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La crisis de la covid ha derivado en una gran polémica externa en torno al Sporting y en una tormenta interna en la entidad deportiva. Y, además, se ha convertido en una gran dificultad añadida para los rastreadores de la Consejería de Salud y el propio club en su intento por seguir las huellas de los diez contagios detectados en el primer equipo (uno de un técnico) hasta el origen. ¿Cómo se infectaron los primeros futbolistas? Este primer eslabón de la cadena parece estar, según algunos testimonios recabados dentro de la propia entidad, en una reunión social que se celebró en un domicilio familiar, en las primeras horas de las vacaciones navideñas. Los jugadores quedaron liberados de entrenamientos en la noche del lunes 21 de diciembre, tras el partido frente al Leganés. En ese encuentro en una vivienda habrían estado presentes al menos dos jugadores de la plantilla. Pero, incluso sobre este encuentro, poco se sabe. Esa falta de información es uno de los aspectos que llevó a las autoridades sanitarias a reclamar más colaboración de los afectados. Tampoco se ha aclarado hasta qué punto pudo haberse incumplido algún punto de la normativa vigente o si hubo un contagio desafortunado.
El trayecto de los acontecimientos continuó con unas fotografías de otros días del periodo navideño, sin relación con lo anterior y que comenzaron a correr por grupos de 'WhatsApp', añadiendo más leña al fuego y señalando que jugadores del Sporting habían estado en un local del grupo Gavia. Mientras, Sanidad señalaba el pasado sábado que el brote relacionado con el Sporting afectaba «a más de 34 casos positivos y a más de 120 contactos estrechos». La Consejería aludía a algún contacto en hostelería, pero también otros carácter social y familiar. De forma paralela, el club y la propia Liga, que incluso ha abierto un expediente con riesgo de sanción, están realizando sus propias pesquisas.
En ese camino, el Grupo Gavia tuvo que salir ayer a desmentir que hubiera organizado alguna fiesta privada para jugadores del Sporting durante el periodo navideño, con la plantilla de vacaciones. El desencadenante fueron de nuevo las fotografías y un vídeo en los que aparecían dos jugadores del primer equipo, además de otro que el año pasado estuvo en el filial rojiblanco, en el espacio conocido como 'El Cielo', del Restaurante Bellavista. Estas informaciones, extendidas en redes sociales, afirmaban que formaban parte de una fiesta multitudinaria, con más de ochenta personas. En las imágenes, no obstante, solo se puede ver un grupo reducido. Eso sí, de pie y sin mascarilla.
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Según el grupo hostelero, en conversación con EL COMERCIO, estas imágenes fueron tomadas el pasado 24 de diciembre en esa planta superior del Bellavista. El vicepresidente del Sporting, Javier Martínez, socio del grupo Gavia, explicó que sería en una franja horaria permitida, hasta las diez de la noche, en un salón amplio, acotado a doce mesas por las nuevas restricciones y con limitación de cuatro personas en cada una. De hecho, el horario y las condiciones fueron publicitados incluso por redes sociales. Asumían, eso sí, el descuido de que en algún momento alguien podría estar de pie, incluso quitarse la mascarilla, para posar con los jugadores en una foto.
Más allá de esto, también existe un malestar evidente en el club por la dificultad que han tenido para detectar el origen de los contagios. Incluso hay varios jugadores contagiados que a nivel interno han mostrado su enfado por ver el rumbo de los acontecimientos. No todos los casos son iguales y eso añade más niebla a la causa. Estos defienden que, durante el periodo navideño, respetaron todos los protocolos establecidos, aunque fueron contagiados posiblemente por compañeros que estaban incubando el virus. Estos contagios podrían haberse producido en la ejecución del trabajo físico de las vacaciones. Incluso en el gimnasio.
Así, el silencio institucional del Sporting, roto ayer, ha incrementado la incertidumbre y los vacíos. En todo momento, el club se ha justificado con la protección de datos de los afectados. Hay jugadores que reclamaban su derecho a la intimidad. Otros no tenían inconveniente en que trascendiera, señalando que nada hicieron mal ni tienen que ocultar. También en la hostelería se generó malestar porque en mitad de la confusión hubo quien generalizó no solo a los jugadores, sino a todo un sector que ha sufrido de forma especialmente dolorosa las consecuencias de la crisis del coronavirus. Y, mientras, el silencio de los únicos que podían dar explicaciones lo complicaba todo. Incluso el Sporting esperó para hacer público su comunicado, temeroso de equivocarse y que hubiera más contagios.
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