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El proyecto que lidera José María García Gala, jefe del Servicio de Hematología y Hemoterapia del HUCA, en colaboración con Ana María Ojea, del Centro Comunitario de Sangre y Tejidos de Asturias, se enmarca en un ensayo clínico coordinado por el Hospital Puerta de Hierro de Madrid denominado Con-Plas 19. Su objetivo es evaluar la eficacia y la seguridad del uso de plasma hiperinmune de pacientes curados tras la infección por SARS-CoV-2 para tratar «pacientes que no han ingresado en UCI pero que tienen factores de mal pronóstico y así prevenir su ingreso en la propia UCI». Un ensayo que cuenta también con la financiación del Instituto Carlos III, en el que participan 32 hospitales españoles y en el que se preveía la participación de unos 250 pacientes de toda España. Aquí en Asturias, de forma paralela a ese estudio general, también se consideró necesaria valorar esa eficacia del plasma en pacientes que ya estaban en la UCI y por ello se puso en marcha un estudio más focalizado en esas personas. En este caso, se contó con una subvención por parte de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética, y se preveía que participaran cincuenta pacientes.
Dado que los criterios para la selección de los donantes se centran en que «deben haber pasado al menos catorce días desde la finalización de la sintomatología y se debe demostrar en ellos la presencia de anticuerpos», hasta mediados de abril no se pudo disponer de las primeras unidades de plasma de unos donantes a los que el médico agradece explícitamente su implicación.
Además, la propia evolución positiva de la pandemia ha impedido que haya pacientes 'candidatos' a recibir el tratamiento. Aunque hay stock de reserva del plasma (que dura 36 meses) si se necesitara. Su uso está previsto en dos situaciones: la primera, en los ingresados con neumonía e insuficiencia respiratoria y que no precisan ventilación mecánica, pero hay datos que sugieren una mala evolución. Aquí se estudia la eficacia del plasma para prevenir la mala evolución. Y la segunda, los pacientes con ventilación mecánica:se estudia la eficacia de acortar el tiempo de la misma. En todo caso, lo más relevante es que se debe aplicar en una fase precoz de la enfermedad.
A nivel nacional hay ya unos sesenta pacientes tratados en este ensayo y «la experiencia ha demostrado la seguridad de este tipo de tratamiento y se está pendiente de valorar la respuesta».
A su juicio, la pandemia ha supuesto una mezcla de desafío –«ofrecer en el menor tiempo posible con las máximas garantías de seguridad para donante o paciente un producto de utilidad»– y de oportunidad –resaltar «la importancia de la colaboración entre múltiples profesionales y entre la investigación y la clínica»–. «No es posible desarrollar una asistencia de calidad si no existe una investigación que la sustente y esta debe dar respuesta a las preguntas que nos plantea la asistencia», concluye.
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