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Un número notorio de esas aves llegan tan exhaustas que si tienen que volver a volar por la presencia de una persona, un perro o un depredador, agotan sus reservas energéticas y mueren. En la imagen adjunta vemos un zarapito trinador (Numenius phaeopus), que venía del Ártico y viajaba hacia África. Paró en la ría avilesina el pasado mes de octubre, donde sucesivas molestias en forma de paseantes por la playa y perros sueltos (lo que está prohibido) le llevaron a un triste final.
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