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IGNACIO DEL VALLE
Domingo, 22 de enero 2023, 03:09
Me recibe Maribel con toda amabilidad, la esposa de José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944), en su casa del barrio de Chamberí. Me comenta que ella pasó su infancia en Cangas del Narcea y que se siente muy asturiana, aunque naciese en Madrid. Eso que tenemos ganado. El piso es amplio, elegante, y el eurodiputado y ex ministro de Asuntos Exteriores popular responde a cada pregunta con un aluvión de datos, que nos lleva hacer casi genealogías para cada tema. Por mí, encantado de hacer las exégesis. ¿El tema? Su nuevo ensayo, 'España en su laberinto', escrito al alimón junto con Fernando Eguidazu, y publicado por Almuzara.
–Empezamos a porta gayola: ¿está agotado el régimen político surgido de la Transición? Usted cifra el año en que la cosa empezó a torcerse: 2003.
–No está agotado, pero sí corre riesgo de agotamiento. La fecha de 2003 es cuando Zapatero es elegido secretario general del PSOE, e inicia una transformación del partido, eliminando prácticamente todos los equilibrios y contrapesos que habían caracterizado la etapa anterior. Luego tenemos el pacto de Tinell, en el que el PSOE firma con Esquerra y con Iniciativa por Cataluña la aceptación de cualquier Estatuto que salga del Parlamento de Cataluña, lo que ya representa en sí mismo una negación del Estado de Derecho. Asimismo, tenemos el compromiso de las tres fuerzas signatarias de no tratar con el PP ni en Cataluña ni fuera de Cataluña, en cualquier caso, lo cual es la negación del espíritu de la Transición, que se basó en el consenso de las fuerzas parlamentarias. A partir de ahí, se produce una radicalización del PSOE, que deja de ser un partido socialdemócrata para convertirse en un partido que intenta aglutinar a aquellos colectivos en donde el 'yo' se disuelve siempre en 'nosotros', y que se han sentido discriminados en alguna materia. Eso explica su interés en acentuar la agenda LGTBI, la agenda feminista radical, con todos sus excesos, la preferencia por religiones no mayoritarias y, sobre todo, un pacto étnico, aprovechado por Sánchez con extremosidad, convirtiendo al PSOE en muleta de partidos separatistas y nacionalistas para garantizarse el Gobierno mutuamente. A partir de ahí, si lo que se intenta es cambiar el modelo de la España constitucional por otra plurinacional, con referéndums de autodeterminación vinculantes, organizados de manera confederal y con un modelo económico profundamente intervencionista y con raíces populistas, eso te fuerza a retorcer lo que es el Estado de Derecho. Tenemos un silenciamiento del Parlamento, el uso y el abuso de los decretos ley, se evitan los informes consultivos, están las negativas a comparecer en las Cortes, etcétera… Todo esto sin olvidarnos del intento de Sánchez del control absoluto del poder judicial.
–Hablemos un poco de la Transición: es muy interesante la Ley de Reforma Política de Torcuato Fernández-Miranda. Normalidad, legalidad, un camino de la ley a la ley a través de la ley y, sobre todo, olvido.
–Hay un discurso de Marcelino Camacho en el que habla sobre la antesala de la Transición: es posible cuando se llega a la reconciliación nacional, que es algo que venía de lejos. Ya se hablaba de ello en el Manifiesto de Lausanne de don Juan en 1945, y en el congreso del movimiento europeo en Munich, en 1962. Ese es el espíritu de la Transición, que se plasma en la amnistía política, en un momento muy complicado, con ETA matando y con medio Ejército sublevado. Una vez que se asegura la reconciliación, yo creo que la Ley de Reforma Política funciona porque hay tres reglas de juego: procedimiento de la ley a la ley, el consenso y la prudencia de no poner encima de la mesa cuestiones divisivas. Y el consenso es transacción. Tierno Galván ya lo dijo: no nos hicimos cesiones, sino concesiones recíprocas para conseguir un objetivo final más importante. Y, desde el punto de vista metodológico, la clave es la centralidad, igual que durante la Restauración: eso explica que el entendimiento sea posible. Es decir, partes crean en el Estado de Derecho, en la economía social de mercado, en el atlantismo, etcétera.
–¿De qué tratan los criterios de Copenhage y cuáles son los motivos de conflicto del poder judicial español respecto a dichos criterios?
–El peligro es convertir el poder judicial en un anexo, en una herramienta al servicio del poder ejecutivo. Eso ha pasado en Hungría y en Polonia. En España qué sucede: el Tribunal Constitucional es un poder que está por encima de los tres poderes constituidos: ejecutivo, legislativo y judicial. El Constitucional tiene que conseguir que se respeten los principios del Estado de Derecho, la sumisión a la Ley, la protección de las libertades individuales, y, en ese campo de juego, el Parlamento también está sometido a la ley, aunque ahora se intente decir lo contrario, pues la soberanía es nacional, no popular. Por eso se ha buscado siempre que en el Constitucional hubiese un cierto equilibrio entre las sensibilidades políticas. No obstante, el PP entiende que los jueces deben ser elegidos por los jueces, mientras el partido en el Gobierno entiende que han de ser elegidos por el Congreso y el Senado.
–La famosa invertebración española de Ortega no la inventó él: esto tiene ya largo árbol genealógico.
–En la Guerra de la Independencia misma se ve que la guerra va adelante no por una Junta Central, sino por diversos grupos que se levantan en armas contra Napoleón. El genio de Ortega es que habla de la invertebración no solo en términos territoriales, sino que habla de particularismo. Cada clase, cada individuo, cada corporación, cada territorio, etcétera.
–Cataluña: 1931, Maciá; 1934, Companys; 2017, Puigdemont… Usted dice que Cataluña se levanta no cuando está fuerte, sino cuando España está débil.
–Esa es la premisa. La primera sublevación se produce (que es cuando nace 'Els Segadors') cuando el conde-duque de Olivares llama a la unión de armas, pero es un momento de extraordinaria debilidad de España como nación. Empezamos a perder en tierra, en Rocroi, 1643, se interrumpe el comercio con las Américas, con lo cual hay una crisis de la hacienda pública, y se produce una sublevación en Andalucía y otra en Portugal. Es entonces cuando se aprovecha esa debilidad para la primera sublevación, y Cataluña queda independizada bajo protectorado francés, porque, cuando se dan cuenta de que solos no pueden funcionar, se ponen bajo protectorado de Luis XIII. ¿Cuál es la otra lección que se produce siempre con todo lo pasado en Cataluña? El proceso, antes de la República, lo empieza Prat de la Riba y Cambó, y en el momento actual es Pujol quien comienza el proceso de «fer país», construyendo país para luego buscar la fórmula que permita la independencia, una vez que tienes la masa crítica. Y, en estos momentos, el presidente de la Generalitat es de Esquerra y la alcaldesa de Valencia es de los Comunes, y la burguesía catalana ha desaparecido. Es decir, que no queda nadie que sea convergente, porque, incluso en el mundo postconvergente, la figura clave es Puigdemont, que no tiene nada que ver con lo que era la burguesía catalana.
–Usted encuentra similitudes entre el Bienio Liberal (1854-1856) y la actual situación del Gobierno PSOE-Podemos.
–Cuando se produce la Vicalvarada, y sabemos que la Vicalvarada estuvo a punto de costarle el trono a Isabel II, se salva por un entendimiento entre dos figuras absolutamente contradictorias entre sí, que son Espartero, que era digamos el peronista de la época, y O'Donnell, y eso dura dos años. Lo que sucede es que la cosmovisión de ambos es radicalmente diferente, además de las ambiciones personales. Eso termina como terminan todos los matrimonios de conveniencia, que decía Woody Allen que son los que no convienen por definición a ninguna de las partes. Y se salva porque quien coge el timón es la Unión Liberal Centrista de O'Donnell, que es el antecedente de la Unión de Centro Democrático, alejada del conservadurismo de Narváez, y de los exaltados de Espartero. Es decir, que mi tesis sobre los países es parecida a lo que dice Madariaga: los barcos no avanzan ni por babor ni por estribor, sino por la proa, que está en el centro. Cuando todo eso desaparece, se produce el caos, que se intenta arreglar con una monarquía democrática que es Amadeo, y con la Primera República, y eso termina mal. Solo se arregla cuando se vuelve al bipartidismo Cánovas-Sagasta, o sea, liberales y conservadores.
–El gran melón: reformar la Constitución. No obstante, usted distingue entre reforma constitucional y proceso constituyente.
–El proceso constituyente es hacer borrón y cuenta nueva, tabla rasa de lo que hay e iniciar un proceso que sabe dios dónde conduce. La reforma constitucional es corregir aquellos defectos que pueda tener la Constitución, pero respetando las verdades madre, y las fundamentales están en el artículo 1 y el artículo 2, un Estado social y democrático de derecho y la indisolubilidad de la nación española. Si tú respetas esas verdades madre, que es el compromiso con libertades y derechos, mantendremos un régimen liberal. Esto es: economía social de mercado, Estado de Derecho, corregir defectos de las autonomías, pero no suprimirlas, confluencia con los valores europeos, etcétera.
–Ya en 1898 se pensaba que España estaba acabada, pero aquí seguimos. ¿Cuáles son los pactos de Estado necesarios para que en 2098 también estemos aquí?
–Los pactos son lealtad institucional, que parece mentira que tengamos que decir esto; el respeto a la integridad territorial; el respeto al Estado de Derecho y la división de poderes; blindaje de las instituciones que hacen posible la separación de poderes, a fin de evitar la ocupación masiva de una institución por parte de las fuerzas políticas y la búsqueda de un equilibrio; reforma del Estado de las autonomías, ya que creo que todos estamos de acuerdo en que se hicieron de forma defectuosa y hay que corregirlo, y añadir los principios básicos de financiación autonómica, que están sin revolver desde hace mucho tiempo. Y luego hay que establecer un título entero sobre la Unión Europea. Esos son los grandes pactos a los que hay que llegar.
–¿Qué relación tiene usted con Asturias?
–Vía mi esposa, que tiene raíces en Cangas del Narcea.
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