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Nel Amaro, en 1995, en el Muelle de Gijón. :: JUAN CARLOS TUERO
Se apaga la voz rebelde de Nel Amaro
Cultura

Se apaga la voz rebelde de Nel Amaro

Pionero del Surdimientu y miembro de la Academia de la Llingua, fue uno de los grandes impulsores del asturiano Novelista y sobre todo poeta dedicó sus últimos años a la poesía visual y a las performances

PPLL

Martes, 5 de abril 2011, 11:14

Era uno de los escritores más arriesgados, heterodoxos e inclasificables de la literatura asturiana. Nel Amaro, nacido en la parroquia mierense de Cantuserrón en 1946, murió ayer en Oviedo a los sesenta y cuatro años, víctima de la diabetes, dejando a sus espaldas una obra tan particular como vanguardista que le colocó, desde que diera sus primeros pasos literarios y artísticos, en la vanguardia de los creadores que, ya desde la década de los setenta, vieron en la lengua asturiana el vehículo idóneo para dar forma a sus inquietudes. La cultura asturiana queda, así, huérfana de uno de sus más importantes innovadores, pero también de un activista inquieto y efervescente cuyas 'performances' le habían llevado a convertirse en uno de los poetas visuales más reputados dentro del ámbito estatal. También el valle de Turón, el lugar donde residía, se queda sin uno de sus habitantes más queridos, tanto por su carácter afable y dialogante como por su disposición a participar en cualquier iniciativa social o cultural en la que se le requiriera. Allí, en aquel rincón del concejo de Mieres donde pasó la mayor parte de su vida, era más que un convecino. Era, también y sobre todo, un referente.

Manuel Amaro Fernández Álvarez -tal era su nombre 'oficial'- nació en una familia de tradición izquierdista -su hermana Mariluz fue la última presa asturiana del franquismo- y empezó interesándose en su juventud por el teatro. Escribió sus propias obras -en la década de los noventa verían la luz 'Antígona, por exemplu', 'El banquete' o 'Les manes en caxón'-, preparó montajes sobre textos ajenos y llevó una vida bohemia y disipada (tal y como mandan los cánones de cualquier artista adolescente que se precie) en la que, poco a poco, la poesía fue haciendo acto de presencia hasta cristalizar en los libros 'Responsos laicos', 'Habitación de poeta' y 'Boca arriba, lentamente naufragando'. Sus amigos recuerdan que pasó año y medio vagando por España y que fue a su vuelta cuando empezó a interesarse por el asturiano -llegó a escribir letras para algún que otro componente de lo que se conoció como Nuevu Canciu Astur y fue uno de los pioneros del Surdimientu, además de miembro de número de la Academia de la Llingua- y a emprender un camino destinado a integrar esa lengua en una posmodernidad literaria. Él la buscó emparentando las corrientes vanguardistas de primeros del siglo XX con el experimentalismo de entreguerras, sin renunciar a las corrientes de la posmodernidad y a un sello personal e inconfundible que fue ensayando en distintas publicaciones y que adquirió plena carta de naturaleza en el poemario 'Y tu, Marta B., qu'entoncies nun yeres, tampocu, l'Anna Karina de les películes de Jean Luc Godard' para ir consolidándose y perfeccionándose en títulos posteriores como 'Diariu d'un polizón', 'Reversos', 'Poemes de San Francisco' y 'Pruebes d'autor'.

Esa labor de modernización del idioma asturiano en el ámbito poético hizo que, a la larga, se le nombrara y reconociese como 'poeta', pero lo cierto es que, multidisciplinar como era, no quiso dejar de lado otros géneros. Colaborador habitual de la prensa regional y articulista en las publicaciones más variopintas, dejó escritos un buen número de relatos y novelas como '¡Adiós Dvorak!', 'Novela ensin títulu', '¡¡¡Falanxista!!!', 'Entós, cuando ñevaba', 'Na borrina' o 'L'últimu del pelotón', aunque en los últimos años había dejado de lado la creación estrictamente literaria para centrarse en un nuevo lenguaje, el de la poesía visual, que le llevó a convertirse en una referencia en toda España y a impulsar iniciativas como el Mail Art Archive Turonés, el colectivo Auxilios Mutuos S. L. o el Laboratorio Excéntrico, por no hablar de la Fundación Perruno-Situacionista Lazslo Kovacks, que los convirtió a él y a su perro 'Pulgu' en los 'performers' más conocidos, y reconocidos, de Asturias y en participantes habituales en los certámenes más importantes que se desarrollan en España en torno al experimentalismo en las artes plásticas.

Y aunque por edad perteneciese a una generación 'pre-tecnológica' su afán por estar a la última le llevó a descubrir internet y a encontrar en ella la herramienta idónea para su tarea creadora. Desde hace algunos años, desarrollaba en la red la mayor parte de su trabajo, que él mismo promocionaba y difundía y que, pese a su heterogeneidad, siempre se mantuvo fiel al que quizá fue el lema más importante de cuantos tuvo en su vida: «Ser utópico o no ser nada». Su prematura muerte deja un gran vacío en el campo del arte experimental, y en el de la literatura asturiana más innovadora. Su obra, al menos, permitirá que se le recuerde como el adelantado a su tiempo que siempre fue.

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