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J. BARRIO
GIJÓN.
Lunes, 19 de noviembre 2018, 03:02
Rubén Baraja tocó la gloria con los dedos en la última victoria del Sporting lejos de El Molinón, hace siete meses en Zorrilla, después de una remontada histórica tras una dolorosísima derrota en el Tartiere. Un fogonazo de Rubén García tumbaba al Valladolid y hacía que los rojiblancos subieran como la espuma. Líderes, en ascenso directo, a falta de siete partidos para el desenlace. Lo que sucedería a continuación resultaría difícil de prever. Solo ganaría su equipo un par de partidos más, deshinchándose hasta la eliminación del 'play off'. Otra vez el Valladolid. El clímax del mejor y peor Sporting.
En la temporada actual, arrancada con un empate y dos victorias prometedoras, el equipo cayó pronto en barrena. Manifestaba siempre el mismo vicio: la dificultad para generar fútbol ofensivo, con escaso apetito en ataque, lento y previsible, amparándose en la solvencia defensiva, que terminó por perder. La derrota en Almería ya había desgastado mucho el crédito del técnico, que seguía en pie por la confianza férrea que mantenía en sus posibilidades, sin arrugarse por la presión de El Molinón, respaldado por los pesos pesados del vestuario y Torrecilla.
En el club le han descrito siempre como un profesional de principios firmes, muy trabajador y que ha contribuido a que Mareo diera un salto profesional en muchos aspectos. También valoraban los jugadores la tranquilidad que durante todo este tiempo ha procurado al vestuario, polarizando todas las críticas, sin perder nunca la compostura. Pocos entrenadores, en ese sentido, habrán aguantado tanta presión social como la que ha llevado. Pero la dinámica de resultados hacían insostenible su continuidad: una victoria en los once últimos partidos, con el equipo a dos puntos del descenso y a siete del 'play off'.
La derrota en el derbi y la forma de afrontar el partido, con un equipo que se mantuvo sin expresión en ataque y perdió su seriedad defensiva en quince minutos fatales, terminaron de sentenciarle. Los miembros del consejo y Torrecilla mantuvieron una primera reunión de emergencia en el interior del Carlos Tartiere, minutos después del partido. La confianza de los dirigentes se había estirado hasta ese momento, aunque ya existía la creencia de que José Alberto sería tarde o temprano su sustituto. El vallisoletano recibió ayer de forma oficial, en el primer tramo del día, la decisión del club durante un contacto con Torrecilla. El técnico, que tenía contrato hasta el final del curso, encajó la confirmación de su despido con profesionalidad, agradeciendo la oportunidad brindada por el club hace un año. Elegante en las formas del adiós y sin buscar justificaciones. Hoy está previsto que emita una carta de despedida.
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