
«Esto es como recordar la historia y la igualdad desde nuestra abuelas». Así resumían la experiencia Laura Molina y María Jiménez, estudiantes de Secundaria ... que acudieron este viernes a la mesa redonda ofrecida el IES Cristo del Socorro de Luanco, Gozón.
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Ellas y sus compañeros escucharon las experiencias de «la primera promoción de mujeres, de 1967-1974, que se sacó el Bachillerato», explicó Luis Eloy Fernández, coordinador del instituto. El acto formaba parte del programa para conmemorar el 150 aniversario de la institución, que inició su andadura como un centro de estudios. Once de las cincuenta mujeres que conformaron aquella promoción acudieron al instituto. Venidas de todos los rincones del concejo, destacaron lo importante que fue «abrir las puertas no sólo a Luanco, sino también a las demás niñas de Bañugues, Verdicio o San Jorge».
Al principio, «niños y niñas estudiaban por igual en el centro Cristo del Socorro». Fundado por Mariano Suárez Pola en 1875, durante años impartía a clases a cualquiera. Con el tiempo empezó a perderse y, en 1955, cuando pasó a ser un instituto de formación profesional marítimo-pesquera, «las mujeres desaparecieron; ellas no necesitaban esos estudios para estar en el hogar». Finalmente, la ley les permitió volver en 1967, «aisladas de los chicos, incluso en el patio, con las mesas de la biblioteca como pupitres y un aula especia». Manuela Fernández, Luisa Artime, Conchita Basilio, Begoña García, Florentina Álvarez y María José Moreno lo recordaban bien y así lo transmitieron desde la mesa.
Como si volvieran al pasado, las veteranas explicaron que «los profesoras nos tenían cuidadísimas, era un paso de gigante que estuviéramos allí». Para ellas «recibir una educación fue una herramienta en la vida,, ya no dependías de nadie y podías salir adelante». Algunas pudieron seguir estudiando, otras entraron a trabajar, pero en lo que coincidían era en «la libertad» que habían conseguido.
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Las historias conmovieron y sorprendieron a partes iguales a los alumnos, conscientes de que «no es lo mismo escuchar en casa lo que te contaban a saberlo de verdad, oírlo en primera persona».
Para las jóvenes Molina y Jiménez, al igual que el resto de sus compañeras, aquello lo veían como «dos vidas diferentes, las de ellas y la actual», una historia que no deja de ser «impactante».
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