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Carlos Alba, en el centro de I+D de Avilés. MARIETA
Carlos Alba: «En el centro de I+D+i aspiramos a que el mundo se pregunte qué pasa en Asturias»

Carlos Alba: «En el centro de I+D+i aspiramos a que el mundo se pregunte qué pasa en Asturias»

Carlos Alba. Responsable mundial de ArcelorMittal en Inteligencia Artificial ·

«La industria, si se mantiene como la hemos conocido hasta ahora, desaparece. Hay que aprovechar la que tenemos aplicándole la innovación»

Domingo, 17 de noviembre 2019, 21:14

Llega a su encuentro con este periódico prácticamente recién aterrizado de Luxemburgo y con todo un fin de semana por delante para dedicarse a su familia. Es Carlos Alba (Oviedo, 1976), uno de los tres españoles –junto a los también asturianos Nicolás de Abajo y Pedro Prendes– que forman parte del comité de dirección de I+D+i de ArcelorMittal a nivel mundial. «La primera vez en la historia que esto sucede», resalta. Hablar con este ingeniero informático por la Universidad de Oviedo, poseedor de un doctorado «híbrido» de Dirección de Proyectos e Inteligencia Artificial, es saber que el futuro ya «está pasando» y desde aquí, desde Asturias.

–¿Qué es la Inteligencia Artificial (IA) explicada a nivel de calle?

–Eso a veces me lo pregunta mi madre y sufro. Sufro para explicárselo en pocas palabras.

–¿Y qué le dice a su madre?

–Dentro de las corrientes que asumen que la IA existe, hay tres estadios. El último se espera que se pueda alcanzar en 2050 y será el momento en el que las máquinas y los algoritmos puedan tener razonamientos y pensar igual que nosotros. No voy a decir que puedan tener sentimientos, porque eso parece difícil que se llegue a cumplir, pero tendrían formas de razonar muy parecidas a las humanas.

–Las máquinas empiezan por ganar a Kasparov en ajedrez y ahora ¿en qué andan metidas?

–Uno de los programas más modernos ahora es 'Libratus', que gana a casi todos los jugadores de póquer. ¿Y que tiene de diferente? Pues que estadísticamente les detecta los faroles y eso les desquicia. Esto es un paso más allá de hacer combinaciones de jugadas, trillones de jugadas, y tener unas estrategias. El asombro que nos causa es que plantean estrategias que a nosotros nunca se nos hubiesen ocurrido.

–¿Y ustedes tienen su particular 'Libratus' para aplicarlo en el día a día de ArcelorMittal?

–Por supuesto. Os sonará lo que hicimos internamente con el sistema de trabajos de las hormigas (sistema aplicado sobre todo a la logística). Eso ha ido evolucionando, ahora tenemos más hormigueros que colaboran entre sí. Las 'hormigas', por ejemplo, nos pueden hacer propuestas para el ordenamiento de bobinas en una línea de galvanizado que el operario, con 25 años de experiencia, te dice: «eso es imposible». Lo miras con ese operario y concluye que las propuestas de la máquina respetan todo lo que está en la norma. Es decir, se puede hacer. No se nos había ocurrido en 25 años, pero resulta que aplicando la forma que nos ha dicho la máquina nos ahorramos dos euros por tonelada manejando las bobinas como dice el programa. He ahí la IA.

–Usted está claramente en el ejército de optimistas sobre la Inteligencia Artificial…

–Sí, pero no soy un 'happy', mi optimismo está razonado.

–¿El miedo que se observa en muchas capas de la sociedad con la Inteligencia Artificial tiene que ver con el desconocimiento, con la incertidumbre, con unos mensajes catastrofistas?

–Hay opiniones para todos los gustos, desde el catastrofista hasta el que augura que el mundo será feliz. Pero en el medio existe un abanico de posibilidades. En Arkansas acaban de abrir una planta siderúrgica nueva que está operada por 70 personas y produce 1,6 millones de toneladas de acero al año. Si en esa parte del mundo tú no reduces tus costes estructurales, pasas a no ser competitivo, así de claro.

–¿Ve injustificado ese miedo?

–Bueno, eso es algo que está suficientemente analizado. Ese miedo ya existía en otras revoluciones industriales. Hoy mismo en Estados Unidos solo un dos por ciento de su población trabaja en agricultura. Hace cincuenta años o cien, lo hacía el cincuenta por ciento.

«Greg Ludkovsky recorre el mundo y habla siempre de las ventajas de Avilés»

–¿El problema de esos temores no cree que tiene que ver más con el miedo a lo desconocido y a la velocidad de vértigo con la que suceden las cosas?

–Seguro. Y pongo un ejemplo. Tú ves reportajes sobre Tesla, la fábrica de coches, y no ves a nadie trabajando, todo son robots, robots y más robots. Pues bien, hace poco se dio a conocer una nueva patente de una máquina, que ojalá no salga nunca (risas), que lo que hace es montar y estampar en una sola pieza el chasis de un automóvil, compuesto hoy por más de trescientas partes de acero. Si eso le sale a Tesla, en sus fábricas no echa a nadie, echa a la calle a cientos de robots. Curioso ¿no? No se habla de despedir a trabajadores, sino a robots.

–¿Sin estas nuevas tecnologías ArcelorMittal seguiría siendo líder mundial de la siderurgia?

–Sería diferente, sin duda. Pero la apuesta ha sido muy importante. Y además tenemos mucha suerte porque esta compañía nos permite que nuestros investigadores puedan trasladarse incluso durante meses a donde esté el mejor del mundo en algo para empaparse. Y a la vez contamos con algunas personas que en determinadas tecnologías que nos afectan directamente, y lo digo sin que se me mueva un dedo, están al nivel del número uno mundial. Y que no soy yo, también te lo digo. Y ojo, eso no significa que nos confiemos.

–Aterricemos en Asturias. ¿La fuerza de los centros de I+D+i de ArcelorMittal de Avilés puede ser capaz de crear un ecosistema de empresas de alta tecnología industrial al abrigo de todo los que ustedes están consiguiendo en nuevos procesos y nuevos productos y que al final cada vez más gente en el mundo ponga la lupa sobre Asturias y se pregunte qué es lo que está pasando aquí? Ya sabemos que no puede hablar de proyectos concretos, aunque se sabe que existen.

–Coincido absolutamente con eso. Con un toque industrial, no cien por cien tecnológico, aspiramos a que cada vez más gente se pregunte qué es lo que está pasando en Avilés, en Asturias. Con avances como la IA o el 3D que se está aplicando aquí, o con el mismo Greg (Ludkovsky), que recorre el mundo y habla siempre de Avilés en sectores como el del automóvil, por ejemplo. Eso lo creemos a pies juntillas.

–¿El futuro de Asturias pasa por estas cuestiones relacionadas con la industria avanzada y con la innovación?

–Esa es parte de la estrategia. El primer 'spin-off' que creamos tuvo que ver con el 3D, pero estamos ya en otras cosas, tanto de aplicaciones de nuestras investigaciones como de polo de atracción de empresas de otros países que empiezan a venir y tienen interés en instalarse aquí. Luego podrá salir algo concreto o no, pero hay que intentarlo siempre, en todos los foros.

–¿El mensaje que debería calar en Asturias es que la industria que hemos conocido hasta ahora ya no va a volver y que la nueva debe ir de la mano de las nuevas tecnologías, nuevos procesos y productos, o sino no habrá futuro?

–Absolutamente cierto. La industria, si se mantiene como la hemos conocido hasta ahora, desaparece.

–¿Y cómo transmitimos esa idea para que cale en esa nueva Asturias que está surgiendo ya?

–Hay hechos incontestables ya. Y existe un contexto mundial que también influye en todo esto. El cambio climático, la lucha comercial China-Estados Unidos, la competencia desleal, el nuevo automóvil, todo nos influye. Pero hay cosas que están muy claras. Si mantenemos los costes estructurales que hay en muchas zonas del mundo en la industria, esta no es sostenible.

–Si se le preguntara por algunos ejemplos de hitos de investigación que han salido de sus centros de I+D+i de Asturias a nivel mundial, ¿cuáles escogería? ¿El 3D, el grafeno, procesos originales...?

–De algunas cosas no voy a poder hablar, por razones obvias. Pero por ejemplo, los centros de Avilés han creado el único equipo a nivel mundial de todo el grupo que desarrolla los algoritmos de IA y optimización matemática aplicados al negocio. No a las plantas productivas, sino a la parte comercial, que mueve millones y millones de dólares. Esos algoritmos se desarrollaron aquí por un equipo que se llama KIN, formado por treinta personas, que da servicio a las minas de Canadá, a Argentina, Kazjastán, Sudáfrica… Un equipo que se desplaza a Stanford o a donde estén los mejores, mientras que a ellos los llaman de los mayores eventos mundiales de los algoritmos. Aquí se hizo otro tema importante, como el del carril de cabeza endurecida; o el filtro híbrido para las emisiones difusas; o se creó la primera 'spin off' del grupo para el 3D y aquí está el embrión de toda la investigación en ese campo. O el big data, con el que somos capaces de solucionar problemas que con las tecnologías tradicionales no se podía. Cuestiones que antes podían tardar dos semanas, ahora las conseguimos en media hora. Los pioneros del big data están aquí y ellos son los responsables de los centros que se abren en el mundo.

–Otro tema esencial, el de la formación. ¿Qué perfiles necesitan los centros aquí en Asturias? ¿Qué mensajes lanzamos?

–En los centros de I+D+i necesitamos todo tipo de perfiles, pero no en la misma medida. Necesitamos gente con una formación más amplia, pero sin descartar otros perfiles. En la parte dura, la matemática, veo complicado que una persona con FP2 pudiera integrarse en ese mundo. En cuestiones de software en cambio, un perfil de FP2 puede hacerlo mejor que una persona con un doctorado. La verdad es que necesitamos perfiles de cualificación muy alta. Como anécdota, una de las últimas incorporaciones que tuve que hacer para optimización matemática e Inteligencia Artificial lo traje de las Islas Fidji. Y no teníamos una lista de candidatos asturianos que quisieran aspirar al puesto. También he de decir que la gente que viene de la Universidad de Oviedo está superbién formada para seguir aprendiendo en su vida profesional. De hecho, la única persona que tiene el rango y la categoría reconocida en ArcelorMittal como 'experto' en IA es un asturiano, Diego Díaz, del barrio de La Luz (Avilés) y que vive en Gijón ahora mismo.

–El lunes usted les decía a un grupo de informáticos: todo esto lo podemos hacer aquí, vivir aquí, y, eso sí, viajar mucho. ¿Ese es el resumen de su vida?

–Está pasando. El lunes después de la charla me fui al aeropuerto y llegué anoche (jueves) a casa. Gante, Luxemburgo… Este fin de semana estaré aquí, de vida familiar. Y a lo mejor el lunes me voy a Londres, no lo sé todavía. Desde el 25 de agosto hasta hoy, solo he estado en Asturias una semana entera, fue la semana pasada por la presencia aquí de Greg. Hay que salir, sí, pero puedes vivir aquí plácidamente.

«Vivo en una aldea de seis personas y ya solo en mi casa somos cuatro»

–Explíquenos cómo es eso de que vive en una aldea casi remota.

–Vivo a las afueras de Luarca. En ese núcleo vivimos seis personas y en mi casa ya somos cuatro, mi mujer y mis dos hijos. Yo en mi casa pido al ordenador que me busque redes wifi y me contesta: «No se ha detectado ninguna». No hay, parece ciencia ficción. Pero mi salida al mundo la hago con esto (el smartphone). Vivo ahí por circunstancias, porque sería injusto trasladar ahora a mi familia a otro sitio en este momento. Pero bueno, estoy a 28 minutos del aeropuerto y a 37 de los centros. Cuando yo me levanto por la mañana, y esto sí es romántico, tengo el pan colgado en la puerta que me han dejado de la panadería del pueblo y hay días que cuando salgo a coger el coche, en medio del prado de casa tengo tres corzos. Y los críos (11 y 9 años) alucinan.

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