

Secciones
Servicios
Destacamos
A. PRESEDO apresedo@elcomerciodigital.com
Martes, 7 de diciembre 2010, 09:16
Era el fíu de 'Concha, la guapa'. Un transgresor. La alegría y la sorna personalizada. Era, sobre todo, una persona sensible y solidaria que, posiblemente, nació muchos años antes de 'su tiempo'. Alberto Alonso Blanco 'Rambal' marcó una época en Cimadevilla, en 'su Cimadevilla', hasta que, en la madrugada del día 19 de abril de 1976, en circunstancias nunca aclaradas, fue asesinado en su propia casa. Su extraño final contribuyó a aumentar el mito de aquel hombre que, en pleno franquismo, no ocultaba su homosexualidad, y cuyos gestos y miradas cautivaron a José Joaquín Fanjul. El fotógrafo, del que hoy se cumplen dos años de su fallecimiento, vio en aquel controvertido personaje la esencia del barrio alto, de una zona de Gijón en la que, por entonces, se vivía en la calle, en unas condiciones duras, pero en las que no faltaba la alegría y la forma 'playa' de entender la vida. Eran los tiempos de El Montecillo, de El Farol, de vida nocturna desenfadada en la que 'Rambal' no dejó de saborear el Marie Brizard, una de sus bebidas preferidas, o de cantar aquello de 'Ojo, que viene el turco', con la picardía que sólo él sabía imprimir a las canciones y que le convirtieron en un emblema de su tiempo.
Pero 'Rambal', o Alberto, como le gustaba que le llamasen sus más allegados, era mucho más que el artista, que aquel cantante que, con sus desparpajo, era capaz de llenar los bares para escuchar sus coplas, sus celebradas interpretaciones de Marifé de Triana. El cariño y el afecto de sus convecinos de Cimadevilla se lo ganaba con sus formas y con su fondo. Frases para la historia de 'Rambal' han quedado muchas en la memoria popular. De algunas, incluso, ningún notario se atrevería a autentificar su autoría, pero eso no es lo más importante. «Cuando haya matrices de plástico, implántome una», contestaba con coña, y sin perder la sonrisa, a quien le insinuaba su homosexualidad. Jugaba, como nadie, con esa ambigüedad. Pero también estaba siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitase, tanto para lavar la ropa, en el lavaderu de la actual plaza de Arturo Arias, como para cuidar los niños, sacarlos a pasear, hacer algún tipo de arreglo doméstico o, en suma, lo que fuera necesario.
Alberto siempre estaba dispuesto. «Soy tan limpiu que me va a coger el fin del mundo con la ropa en lejía», comentan que afirmó en uno de sus habituales comentarios. La figura de 'Rambal' era un foco de atracción para la cámara de Joaquín Fanjul que, en su legado, ha dejado varios testimonios gráficos del recordado personaje, fotografías en las que se ve a un 'Rambal' relajado, sonriente e, incluso, con parte de la colada con la que, como se apuntaba con anterioridad, era habitual inquilino del lavadero público.
Lavaba, tendía y planchaba para devolverla a sus dueños. Así se ganaba, en ocasiones, algunas pesetillas, como haciendo otro tipo de recados o favores a todo aquel que lo requería. Alberto nunca saludaba si antes no era saludado. Su discrección le impedía poner a nadie en un compromiso. Se sabía transgresor y conocía el coste a pagar por ello.
Nieves Valle 'La playa' recuerda que siempre andaba como un 'jaspe' y dispuesto a ayudar desde a aquella señora que llevase un pesado caldero de carbón hasta quien lo requiriera para las labores más diversas. «No se metía con nadie», rememora con cariño la vecina de Cimadevilla, que lamenta su final, a la vez que se muestra segura de que 'se tapó' el tema porque había alguna persona importante implicada. La leyenda continua. Joaquín Fanjul pone rostro al popular personaje.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.