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Juan Luis Rodríguez-Vigil, con Víctor Zapico, en el último pleno antes de su dimisión. Joaquín Pañeda
El mayor escándalo político de Asturias

El mayor escándalo político de Asturias

El 'Petromocho' evidenció la ingenuidad del Gobierno ante un falso inversor, provocó la renuncia de Rodríguez-Vigil y generó una crisis institucional sin precedentes

ANA MORIYÓN

GIJÓN.

Jueves, 17 de mayo 2018, 04:31

El 18 de mayo de 1993, hace ahora 25 años, el entonces presidente del Principado, Juan Luis Rodríguez-Vigil; su consejero de Industria, Víctor Zapico; el empresario asturiano Juan Blas Sitges -que actuó como mediador- y el ciudadano francés Maurice Jean Lauze, que se presentó como representante del Saudí Internacional Bank (SIB), comparecían ante los medios de comunicación en el edificio de Presidencia en una jornada que se presentaba gloriosa para el Gobierno autonómico.

El Principado anunciaba a bombo y platillo en plena campaña de las elecciones generales de aquel año -tras una suculenta comida en el restaurante Trascorrales, donde se celebró el acuerdo con fabes con almejas- que el SIB estaba dispuesto a invertir en un complejo petroquímico en Carreño 366.000 millones de las antiguas pesetas. Un proyecto que requeriría 100.000 millones en ayudas pero que, según se dijo en aquella comparecencia, daría empleo a 1.100 personas de forma directa y otras 5.000 indirectas y supondría un auténtico rayo de esperanza para una sociedad en plena reconversión industrial. La fiesta en el edificio de Suárez de la Riva apenas duró unas horas. Un día después, EL COMERCIO ponía en tela de juicio la veracidad de aquel anuncio tras ponerse en contacto con la entidad financiera que, según el intermediario francés, estaba detrás de la iniciativa y que, sin embargo, no tenía conocimiento alguno de aquel proyecto. También el príncipe Abdullah Ibn Faisal, al que decía representar Maurice Jean Lauze en las negociaciones con el Principado, era ajeno a la operación. EL COMERCIO había destapado un auténtico escándalo político del que se harían eco tanto medios regionales, como nacionales e internacionales.

Una semana después del anuncio, tras un riguroso trabajo periodístico en el que se fue desmontando una a una cada versión que durante días ofrecía el Gobierno regional confiado en la veracidad de aquel acuerdo, el socialista Juan Luis Rodríguez-Vigil hacía pública su dimisión como presidente del Principado por el que luego se denominaría el escándalo del 'Petromocho'.

Su renuncia al cargo tuvo lugar el 25 de mayo de 1993. Cerca de la una de la madrugada. Acababa de finalizar el debate televisivo que enfrentó a Felipe González y José María Aznar con motivo de la cita electoral que se celebró el primer domingo de junio de aquel año. Rodríguez-Vigil comunicó a sus consejeros la renuncia y envió a las redacciones de los periódicos la carta que previamente había remitido al presidente del Parlamento asturiano. «La credibilidad se gana día a día y solo se conserva manteniendo la dignidad propia y la de las instituciones. Soy consciente de que la desdichada y absurda situación provocada por el tema de la refinería, que ha generado la ingenuidad de mi consejero de Industria, víctima, sin duda, tanto de una larga historia de negociaciones como de una compleja y elaborada trama, cuyas finalidades aún no alcanzo, al menos racionalmente, a comprender, pone en riesgo mi credibilidad como presidente de Asturias en estos momentos y sin ella, en una región como la nuestra, con los problemas que tiene y con los que se avecinan, nadie puede imaginar y desarrollar políticas de futuro», se justificaba.

«Errores importantes»

En aquella misiva, el entonces presidente reconocía «errores importantes» en la actuación de su consejero, Víctor Zapico, que había llevado directamente las negociaciones con los promotores, por no comprobar con suficiente rigurosidad la veracidad de las palabras del presunto intermediario francés. Sin embargo, añadió, «no haría honor a mis principios ni a mi sentido de la dignidad y de la honradez si me limitara a achacar culpas a mi subordinado. Yo le he nombrado y yo debo responder. En mi partido, en el PSOE, me han enseñado muchos viejos y queridos compañeros que no basta con ser honrado, que lo soy y lo tengo a gala, sino que hay que responder también con dignidad ante los errores, propios o de subordinados. Esa es la moral que yo he aprendido y la que practico».

Su decisión, que recibió los elogios de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario asturiano, fue el desenlace a una semana en la que el Gobierno socialista vivió una auténtica pesadilla. Día a día, EL COMERCIO dejaba con sus informaciones en evidencia la ingenuidad en la que había caído el consejero de Industria y su equipo al no haber realizado ningún tipo de comprobación sobre la verdadera identidad de Lauze y la falsedad de la documentación que aportaba, en favor de una mala entendida discreción ante el temor de que el proyecto se frustrara.

Las verdaderas intenciones

Pese a que Rodríguez-Vigil se comprometió en su carta de dimisión a clarificar todos los extremos del escándalo, lo cierto es que nunca se llegaron a saber las verdaderas intenciones de Maurice Jean Lauze. Su intervención en el fraude de la petroquímica no llegó a más, al ser interrumpida por la investigación realizada por los periodistas de EL COMERCIO Ángel M. González, Marco Menéndez y Chema Fernández Allongo, que ahora se recoge en el libro 'El Petromocho', escrito por el primero de ellos, hoy director adjunto de este periódico.

Se supo, además, que el francés había pertenecido al grupo armado OAS y que tenía un amplio historial delictivo por intentos de estafa y falsificaciones de documentos, y que prácticamente toda su actividad empresarial había estado relacionada con el cobro de comisiones en operaciones comerciales con países de África y Extremo Oriente.

Cuando intentaba engañar al Gobierno asturiano, atravesaba un momento económico difícil por las deudas que arrastraba como consecuencia de los negocios agrícolas que había mantenido en Murcia, donde residía en aquel momento. Sin embargo, Lauze no llegó a entrar en prisión por este escándalo. Sí fue condenado a un año de cárcel por un delito continuado de falsedad en documentos oficiales y mercantiles, y absuelto del delito de estafa en grado de tentativa.

Las consecuencias políticas fueron mucho más graves. La confirmación de que el proyecto que el Principado anunció como una inyección de oxígeno para la Asturias de la reconversión era, en realidad, un engaño, fue un palo sin precedentes para el Gobierno regional y el PSOE. No solo supuso la dimisión inminente del presidente Rodríguez-Vigil, sino también una importante erosión en el partido que le hizo perder las elecciones autonómicas de 1995 frente al PP después de trece años de gobierno. 25 años después, aún se habla del 'Petromocho'.

El libro

El domingo, día 27 de mayo, EL COMERCIO llevará a los quioscos 'El Petromocho', el relato de la investigación realizada por un equipo de periodistas que destapó el engaño al que estaba siendo sometido el Gobierno asturiano sobre el supuesto proyecto para instalar un complejo petroquímico en la región. El libro, escrito por Angel M. González, director adjunto de este periódico, será puesto a la venta en todos los puntos de distribución del diario por 4,95 euros coincidiendo con los veinticinco años transcurridos desde que tuvieran lugar aquellos hechos.

Se trata de un trabajo esencial para conocer todos los detalles sobre el mayor escándalo político de la historia reciente de Asturias, que provocó la dimisión del socialista Juan Luis Rodríguez-Vigil como presidente del Principado. Su autor formaba parte del grupo de periodistas, junto a Chema Fernández y Marco Menéndez, que durante una semana fue desmontando el intento de fraude que estaba cometiendo el intermediario francés con el anuncio de la multimillonaria inversión.

A lo largo de sus 116 páginas, 'El Petromocho' recorre los antecedentes y las dificultades que atravesaba la comunidad autónoma a principios de los años noventa, cuando la Administración regional sale en busca de iniciativas empresariales que permitieran la renovación del tejido industrial para contrarrestar los efectos de las duras reconversiones que afectaban a los sectores básicos de la economía. El libro describe la personalidad de los protagonistas que intervinieron en el fraude de la petroquímica y la crisis política que se desencadenó en plenas elecciones generales cuando el periódico desveló las mentiras y falsedades del embaucador que, en nombre del príncipe Abdullah Ibn Faisal, prometía la mayor inversión jamás conocida en Asturias. 'El Petromocho', en definitiva, narra lo que sucedió en aquella semana que cambió todo.

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