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G. MAESE / P. SUÁREZ
GIJÓN.
Jueves, 6 de febrero 2020, 01:15
El tanatorio de Cabueñes acogió ayer la celebración de la palabra para despedir a Lorena Dacuña, la gijonesa asesinada el pasado lunes. Su hermano Francisco, muy afectado por el deceso, estuvo acompañado del resto de familiares, las amigas de Lorena y también sus compañeras de trabajo para brindarle un último adiós a la fallecida. La celebración de la palabra, a la una de la tarde, estuvo oficiada por Celso González, párroco de Deva y Cabueñes. Durante el acto, el sacerdote lamentó «la vida sesgada en plena juventud» de la mujer asesinada. «Nunca se saca del corazón la pena por perder una persona», afirmó ante el hermano y las mejores amigas de la fallecida, incapaces de contener el llanto. «Vamos a pedir que haya justicia. Que se resuelva pronto el problema para tranquilidad de la familia. No podemos estar así», insistió el sacerdote.
No sabían entonces que la investigación estrechaba el cerco sobre el principal sospechoso, el exnovio de Lorena y que horas más tarde sería detenido.
El cura, durante la ceremonia, comparaba lo que está viviendo la familia con otra situación que tuvo lugar durante su etapa en Nueva York. «En aquella ocasión oficié el funeral de 44 fallecidos en un accidente aéreo. Aquello me impresionó, pero esto es comparable», apuntó.
Roto por el dolor, el hermano de Lorena, Francisco, buscaba las palabras para tratar de asumir lo sucedido. Fuerzas para seguir adelante. «No quiero enfrentarme a este dolor», acertaba a decir. «Confío en que pagará por ello», decía pensando en José Manuel S. M., con quien su hermana había mantenido una relación de ocho años.
También reflexionó sobre la importancia de no esconder lo que sucede cuando una mujer sufre violencia de género o alguna persona está molestándola. «Si alguna mujer está pasando por algo así, debe hacérselo saber a su familia». Y es que Francisco decía tener una «sensación de impotencia por no haber podido a ayudar» a Lorena. «No pudimos verlo venir porque no conocíamos la grave situación que estaba atravesando mi hermana».
Las amigas de Lorena, que durante la ceremonia eran incapaces de contener las lagrimas, mostraron su confianza en los investigadores. «Sabemos que están poniendo todo de su parte para encontrar al culpable», subrayaban. Horas después llegarían los resultados. Agentes de la Policía Nacional detenían al sospechoso de la muerte de Lorena, una mujer a quien sus familiares y amigos no dudaron en calificar como «una bella persona». «Nos han arrebatado a una bella persona», reiteraban.
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