi29 y su capacidad para replicar ADN, incluso humano, en el laboratorio y con un reducidísimo margen de error.

Era investigación básica, desarrollada sin pensar en sus aplicaciones posibles. Pero las tenía, no solamente en tareas forenses, sino para estudios familiares y médicos, en antropología, arqueología y paleontología, reproduciendo ADN antiguo o escaso para poder estudiarlo y reconstruir partes de la historia humana y de la vida. La patente se convertiría en la más rentable del CSIC, habiendo producido 6,6 millones de euros durante su vigencia hasta 2009, se vería seguida por otras muchas, varias de ellas relacionadas con aplicaciones y variedades de la enzima original.

En palabras de Margarita Salas, «sin investigación básica no hay desarrollo», y lo demuestra ese, que es sólo una de las aportaciones que hizo a la ciencia española en una larga y fructífera vida de trabajo. La más importante.

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