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Urgente Juan Luis Guerra actuará en Gijón este verano
La leyenda tenía su origen en el episodio de las hijas del Cid.
Una luz misteriosa
1898. Hace 125 años

Una luz misteriosa

El de Veneros fue un fenómeno que quizás hoy podría explicar la ciencia, pero en 1898 llegó a nuestra portada como sobrenatural

Sábado, 2 de septiembre 2023, 03:46

Cuentan que en Campo Caso no se hablaba de otra cosa en las noches de otoño, al pie del llar. Aseguraban que siempre, cuando la oscuridad teñía el cielo, en el mismo punto desde hacía siglos, brillaba, fija, una luz roja, intensa, fuerte; siempre, durante unos segundos, a la misma hora, un fenómeno tal «que por ahora aún no se explica». Así lo describía, tal día como hoy pero de hace 125 años, un tal 'Lauri' en nuestra portada.

No conocemos la identidad real que se escondía tras ese seudónimo, pero sí que para llegar desde Gijón a Veneros, donde supuestamente ocurría el tinglado, tuvo que remover aquel 'Lauri' cielo y tierra. De esta forma: en ferrocarril, primero, a Laviana; allí, después, en coche particular, «cosa así como entre la telega rusa y la jardinera española», hasta Rioseco, «y, siguiendo la orilla del Nalón, arribar al túnel que a través de una rocosa montaña abrieron las aguas de este río, en su constante labor de miles de años, para finalizar la excursión en Campo de Caso».

Allí, concretamente, desde la Casa Rectoral, se veía la misteriosa luz, hecho corroborado por el propio párroco. y, presuntamente, por no pocos vecinos. Al calor de la luz de Veneros se habían dado, según la crónica de 'Lauri', «casos de terror y hasta de locura producidos por la vista de aquella famosa aparición (...) que a veces se movía, y hasta se dividía en tres y en cuatro».

El Cid y sus hijas

Como el ser humano siempre se ufana en buscar explicación a lo que, a priori, aún no la tiene (si alguien, hoy, siguiera viendo la misteriosa luz, quizás la ciencia podría decir cómo se hubiera podido gestar, pero no), en lo de Veneros también había leyenda. En ella se hablaba del Cid; del infame conde de Carrión y de sus tristes esponsales con una de las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar, con quien había sido muy cruel rumbo a Caso, donde habrían de fijar su casa. Y decían que allí, al disponerse el de Carrión a cobrarse un derecho de pernada, milagrosamente se quemaron su castillo y sus carnes, prendiéndose por siempre (aunque ya no) su alma a la famosa luz de Veneros. Así, al menos, contó hace 125 años EL COMERCIO lo que otros habían contado.

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