

Secciones
Servicios
Destacamos
JAVIER FERNÁNDEZ
Domingo, 11 de noviembre 2012, 14:03
Entre el scooter Burgman y la motocicleta MV Avello, han sido muchos los modelos, fabricados en Gijón por operarios locales, que durante más de 60 años surtieron al mercado de estos vehículos. Bajo la dirección del empresario vasco Alfredo Avello, primero, y con la colaboración de sus distintos socios internacionales, después, la fábrica recorrió sobre dos ruedas buena parte de la historia del siglo XX en Asturias. En 1988 la multinacional japonesa de la automoción tomó las riendas de la fábrica y ligó así el destino de su aventura española a los mecánicos gijoneses que trabajaban en la planta y a los clientes que a lo largo y ancho de todo el territorio nacional compraban sus motos.
Suzuki anunció el pasado martes el cierre «irreversible» de su última factoría en Europa, 25 años después de haber puesto sus pies por primera vez en la costa asturiana, y tras haberse retirado previamente de Estados Unidos, la mayor economía del mundo. La historia de esta planta deja en el recuerdo gran cantidad de modelos, éxitos y varapalos comerciales, y triunfos deportivos.
Fue en una carrera celebrada en Gijón cuando Alfredo Avello se puso en contacto con los promotores de la marca MV en España y consiguió llegar a un acuerdo con ellos para trasladar la producción de las motocicletas de la marca desde Barcelona al barrio gijonés de El Natahoyo, donde desde 1940 fabricaba maquinaria.
En 1951 se lanzó al mercado el primer modelo de la nueva sociedad. La flamante MV Avello de 125 centímetros cúbicos salió de fabrica poniendo la primera piedra de una larga trayectoria de fabricación y venta de vehículos de dos ruedas en la región. El experimento salió bien y atrajo la atención de la empresa matriz, Sociedad Meccanica Verghera, que se asoció con Avello S. A. y dio un nuevo impulso a la fábrica que lanzó una gama de productos basados en motores de 125 y 150 cc.
En 1966, las MV circulando por España eran más de 50.000. Aparece en aquel momento el ciclomotor más gijonés de la historia, producido y comercializado en la ciudad y que además llevaba el nombre del río que transcurre por la villa. Ya se comercializaban la MV Deva o la MV Sella cuando surgieron discrepancias entre Avello S. A. y sus socios italianos. El industrial vasco contactó con el grupo austríaco Steyr-Daimler-Puch que entró en la sociedad con la compra del 50% del accionariado y pasó en 1978 a asumir la dirección en solitario de la firma.
Fueron épocas de bonanza para la fábrica, que en los años 70 multiplicó por 40 sus ventas y superó las 40.000 unidades vendidas, conquistando las carreteras con los modelos amarillos característicos de la nueva etapa. Entre ellos la popular MiniCross, una moto robusta y cómoda, ideal para el medio rural. En 1977 ya se habían desarrollado dos modelos de este prototipo. La MiniCross 50 con un precio de 33.980 pesetas (204 euros) y la MiniCross Super que costaba 37.500 pesetas (225 euros).
La situación de la fábrica da un dramático giro en 1983. Juan Bravo se alza con el campeonato de Motocross de España a lomos de una Puch, pero la empresa cierra el ejercicio con pérdidas superiores a los 200 millones de pesetas (unos 12 millones de euros). Un año más tarde, Suzuki desembarca en Gijón con un contrato de transferencia tecnológica y en 1988 se hace con todo el capital de la empresa. Ya no queda espacio para aventuras europeas en El Natahoyo y el destino de la fábrica depende ahora de una multinacional japonesa que destinará al consumo nacional el 91% de sus productos.
Ciclomotores como el Lido Suzuki 50 sustituyen a los modelos Puch. La fabricación y ensamblaje continúan haciéndose en Gijón, pero la factoría se prepara para cambiar de barrio. Con la crisis de principios de los 90 golpeando con dureza a Suzuki Motor España S. A., la planta abandona sus instalaciones en El Natahoyo y se muda a Porceyo, cuya primera piedra se había puesto el 30 de julio de 1992.
La situación de la factoría en aquel momento era límite y su continuidad se ponía en entredicho. En 1994, con un paquete de ajustes que incluía la reducción de su plantilla al 50%, Suzuki logró superar una situación que le había llevado a perder el 70% de su producción entre 1992 y 1994.
Sin embargo, desde finales de los 90, la factoría gijonesa ha venido arrastrando graves problemas derivados de una crisis provocada, entre otros factores, por la introducción de la licencia de conducción y la subida de los precios del seguro, que llegó a superar el 300%. La fábrica no deja de producir nuevos modelos, pero el volumen de unidades es cada vez menor. Con la llegada del nuevo siglo, Suzuki prevé fabricar en el país 36.000 unidades de tres tipos diferentes de Marauder, con los ojos puestos en la exportación a 16 países. Su capacidad productiva es mucho mayor. Estos obstáculos lastran cada vez más la evolución de la fábrica que entre 2008 y 2011 perdió 28 millones de euros y que tiene a toda su plantilla regulada hasta marzo. Muy por debajo de su potencial, la multinacional nipona producía 11.000 scooter Burgman al año. La última moto de la trayectoria automovilística asturiana.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.