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Quedarse a vivir en el pueblo «debería ser la elección lógica, no la valiente». Benjamín Lana, director general de Vocento Gastronomía, clausuró la cuarta edición del congreso FéminAs dibujando el ideal de todos cuantos le acompañaban ayer en el Palacio de Figueras en representación de muchos otros. Aseguró que «está en nuestras manos que el mundo rural deje de verse como la sociedad fracasada», que pierda ese estigma para siempre, ya que «ahí radica la esperanza» para un sector de capital importancia. Llamó a recapacitar dando razones de peso para confiar, pero también toques de atención, lo que a fin de cuentas es la esencia misma de un congreso que empezó a recorrer Asturias en 2021.
FéminAs «se consolida después de cuatro años como una plataforma para el reconocimiento y empoderamiento de las mujeres en las comunidades rurales», zanjó Lana. En este tiempo se ha reivindicado de muchas maneras; imagine una hoja en blanco en la que personas de diferentes puntos geográficos, condiciones y oficios van añadiendo necesidades y puntos de vista a una situación que, al final, es común. FéminAs se ha convertido en el altavoz para hacer llegar a donde sea menester peticiones concretas, como facilitar que se pueda comprar legalmente a los vecinos que producen. «A veces no solo hay que dar subvenciones, sino escuchar y aplicar el sentido común para legislar».
El Congreso Internacional de Gastronomía, Mujeres y Reto Demográfico recorrió este año durante tres intensas jornadas la costa occidental para poner el foco en lo que normalmente no lo tiene y dar voz a quienes ocupan la parte escondida del iceberg, lugar en el que históricamente han estado las mujeres. «Hemos aprendido que se pueden dinamizar las zonas rurales desde dentro», manifestó Lana. Se puede hacer con la caza como la chef Roberta Hall McCarron en Escocia; con las setas como la cocinera Elena Lucas en Soria; enlatando el Cantábrico como hacen María Busta, Ángela Donato o Ana Labad; con los quesos, la huerta y la ganadería y hasta comiéndote al enemigo invasor como defiende en Venecia la chef Chiara Pavan.
También «hemos aprendido que no es contradictoria la idea de que cualquiera se puede labrar el futuro abrazando la tradición y el pasado», celebró Lana. Y que esa persona puede escoger quedarse en el lugar que le vio nacer o decidir la tierra a la que se quiere vincular. El también director de FéminAs se queda con ver a muchas jóvenes cocineras «con talento, fuerza y claridad de ideas». A nombres como la portuguesa Rita Magro, la oscense Iris Jordán o la gallega Lydia del Olmo. Y celebra «la verdad» no solo como base del pensamiento y la oferta, sino como el mejor remedio para bien estar. Como ejemplo puso a las cocineras Mari Fernández, del Mesón El Centro, y Mirta Rodríguez, de El Torneiro.
Durante tres días, en la cita, celebrada con el patrocinio del Gobierno del Principado –la viceconsejera de Turismo, Lara Martínez, no presidió el acto debido a la decisión del Gobierno de cancelar todos sus actos oficiales–, se ha conversado en cinco idiomas en busca de lo mismo y «hemos descubierto que pertenecemos a una única tribu, una que está llamada a defender el futuro del rural y a reivindicar la aportación de las mujeres como productoras, custodias y transmisoras de la cocina, la memoria y la producción y como principal sostén de que lo rural seguirá latiendo y recuperará su esplendor». Por eso, aunque vaya contra las leyes de la física, Benjamín Lana animó a intentar darle la vuelta al iceberg.
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