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Supermercados. Pasada la avalancha del inicio del estado de alarma, las colas continúan por la restricción en el acceso a los locales. JOAQUÍN PAÑEDA
Coronavirus | El COVID-19 lleva a las empresas asturianas al borde del colapso

Coronavirus | El COVID-19 lleva a las empresas asturianas al borde del colapso

Después de tres semanas del estado de alarma, la destrucción de empleo se intensifica, a lo que se suman miles de ERTE y de empleados regulados

NOELIA ERAUSQUIN

GIJÓN.

Domingo, 5 de abril 2020, 02:37

La crisis del coronavirus ha supuesto un frenazo en seco para la economía regional. Un parón tan inesperado como radical que ha llevado a muchas de las empresas de la región a una situación insostenible. El director general de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), Alberto González, compara lo que está sucediendo con un tsunami «del que aún no nos damos cuenta de la dimensión», una situación «muy preocupante» que amenaza con llevarse por delante a muchas empresas, con escasa capacidad para afrontar los gastos corrientes sin ingresos.

Los últimos datos oficiales refrendan el efecto de este maremoto. El paro se disparó el pasado mes el 6,18%, que se traduce en 4.500 nuevos desempleados y el peor marzo desde hace treinta años. A la par, la afiliación a la Seguridad Social cayó en 3.500 personas, aunque la cifra se eleva por encima de las 11.500 si solo se tiene en cuenta lo sucedido a partir del 11 de marzo, cuando se declaró la pandemia. Todo esto sin tener en cuenta los ERTE. Hasta el pasado martes se habían presentado 9.200 y los ya tramitados afectan a casi 8.000 asturianos, cifras que siguen creciendo. «El problema evolucionará según las soluciones que se vayan poniendo», asegura González, que pide ser «muy selectivo» con los recursos escasos de la Administración. No obstante, aunque todos los sectores se han visto afectados, la situación en cada uno es distinta.

La industria

Nuevo golpe para un sector en crisis

La crisis sanitaria ha supuesto un duro golpe para un sector ya en retroceso como es el industrial. Antes, incluso, de que el Gobierno decretara la «hibernación» de la economía, la mayor parte de las empresas habían tenido que reducir su actividad ante la caída de la demanda y la necesidad de implantar nuevas medidas de seguridad. Algunas, como Saint Gobain o Gondán, la habían suprimido hasta después de Semana Santa. La ampliación de las restricciones el pasado fin de semana sumió a la industria en una gran incertidumbre, sin tener claro qué actividades podían seguir. Finalmente, gigantes como Arcelor o AZSA mantienen su producción, aunque en mínimos. La siderúrgica ya tiene en ERTE a unos 2.000 empleados y la cifra seguirá creciendo la próxima semana, cuando pare el horno alto 'A'. Todo con un efecto en cascada en sus auxiliares, mientras que grupos como Duro Felguera o TSK estudian también regular a sus trabajadores. Ante esta parálisis general, muchos contratos temporales no han sido renovados, lo que se plasmó en un aumento del paro en el sector del 6,3%. La nueva prórroga del estado de alarma hasta finales de abril no ofrece buenas perspectivas este mes.

Hay excepciones. DuPont y Bayer aguantan el tipo. Otras, como Ence, incluso han elevado su producción. Con el incremento de compra de papel higiénico, la planta de Navia ha visto crecer la demanda de celulosa para tisú un 20% y en la factoría se trabaja a pleno rendimiento, aunque la mitad de la plantilla lo hace desde casa. Tampoco baja la actividad EdP, con un 70% de la plantilla teletrabajando y el otro 30% acudiendo a sus puestos, principalmente, en centrales y en la operación de la red.

Sector agroalimentario

A plena actividad ante el pico de demanda

Desde el campo a los supermercados, toda la cadena de valor de este sector trabaja estos días a destajo. Es la excepción en el parón general. «Nuestra vida sigue, solo que con menos relaciones personales, pero cuidamos el ganado, le damos de comer, el forraje nos llega, los terneros van al matadero y la leche se recoge», resume la secretaria general de COAG Asturias, Mercedes Cruzado, que también pone en valor un sector pocas veces reconocido y la necesidad de mantener «la soberanía alimentaria» del país. «Llega una cosa como esta y si no tienes capacidad de alimentar a la población... nada es más prioritario», recalca. De ahí que trabajen «con más presión» estos días, al igual que el sector pesquero. Estas actividades fueron la excepción entre unos datos del paro desoladores, con una reducción del 2,11%, aunque en términos absolutos solo se traduce en 30 desempleados menos.

En las plantas de producción y transformadoras la actividad también es frenética. Como ejemplo, las factorías de Corporación Alimentaria Peñasanta (CAPSA) están a pleno rendimiento estos días para abastecer una demanda que se disparó las primeras jornadas del estado de alarma y que, en la actualidad, sigue por encima de lo normal. No obstante, el trabajo ha cambiado. Se han implantado más de 80 medidas de higiene y prevención y el esfuerzo en las plantas es importante. De ahí que la compañía haya decidido dar una gratificación extraordinaria al personal que acude cada día a su trabajo.

Supermercados

Abastecidos y con medidas de seguridad crecientes

En los supermercados, las aglomeraciones de clientes de los primeros días del estado de alarma han finalizado, aunque las colas continúan porque se restringe el acceso a un número determinado de personas. Lo que más ha cambiado en los establecimientos es la incorporación de medidas de higiene y seguridad, que van desde la instalación de mamparas para proteger al personal de caja al uso masivo de guantes o la reducción del horario.

Desde Mercadona se destaca que el consumo poco a poco recupera la normalidad, «aunque la tendencia a comprar más de lo habitual sigue», pero el abastecimiento está garantizado. En el caso de Masymas o Alimerka se han tenido que reforzar las plantillas y se han ampliado contratos de media jornada. «No es necesario hacer acopio de alimentos», insisten en los supermercados de Hijos de Luis Rodríguez, que también está pagando un plus a sus empleados.

Mientras que algunas cadenas han suprimido su servicio online, Alimerka subraya que lo mantiene, a pesar de que se ha incrementado un 300%. Pide, no obstante, que se reserve para colectivos vulnerables.

Transporte

Centrado en la alimentación y los productos sanitarios

El transporte es de los sectores indispensables, aunque eso no ha impedido que su circulación caiga un 70%, según el presidente de Asetra, Ovidio de la Roza. Todos los portes relacionados con la industria se han desplomado, más aún esta semana, mientras que los que tienen que ver con la alimentación o el sector sanitario han crecido.

Construcción

Un sector que de nuevo está en riesgo

La construcción en Asturias mantuvo durante las dos primeras semanas del estado de alarma su actividad en un porcentaje muy alto. Las empresas continuaron ejecutando obras, excepto la industria auxiliar. No obstante, el COVID-19 ya se dejó notar en el paro, con un incremento del 13%, el sector más afectado en términos porcentuales, y 789 desempleados más. La decisión del pasado fin de semana de dejar, únicamente, las actividades esenciales ha agravado la situación. La medida ha enviado a casa a unos 25.000 trabajadores (10.000 directos y 15.000 indirectos) de un sector que aún luchaba por salir de la crisis en la que se sumió a partir de 2008.

Según Joel García, presidente de la patronal CAC-Asprocon, hasta la mitad de las compañías pueden llegar a desaparecer en Asturias si no disponen de las herramientas adecuadas. «Muchas empresas lo van a pasar mal», advierte, sobre una actividad que no tiene capacidad para «soportar otra crisis».

Ante este panorama, se temen, además, posibles incumplimientos de contratos, cancelaciones o penalizaciones, por lo que reclama que desde el Gobierno se promuevan medidas de flexibilidad y también que las licencias y licitaciones estén listas para concederse con la mayor rapidez posible una vez que concluya el estado de alarma. «No podemos esperar seis meses, si no, esto va a ser una sangría», recalca García.

Hoteles y hostelería

Cerca de 12.000 establecimientos cerrados

El hotelero y hostelero es de los pocos sectores que se atreve a dar cifras, porque casi todos los negocios han tenido que cerrar, excepto algunos locales que ofrecen comida a domicilio y hoteles «de guardia». Los cálculos de José Luis Álvarez Almeida, presidente de la Asociación de Hostelería y Turismo de Asturias (Otea), hablan de cerca de 12.000 establecimientos cerrados y una cifra cercana a los 25.000 trabajadores afectados, todos los que emplea el sector, en el que también hay unos 10.000 autónomos. «Son unas semanas muy duras», reconoce, lamentando la escasez de información y el cambio constante de la situación. «Creo que de esta crisis aprenderemos algo más humano que empresarial», asegura, y destaca el comportamiento «modélico» de los trabajadores . No obstante, ve el futuro complejo. Cree que la recuperación total tardará en llegar y que, además, será difícil poder abrir de nuevo con las plantillas íntegras. «Para salvar el empleo y las empresas necesitamos medidas flexibles en esa apertura», advierte.

Comercio de proximidad

Un «gran sacrificio» para un sector debilitado

El caso del comercio también es el paradigma de un corte total en los ingresos, mientras las facturas siguen llegando. Y se da en unos negocios ya muy debilitados por la crisis y la competencia de las grandes cadenas y de la venta online. La gerente de la Unión de Comerciantes de Gijón, Carmen Moreno, destaca de estas tres semanas la disciplina de los empresarios a la hora de cerrar y su «gran sacrificio», más allá de la incertidumbre a la que están sometidos. «Las empresas estaban haciendo sus cálculos confiando en que esto terminara el día 12», señala Moreno, que ve una situación muy complicada con la nueva prórroga. De ahí que anime a «ser solidarios entre nosotros» y que, cuando la crisis pase, la ciudadanía vaya a comprar al comercio de proximidad, al del vecino con el que aplaude cada noche.

Autónomos

Sin músculo financiero y al borde del cierre

Pertenecen a distintos sectores, muchos de ellos al comercio o la hostelería, ya citados, pero los 73.000 autónomos de la región merecen su propio espacio por ser uno de los colectivos más castigados por esta crisis, sobre todo, porque son, con frecuencia, el eslabón más débil de la cadena económica y el que menor liquidez tiene para afrontar la parálisis de la economía. «Nos llaman constantemente para decirnos que no tienen dinero en el banco para pagar la cuota a la Seguridad Social o para afrontar los gastos mensuales», se lamenta Patricia Oreña, presidenta de ATA-Asturias, que advierte de que en estas semanas están sobreviviendo como pueden, pero «muchos piensan en cerrar».

Tanto es así que Oreña cree que se debería ir pensando ya en ayudas para el cese definitivo y la reorientación de los negocios. Insiste en que los aplazamientos de las cuotas de autónomos que el Gobierno permite durante seis meses no solucionan el problema de fondo. Y eso en un trimestre que acaba de comenzar y que los autónomos prevén que será negativo. En los próximos días tendrán que liquidar el IVA del primero sin pensar en abrir.

Otros sectores

Desbordados y con falta de equipos de protección

Al contrario que otros negocios, faltos de actividad, las asesorías se están viendo estos días completamente desbordadas por la necesidad de apoyo que reclaman las empresas a la hora de tramitar sus ERTE o resolver dudas. También algunas empresas relacionadas con la implantación de teletrabajo han visto dispararse su actividad.

Sin embargo, otras compañías y sus trabajadores están viviendo en primera persona los estragos de la pandemia. Son las relacionadas con los cuidados, desde las de geriatría a las de ayuda a domicilio. También funerarias o farmacias. En su caso, el mayor problema está relacionado con la carencia de equipos de protección individual (EPI). «Es crítico resolver este problema», apunta Fade.

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