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Encuentro del presidente del Principado de Asturias con la Redacción de EL COMERCIO
Pedro Díaz, sentado en una de las gradas del número 1 de Mareo, antes de la entrevista. ARNALDO GARCÍA
Sporting | Pedro Díaz: «Se está demostrando que Djukic es un buen entrenador de futuro para el Sporting»
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Sporting | Pedro Díaz: «Se está demostrando que Djukic es un buen entrenador de futuro para el Sporting»

«Me arrepiento un poco de cómo tiré la falta de Ponferrada. Tenía una idea, pero hice otra cosa. No seguí mi instinto, no volverá a suceder»

JAVIER BARRIO

gijón.

Viernes, 6 de marzo 2020, 00:20

Son las dos del mediodía y no hay ni rastro de Pedro Díaz (Siero, 1998) por Mareo. Tiene la etiqueta de despistado, pero al mismo tiempo de cumplidor. Así se explica que, a la hora prevista para su entrevista con EL COMERCIO, esté llegando a su domicilio para descansar. Y que, llevándose las manos a la cabeza al recordar el compromiso, regrese a toda pastilla a las instalaciones del Sporting. Es un futbolista diferente desde la primera respuesta. Igual que en el campo, donde ha protagonizado una verdadera revolución con solo 21 años. Ha armado tanto ruido que es difícil imaginar un once sin él.

-Tiene fama de despistado.

-Como ha podido comprobar, sí (risas). Antes creo que era más. Estaba un poco en mi mundo.

-¿Algún episodio confesable?

-Vivía en La Fresneda e iba al colegio de Las Dominicas, en Oviedo. Había nevado. Fui a desayunar en uniforme y zapatillas, y salí a jugar así con la nieve. Luego me subí al coche de mi padre. En mitad del viaje me empecé a sentir cómodo. No me di cuenta de que no me había cambiado. En mi defensa, las zapatillas se parecían mucho a los náuticos (risas). Mi padre me dijo que espabilara para otra y llegué al colegio así, muerto de vergüenza. Me senté y me puse la chaqueta por encima. Se lo dije a la tutora. Le dio un ataque de risa (risas). Me dejaron unos playeros.

-En el campo es lo contrario.

-Por la concentración. Si estoy centrado en un tema no estoy despistado. Lo de los despistes viene de estar en mi mundo. En el campo tengo un interés total en hacerlo lo mejor posible.

-¿Es muy comunicativo antes de un partido?

-Estoy muy tranquilo. Para mí es clave hablar de otros temas y no estar obsesionado desde por la mañana. Eso sí, en el autobus, en la charla, estando en el campo, ya no hablo. Se puede tomar por mala educación porque estoy en un vestuario y hay que interactuar, pero me gusta mucho ese momento. Estoy con mi música. Necesito mi concentración.

-¿Tiene una canción?

-Una de 'The Black Eyed Peas'. Cuando llegamos al campo, cuando dejamos las cosas en el vestuario y salimos a pisar el césped, siempre me pongo 'I gotta feeling' (tengo la sensación). Me pongo los cascos, visualizo un poco el partido. Me gusta pensar que va a salir bien. Una vez termina la canción ya me voy.

-¿Vio que entraba esa última falta en Ponferrada?

-Vi la falta y pensé que estaba en mis pies llevarnos un puntín. Me arrepiento un poco de lo que hice. Tenía una idea de cómo iba a tirar la falta. Al otro palo, por encima de la barrera. Si pasaba, marcaba. Pero al final hice otra cosa. Estaba con el balón parado, hablé con algún compañero de que estaba demasiado cerca... Le di demasiadas vueltas. La tiré bien colocada, pero el portero ni se movió. En una falta tan cerca, el portero no puede fallar por su palo. Pero si la meto por encima de la barrera, el portero no llega.

-¿No siguió su instinto?

-No. Me comí mucho la cabeza. De los fallos se aprende. No volverá a pasar.

-¿Por qué ese desgobierno en la segunda parte?

-Fue una fase extraña, pero es muy difícil estar siempre bien. Hay momentos malos y hay que saber lidiarlos. Creo que nos alborotamos con conducciones e individualismos. Se fue formando un poco la catástrofe. Fuimos buscando cambiar el resultado como fuera y surgieron cosas así.

-¿El fútbol que busca este Sporting es el que se vio en muchos momentos ante el Cádiz?

-Ese es el fútbol que, a mí personalmente, me hace disfrutar y que hacemos cuanto tenemos confianza. Sale lo que somos. Yo le digo que entrenando se nota la calidad, que podemos jugar rápido, raso, tocando. Hay jugadores con mucha calidad.

-Djukic comentó en su entrevista en EL COMERCIO que no veía al equipo hecho para defender, que necesitaban balón.

-Somos más ofensivos, es verdad. Tenemos jugadores bajos, pero con mucha calidad.

-¿Por qué ha conectado tanto con Djukic?

-Tengo su confianza total y disfruto de minutos. Esa es la mejor forma de transmitir confianza entrenador-jugador. Si alguien me da confianza, le devuelvo mi cien por cien. En ese sentido conecté bien con el míster. Me transmite confianza y por eso estoy tan cómodo en el campo. Hace que me abra, me suelte y saque el fútbol que llevo dentro.

-¿Y con José Alberto?

-Lo que hacía era entrenar al máximo e intentar entrar, pero para gustos colores. No entro en decisiones técnicas. Me llevo lo bueno. Hay que ser fuerte de cabeza y me vino muy bien.

-¿Por qué?

-Creo que si en mi primera temporada hubiese empezado jugando todo, llegando luego un entrenador con el que no jugara nada, lo habría llevado muy mal. Yo toqué grada, banquillo. Tuve un poco de todo. Lo que saco es positivo. Lo tengo grabado. Tengo claro que, aunque esté muy bien, no puedo bajar.

-¿Y cómo lidia uno con la frustración?

-Es difícil de llevar. Lo mejor para mí fue la familia. Había semanas de entrenar bien, pero luego no estaba en la lista. Me iba con mi familia y me evadía totalmente.

-¿En casa hablan de fútbol?

-Ahora menos y eso me encanta. Estoy todo el día rodeado de fútbol y, cuando no entreno, hay más vida. En casa soy uno más.

-¿Quién es Iñaki Artabe?

-Mi entrenador de toda la vida en La Fresneda. Lo tengo en un pedestal. Es el que me hizo dar el salto, cambiar de equipo. Me da consejos muy buenos. Cosa que me dice, cosa que guardo.

-¿Y de quién más se acuerda?

-De Rogelio (García), por ejemplo. Es el primero que se fijó en mí. Tiene un don para eso. Ni yo pensaba en llegar hasta aquí y él siempre confió en mí. Está ahí en los buenos y malos momentos. En los primeros aparece mucha gente, pero en los malos solo la de verdad. Él siempre está.

-Le digo tres perfiles de mediocentro: Xavi, Xabi Alonso y Gerrard. ¿Con quién se identifica?

-No sabría decirle. Me menciona a Xabi Alonso y veo el pase largo, que me encantaba. Xavi Hernández, otro jugadorazo. Tengo mi estilo, pero entre los tres quizá le diría Gerrard.

-¿El fútbol se convierte más en un trabajo que en una pasión cuando uno es profesional?

-Al principio no disfrutas tanto porque la adaptación es complicada. Pero una vez que estás, sin relajarte ni bajar la intensidad, empiezas a disfrutar. Es una pasada. Me gusta mucho antes del comienzo de un partido dar una vuelta de 360 grados y ver toda la gente que viene al encuentro. Es una pasada. Lo que más me gusta es que ese privilegio puedo compartirlo con mi familia.

-¿Cómo son sus padres?

-Humildes. Es lo que me transmiten y me viene ideal. A mi padre le llamamos en casa el 'ser del bosque' (sonríe). Es muy de montaña. Hizo la película de los 'Cien días de soledad'. Me encanta que sea así. Mi madre igual. Es muy especial. No tendría palabras para describirlos.

-Juegan contra Las Palmas...

-Lo que me tranquiliza es que jugamos en casa y sé que la gente va a estar ahí. Será un partido complicado, pero vamos a lucharlo. Tenemos que ganar como sea.

-Su tocayo del domingo, Pedri, tiene muy buena pinta...

-Me gusta que haya nivel en los partidos para sacar el máximo.

-¿Se puede llegar al sexto?

-Obviamente, pero empezando por ganar el domingo. La Segunda está muy igualada. Se puede llegar al sexto, pero también abajo. Hay que estar al cien por cien. El último tramo será clave.

-¿Djukic sería un buen entrenador de futuro?

-Se está demostrando que sí. Personalmente me gustaría. Con él he encontrado la constancia.

-¿Qué jugador será Gragera?

-El que quiera ser él. Dependerá de cómo lo luche. Tiene capacidad y una media muy alta en todo. Es muy bueno y diferente.

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