A Igor Postolache, el moldavo de 32 años acusado de asesinar a la pequeña Erika, sus vecinos lo describen como un hombre «solitario», «muy alto» y «fuerte», siempre vestido con ropa deportiva de color negro, rapado y «demasiado callado». Sus presuntas víctimas, como todo lo ... contrario, un tipo que no dudaba en acercárseles, incitarlas para que le acompañasen, decirles todo tipo de cosas de índole sexual e, incluso, perseguirlas, acorralarlas y amenazarlas. Todo esto, en plena calle. A falta de los resultados de una evaluación psicológica y de su declaración, la jueza ya le ha imputado un delito de tentativa de agresión sexual a sumar al del asesinato de la niña de Vallobín, solo él sabe por qué actuó como lo hizo durante las primeras horas de la tarde del martes pasado.
Publicidad
Lo que sí se conoce es su bagaje. Llevaba al menos tres años involucrado en posibles delitos leves de amenazas y coacciones a chicas jóvenes, aunque hasta la fecha ninguno de ellos había pasado del acoso callejero. «Por lo que sabemos de él, su comportamiento se aleja de los depredadores sexuales al uso», explica a EL COMERCIO el catedrático de Derecho Penal, Javier Fernández Teruelo. Actúa de otra manera. «Parece más impulsivo que calculador o carente de empatía», rasgos «comunes», sostiene, a los delincuentes sexuales en serie. «Mi impresión es que hay un problema mental severo detrás de esta persona» más allá de la etiqueta de psicópata. «Una persona normal y sin patologías», reitera, «no se comporta así».
Es decir, «el agresor sexual depredador con rasgos psicopáticos no es alguien que vaya dando voces por la calle a sus víctimas, sino una persona que puede estar mentalmente sana»: «Un depredador sexual se prepara, es inteligente, no se suicida y mucho menos con un arma blanca, trata de esconderse o salir impune. Este no obedece a esos criterios», sentencia el también decano de la Facultad de Derecho, enfatizando la posibilidad de la enfermedad mental. Las características de Postolache son más brutales e irracionales.
Noticias Relacionadas
Algo que, en términos penales, continúa, en el futuro proceso judicial «puede conllevar una atenuación de la pena, no la exención total, por enfermedad mental». Eso sí, matiza, «esto no quiere decir no pudiesen existir otras medidas de control».
En todo caso, las solicitudes de condena a las que se enfrentará el moldavo podrían ser de las más duras que existen en este país. Cometer un asesinato está castigado con una pena que va desde los 15 a los 25 años. El de tentativa de agresión sexual, de uno a cinco. Por otro lado, podría recaer sobre él la petición de prisión permanente revisable, tal y como detallan las fuentes jurídicas consultadas por este diario. «Si no se solicita en casos como este, no tendría sentido la reforma del Código Penal», advierten. No en vano, incluye específicamente los asesinatos de menores de 16 años.
Publicidad
Más información
A. A. / R. F. / C. D. N.
DANIEL CASTAÑO
R. AGUDÍN / C. DEL NERO / S. NEIRA
COVADONGA DEL NERO
El detenido también sabía pelear. Tiene licencia desde este año para todo tipo de modalidades de combate cuerpo a cuerpo y entrenaba en un club; sin embargo, nunca llegó a competir ni a formar a otros deportistas, y fuentes de su entorno confirmaron más tarde a este diario que «desde hace un mes dejó de acudir». La fecha coincide con su traslado desde Trubia a la calle Vázquez de Mella, hace algo más de tres semanas.
3 meses por solo 1€/mes
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.