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MARIFÉ ANTUÑA
Sábado, 7 de enero 2023, 00:53
Ha sido una aventura, un viaje fructífero a través del arte de Evaristo Valle (Gijón 1873-1951) y de muchísimos más artistas que a lo ... largo de cuatro décadas han ido alumbrando y dando vida a esa quinta de Somió con hermoso jardín que rinde tributo al genio infinito del pintor gijonés de cuyo nacimiento se cumplirán en julio 150 años. «Me parece un milagro que se hayan podido hacer las cosas que hemos hecho», dice hoy Guillermo Basagoiti, director de arte del espacio, que vio nacer en 1981 la fundación que dio origen al museo -creada por voluntad testamentaria de María Rodríguez del Valle, sobrina de Evaristo Valle fallecida en Madrid el 20 de mayo de 1981-, que se inauguró el 5 de marzo de 1983 con presencia del entonces ministro de Cultura Javier Solana. «Aquel día fue muy emotivo, y también los que llegaron después con la visita del Principe Felipe, que fue nuestro presidente de honor», rememora Basagoiti.
Han sido estos cuarenta años intensos, con sus altibajos, con sus momentos felices y otros duros y complicados. Ha sido un periplo entre la poética y la belleza del arte y lo prosaico de sobrevir al día a día con presupuestos limitados. Ha habido sinsabores, no ha sido un camino de rosas y aún hoy se dejan ver las espinas que pinchan y duelen.
Pero vamos con lo bueno. Solo los primeros diez años de existencia recibió la obra de trescientos artistas, lo que da cuenta de su prolífica y efervescente actividad inicial. Y no estamos hablando de artistas cualquiera. Basagoiti recuerda el gran arranque del museo, que en 1984 recibía obras como 'El Conde de Floridablanca' de Goya, 'Anunciación' y 'Cristo Crucificado' de El Greco, 'Retrato de Michel Ophovius' de Rubens, 'San Miguel Arcángel' de Zurbarán, 'La educación de La Virgen' de Alonso Cano o 'Retrato de don Diego de Mesía' de Van Dyck. No se olvida el director del espacio de las muestras dedicadas a las vanguardias españolas de los años 50 y 60 con obras de Miró, Pablo Serrano, Clavé, Guerrero, Palazuelo, Barjola, Rafols Casamada, Tapies, Zobel, Oteiza, Chillida... Sin obviar la obra gráfica del mismímo Picasso, creaciones del gran Miguel Barceló y muestras de contemporáneos de Valle -con su obra, obvio es, siempre protagonista y contada de diferentes maneras-, como Solana, Iturrino, Zuloaga, Nonell, Sunyer, Romero de Torres, Piñole y Cristóbal Ruiz. Destaca también la presencia de autores internacionales tan notables como Jasper Johns... Y siempre con el arte más contemporáneo presente. Ya en 1990 se organizó la muestra 'Imagen Real - Imagen Virtual', con una treintena de artistas.
La fotografía, con obras de Nadar, Laurent, Lewis Hine, ManRay, Dorothea Lange, Walker Evans, Richard Avedon, Nicolás Muller o Michael Kena, y las artes gráficas han tenido, igualmente, sobresaliente acomodo en sus salas, que vivieron unos inicios vibrantes y múltiples en aquellos años ochenta mágicos para el arte. Hoy todo parece haber mutado hacia lugares menos luminosos.
El balance es bueno. Más de 610.000 personas han pasado por el museo, que desde hace 38 años recibe cinco mil escolares al año y ha organizado 243 exposiciones y más de trescientos conciertos. Porque a la pura actividad expositiva se suman la música y los talleres para niños, que buscan acercarles el arte desde bien pequeños. Le educación, la divulgación y, por supuesto, la investigación están su ADN.
Y conviene no olvidar -Basagoiti no lo hace- que en estos años y apenas sin realizar adquisiciones se ha reunido una colección de 1.200 obras de artistas contemporáneos. Porque creadores asturianos como los añorados Joaquín Rubio Camín o Javier del Río trabajaron siempre en pro del museo, como han hecho otros muchos como Josefina Junco o Amador. Muestra de ese apoyo al museo -que en este tiempo también ha sido declarado BIC- es cómo ha crecido la presencia de esculturas en su jardín histórico, considerado como uno de los más bellos de Europa.
El museo encara con ganas el camino de los cincuenta. Pero hay asuntos urgentes que atender. Una finca histórica como es la Redonda requiere mantenimiento. Señala Basagoiti que hay que mejorar la accesibilidad a las salas que conservan escalones, dotar de un ascensor al edificio central, mejorar fachadas, canalones, climatización (los equipos actuales funcionan pero con consumos elevados), además de las intervenciones que exige el propio jardín histórico, como podas de altura de elevado coste.
Todo cuesta dinero y pese a que no hay queja de las aportaciones del Ayuntamiento de Gijón, sí tienen en el Evaristo Valle una espina clavada con la Consejería de Cultura, que durante doce años no aportó dinero a la institución amparándose en que la fundación estaba inscrita en Madrid y no en Asturias y la cifra total aportada en los dos últimos años ha sido de 12.000 euros.
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