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A. VILLACORTA
Domingo, 23 de enero 2011, 11:11
Francisco González Buendía se reservó el honor de desvelar el dato: «Hoy podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la población de oso pardo en la cordillera cantábrica es de 200 ejemplares». El consejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras del Principado presentó ayer los resultados de dos estudios realizados en los últimos años por la Universidad de Oviedo y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Dos investigaciones que no solo han permitido elaborar un exhaustivo censo de la población osera, con un escaso margen de error que cifra los ejemplares entre 195 y 210, sino que han arrojado valiosa información sobre su hábitat y sobre sus características genéticas, además de analizar el comportamiento individual de algunos ejemplares e identificar corredores entre la población occidental y la oriental.
Esos 200 osos suponen más del doble de los que se contabilizaban en 1995, cuando, según el investigador del CSIC Javier Naves, «había entre 70 y 90 ejemplares en la cordillera».
Por eso, pidió Naves permiso «para disfrutar» de la cifra, a pesar de que, como recordó acto seguido, «seguimos hablando de una especie en peligro de extinción».
Esa sensación ambivalente fue traducida por la profesora titular del Departamento de Genética de la Universidad de Oviedo Ana Domínguez, quien explicó que ese número de plantígrados supone que «la población ha alcanzado el tamaño mínimo necesario» para que el oso pardo cantábrico sea «viable a corto plazo», aunque esa cifra está aún «muy lejos» de garantizar la viabilidad de la especie a medio o largo plazo. Tanto que, para contar con esa garantía, apuntó Domínguez, «se necesitarían cerca de 2.000 individuos».
Otra de las conclusiones más reveladoras de los estudios es el aumento del tránsito de ejemplares entre la población occidental (radicada fundamentalmente en Asturias) y la oriental (con más presencia en Castilla y León y Cantabria), y la aparición de dos oseznos resultantes del cruce de ejemplares procedentes de dos poblaciones hasta ahora «muy diferenciadas».
Y ese contacto sí que es una excelente noticia porque, según Ana Domínguez, la mermada población oriental, con muy pocas hembras además, «corre un grave peligro de extinción por diversos factores» como la consanguinidad.
«Es muy importante que la subpoblación oriental se vea incrementada gracias a la relación entre ambas poblaciones», subrayó la especialista en Genética, que apuntó que, aunque se ha demostrado que «hay migración de machos entre las dos subpoblaciones, es fundamental que se reproduzcan».
Las cifras no dejan lugar a dudas, puntualizó Javier Naves: si el total de la población cantábrica suma entre 195 y 210 plantígrados, la subpoblación occidental está compuesta por entre 175 y 190.
Así las cosas, los retos están claros, según Buendía: «Facilitar la comunicación entre poblaciones aprovechando los corredores naturales de paso y mejorar la calidad en el hábitat y la convivencia entre osos y humanos». Todo, «poniendo un cuidado exquisito en que las infraestructuras no rompan ese tránsito».
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