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Hay rutas que, aunque sencillas, conducen a paisajes, terrenos, caminos y lugares sumamente especiales. Montañas que, aunque no destaquen por su gran altura o sus complicados tramos a salvar, están situadas en lugares clave que las engrandecen. Tal es el caso de la Peña la Portiecha, plantada en pleno corazón de la Cordillera Cantábrica, al Norte de ese gran macizo conocido como Ubiña.
Y aunque -con sus poco más de 1500 metros- la Portiecha puede parecer una elevación insignificante comparada con las altas montañas que viven a su vera, si se la mira más de cerca uno se da cuenta de que es un monte de los grandes: de esos que te llevan por caminos únicos; de esos que te ayudan a mirar muy de cerca cumbres afiladas y míticas; de los que regalan una preciosa excursión por el interior de un lugar tan especial como un Parque Natural; de los que te aúpan los suficiente para cambiar las perspectivas y ampliar la panorámica.
En definitiva: la que asciende a la Peña la Portiecha es una excursión lineal, sencilla y de media jornada, perfecta para mirar muy de cerca las dos Ubiñas, contemplar desde púlpito privilegiado el valle del Huerna y conocer, sin complicaciones de ningún tipo, un trozo de ese sistema montañoso que discurre paralelo al mar Cantábrico y que, en Asturias, aglutina muchas de sus más altas cumbres y espectaculares paisajes protegidos.
Ruta lineal a la Peña La Portiecha desde La Cruz (Lena)- Parque Natural Las Ubiñas-La Mesa
Tipo de ruta: Lineal (ida y vuelta por el mismo trayecto, con un ligero desvío en la bajada)
Dificultad: Sencilla
Distancia 8,8 kilómetros
Tiempo aproximado: 3-4 horas
Altura máxima: 1.525 metros, aproximadamente
Desnivel aproximado: 624 metros
Esta ruta para coronar la Peña la Portiecha se inicia desde un cruce que se encuentra en la carretera que sube al Puerto de la Cubilla, en un desvío que indica la dirección para llegar al pueblo lenense de La Cruz.
Se empieza a andar, pues, por carretera. Son tan sólo unos pocos metros y –una vez alcanzado el citado pueblo, punto de paso del camino francés a Compostela- se toma rumbo a las Praderas de Pandiechu, cogiendo una buena pista que asciende a mano izquierda
Este primer tramo de camino, con una pendiente moderada, no pierde nunca la traza de esta pista inicial que -sin prisa pero sin pausa- va atravesando portillas y dejando, a ambos lados de su huella, verdes praderías que desprenden aromas a musgo, brotes y tierra húmeda, de esas que se adornan de ganado y cabañas.
A medida que se avanza, comienza a aparecer en el horizonte la Peña la Portiecha, casi un jito gigante, un montículo de rocas, dibujado al final del camino en medio de un paisaje dominado por el verdor, el silencio y las preciosas vistas circundantes.
Una portilla pone fin a la pista ganadera que se sigue desde La Cruz y nos deja en las praderas altas de Pandiechu, en las que una cabaña solitaria puede servir como faro para encontrar el sendero ganadero que toca seguir desde este punto, que parte justo al lado de ella y sube, desdibujándose entre zonas de matorral bajo e inclinadas praderas, hasta los pies rocosos de la Portiecha
Todo lo que queda es seguir avanzando metros por este pequeño sendero de ganado, que juega a coger atajos y a dar elegir distintas direcciones. Se van encontrando algunos jitos, que hacen de vigías y de señales para encontrar los mejores pasos. Abajo, la zona de Pandiechu va empequeñeciéndose lentamente. En el horizonte, las grandes moles de estos territorios se recortan contra el cielo y los verdes prados, agrandando su bravura y poderío.
El acceso final a la cima aparece, repentino y claro, en medio del camino: una corta, zigzagueante y empinada canal, bastante cómoda, es el último trecho a superar para encaramarse a la Portiecha. Y una vez allí, en las alturas cumbreras, sólo distan unos metros -por terreno ya más llano y amplio- hasta coronar su punto de mayor altura, adornado con una cruz retorcida y asomado al valle del Huerna, a la carretera de Pajares y a picos como El Tapinón, Peña Rueda, el Gamoniteiru o las dos Ubiñas.
Para regresar, se desciende de nuevo hasta la base donde arrancaba la canal que antes aupó a los altos pero, una vez allí, hacemos un pequeño giro en el trayecto, continuando el cordal hasta la collada vega Fuentes.
Luego, ya en la collada, se comienza a bajar de forma mucho más directa por una marcada canal, limpia y clara, que va pegada a la Carba de Fusneo, que muestra su forma de colmillo afilado. Es un descenso entornado y veloz, pero muy cómodo de andar, que va a parar a las praderas de Pandiechu y –por ellas- a la pista inicial por la que empezó esta caminata, regresando sin pérdida hasta el pueblo de La Cruz.
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