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Josep Vicent dirigió magistralmente a la OSPA, acompañada por el guitarrista Pablo Sáinz-Villegas. LORENZANA
Sáinz-Villegas entroniza la guitarra española en el concierto de los Premios Princesa de Asturias 2021

Sáinz-Villegas entroniza la guitarra española

El recital de los Premios más aplaudido ofreció una versión del 'Concierto de Aranjuez' magistral a cargo de la OSPA y el genial guitarrista

Ramón Avello

Gijón

Viernes, 22 de octubre 2021, 05:23

Cuenta Regino Sainz de la Maza que el día anterior al estreno del 'Concierto de Aranjuez', en 1940, estaba preocupado. «¿Y si la guitarra no suena?», preguntó el guitarrista al compositor. «Tranquilo, Regino. Sonará», contestó Rodrigo.

Me acordé de esta anécdota cuando ayer escuchaba en el Auditorio Príncipe Felipe a Pablo Sáinz-Villegas, sobrevolando a la OSPA dirigida por Josep Vicent Pérez Ripoll en el XXIX Concierto de los Premios Princesa de Asturias. Concierto en homenaje y recuerdo a Joaquín Rodrigo, Príncipe de Asturias de las Artes en 1996, con la interpretación de sus obras más conocidas: La 'Fantasía para un gentilhombre' y el 'Concierto de Aranjuez'.

La guitarra de Pablo Sáinz-Villegas suena cercana y profunda. Su milagrosa pulsación aúna potencia y una rica gama de matizaciones siempre claras y audibles. Frasea el canto con un 'vibrato' expresivo y rasga las cuerdas como un flamenco. Hace cantar la guitarra con diferentes timbres, y una rica y variada oscilación interna del tiempo. Josep Vicent, el director, fue ya desde la interpretación del 'Himno nacional', un director fogoso y vibrante con la batuta, delicado y sutil cuando dirige con las manos. Juntos protagonizaron el concierto más aplaudido de los Premios Princesa de Asturias.

El distinguido caballero de la 'Fantasía para un gentilhombre', primera obra interpretada, es el guitarrista del siglo XVIII Gaspar Sanz. Compuesta por Rodrigo a petición de Andrés Segovia en 1954, las melodías proceden de Gaspar Sanz, enriquecidas y desarrolladas, a la manera de una suite. El compositor arropa los temas de con una orquestación vibrante, una armonía tonal que no rehuye las disonancias y cierta preferencia por los instrumentos de viento, destacando especialmente el fagot y la trompeta. Fantasía dialogante, con balances sonoros equilibrados entre solista y orquesta, y efectos espaciales muy curiosos como, por ejemplo, en la 'Fanfarria de la Caballería de Nápoles' que describe, por medio de las alteraciones dinámicas, un desfile que se acerca para alejarse luego.

La versión del 'Concierto de Aranjuez' fue magistral. Maravilloso el chisporroteo rítmico evocativo de una seguidilla manchega, con sugerencias de las fuentes de Aranjuez del 'Allegro'. Nostálgico y sublime el 'Adagio', con un diálogo íntimo y emotivo entre el canto del corno inglés, genialmente tocado por Juan Pedro Romero, y la guitarra.

La belleza del movimiento la alteró un móvil perturbador. Finalmente, imaginativo, variado y lleno de complicidades el último movimiento, escrito sobre la canción francesa 'Chevaliers de la Table Ronde', para terminar con una fogosa y emotiva versión del 'Asturias, patria querida'.

Buen final para una feliz entronización de la guitarra en las manos de Pablo Sáinz-Villegas.

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