Miguel lorenci
Miércoles, 4 de diciembre 2019, 01:24
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El aplomo de Elsa Ramos, de ocho años, emociona y reconforta. «Soy una chica transexual y durante los últimos cuatro años he vivido un camino muy importante, el de mi felicidad», dijo el lunes la pequeña a los diputados de la Asamblea de Extremadura.
Agradeció «la suerte de nacer» en su pueblo, Arroyo de San Serván, en Badajoz, donde se siente «segura, querida y respetada».
Lo hizo desde el estrado en un emotivo discurso de poco más de un minuto que se ha hecho viral y en el que pidió a los legisladores el mismo coraje y naturalidad que ella demostró.
Su cabecita apenas sobresalía del estrado, pero su voz se escuchó clara y rotunda al agradecer a sus paisanos su comprensión.
A los legisladores les reclamó valentía en una vibrante intervención. Lejos de lamentarse por las dificultades que ha afrontado, habló de la suerte que supone que sus 'compis' del colegio Nuestra Señora de la Soledad «hayan comprendido» cómo es «desde el principio».
«En el fondo, he tenido suerte de nacer en mi pueblo. Allí todo el mundo sabe que soy una chica diferente, una chica transexual, y me siento querida y respetada», agradeció.
Elsa confió a sus señorías que en su pueblo, cuatro años después, «las equivocaciones son un poco raras. Como si alguien pudiera dudar que yo soy una niña trans».
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Pero aún cree necesario recordar que tiene el derecho a ser llamada como se siente. «De todo lo que tengo que decir hoy, lo más importante es esto: señoras y señores que se dedican a la política, sigan, pese a las amenazas, haciendo leyes que reconozcan que las personas somos diversas. Por encima de todo, las personas transexuales tenemos el derecho a ser quienes somos. No permitan que nadie nos arrebate la felicidad», dijo, recogiendo sus papeles del atril y ganándose una cerrada ovación.
No era la primera vez que se hablaba en la Cámara extremeña de la situación de Elsa. Su madre, Anabel Pastor, la refirió cuando la cría contaba cuatro años.
«Mi niña no ha sufrido ningún tipo de acoso. Ojalá ella pueda vivir en un mundo sin odio», dijo entonces.
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Explica ahora que Elsa, ajena a las redes sociales, no es consciente del efecto de sus palabras. Su deseo es que «mantenga los derechos ganados en los últimos años y sirva de referente para familias que viven situaciones más complicadas que la nuestra». Todo un ejemplo de coraje y valentía, a sus escasos ochos años.
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