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A. RANERA / A. VILLACORTA
GIJÓN.
Lunes, 16 de noviembre 2020, 01:16
La ya exsoldado Cristina V. B. -aragonesa con estrechos vínculos familiares y sentimentales con Asturias- está viviendo una larga pesadilla que comenzó en 2018, cuando fue expedientada y expulsada del Ejército, acusada de protagonizar un vídeo pornográfico colgado en una página web a cambio de dinero. Desde entonces, su vida se ha convertido en un auténtico calvario que ya hace mella en su salud y también en la de quienes la rodean. Entre ellos, su familia y, especialmente, su marido, también militar.
Cristina vive enredada en una maraña de nervios, dolor y rabia, porque sostiene que no es ella la mujer que aparece en esa grabación y que la justicia militar ha decidido no tener en cuenta las pruebas y testimonios que así lo corroboran. Entre ellos, una prueba pericial por la que pagó 3.000 euros y donde, según su versión de los hechos, se demuestra que el cuerpo que aparece en el vídeo no es el suyo.
Una versión que ha defendido contra viento y marea. Y, de hecho, cuando fue expulsada del Ejército, Cristina buscó amparo legal e interpuso una denuncia en la justicia ordinaria, pero los togados militares reclamaron de nuevo el caso y, una vez en sus manos, directamente, lo archivaron, según denuncia su portavoz.
Y lo hicieron sin ni siquiera admitir a trámite ese peritaje. Un informe que, según esta misma versión, también dejaba patente que las imágenes presentadas por la acusación habían sido manipuladas para aumentar el parecido entre la mujer del vídeo y Cristina.
Tampoco admitieron a trámite, según explica el portavoz de la afectada, las declaraciones de los testigos que aseguraban que la denuncia había sido producto de un complot. Y es que la exmilitar siempre ha mantenido que todo es fruto de la situación previa de acoso que sufría por parte de algunos de sus mandos.
Cristina se remonta, para explicar el origen de esa «persecución» que asegura estar sufriendo, a una lesión que sufrió durante unas maniobras. Fue entonces cuando pidió la baja laboral y ese fue el principio del fin, porque se negaron a concedérsela. Y, desde entonces, se ha visto envuelta en una batalla de «acoso y derribo» en la que la grabación porno fue el culmen.
Pero, pese a que la justicia militar haya archivado su caso, la rendición no entra en sus planes. Y, decidida a llegar hasta el final, solicitó audiencia con la ministra de Defensa, Margarita Robles, así como la activación del protocolo de acoso. Pero ninguna de estas dos peticiones ha prosperado, lo que acrecienta, aún más, su desaliento.
Nuevos varapalos en un ánimo ya muy tocado, pero aún con fuerzas para seguir buscando justicia. Esta vez, ante el Tribunal Supremo, donde espera que, al menos, se tengan en cuenta las declaraciones de los testigos y las pruebas que aporta.
Entre ellas, una cicatriz en su zona perianal producto de una episiotomía realizada durante el parto de uno de sus hijos que la protagonista de la grabación 'X' no tiene y que puede resultar clave para demostrar quién miente en esta historia.
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