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Felipe Lombó, Paula Valdés, Juan Serna, Sergio Alonso, Luis Fernández, Gemma Fernández, Javier Fernández, Ángel Manteca, Patrick McAlpine, Ignacio Gutiérrez del Río y Patricia Magadán, del grupo de Biotecnología de Nutracéuticos y Compuestos Bioactivos (BIONUC) de la Universidad de Oviedo. Alex Piña
El valor de los microorganismos

Premio Princesa de Asturias de Investigación 2023

El valor de los microorganismos

Investigadores de la Universidad de Oviedo estudian cómo la microbiota previene el cáncer de colon y patologías intestinales, en consonancia con el trabajo de los premiados

Viernes, 20 de octubre 2023, 17:19

Nuestros intestinos albergan más de 400 especies distintas de microorganismos. Esa microbiota ha demostrado ser una pieza clave en el desarrollo, la prevención y el mantenimiento de nuestro sistema inmunológico y las terapias con microbiota, una vía para atajar enfermedades como la colitis pseudomembranosa (un proceso inflamatorio del colon asociado a una infección bacteriana difícil de tratar) y combatir otras patologías como la obesidad o la malnutrición infantil. Son los campos en los que se han centrado los trabajos de uno de los tres distinguidos con el Premio Princesa de Investigación Científica y Técnica de este año, el estadounidense Jeffrey Gordon.

Desde 2015, el de la microbiota es también el objeto de estudio del grupo de investigación Biotecnología de Nutracéuticos y Compuestos Bioactivos (BIONUC) de la Universidad de Oviedo, que lidera el profesor Felipe Lombó. Integrado en el Instituto Universitario de Oncología del Principado (IUOPA) y el Instituto de Investigación Sanitaria de Asturias (ISPA), trabaja en la prevención de enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis ulcerosa y del cáncer de colon, el tipo de tumor más frecuente en Europa. Más recientemente también ha puesto en marcha investigaciones sobre la prevención del síndrome metabólico, un grupo de afecciones entre las que se encuentran la diabetes tipo II, la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial o la obesidad.

Con la Facultad de Medicina como base de operaciones, en sus laboratorios han logrado determinar cómo nuestra dieta, la ingesta de determinados alimentos 'funcionales', provoca cambios en nuestra microbiota que resultan tremendamente beneficiosos para nuestra salud. Porque de los miles de millones de células bacterianas que se encuentran en nuestro intestino hay muchas que pertenecen a especies con una actividad biológica beneficiosa para nuestro organismo. Se las llama 'probióticos'.

Estas células, alimentadas con unas moléculas denominadas nutracéuticos o prebióticos, modifican la microbiota intestinal generando compuestos que, se ha visto en modelos animales, «reducen hasta un 52% los tumores de colon y en un 100% los síntomas y efectos de la colitis ulcerosa».

Así que la clave está en esos nutracéuticos, de los que existen cinco grandes familias: los lípidos funcionales, los polisacáridos funcionales (o fibras prebióticas), los polifenoles, los organosulfurados y los terpenoides. «Casi todos son de origen vegetal y nos llegan por la dieta». Están presentes en alimentos tan cotidianos como el ajo, la cebolla, el puerro, el plátano, los frutos rojos o el pescado azul, por mencionar solo algunos.

A lo largo de estos años, los investigadores del grupo BIONUC –lo integran cinco profesores, tres investigadores postdoctorales y siete predoctorales– han visto cómo los cambios en la microbiota intestinal consiguen reducir el número de tumores de colon y que estos sean menos agresivos. Es el poder que tienen, por ejemplo, algunos polisacáridos de los que se alimentan las bacterias probióticas de nuestra microbiota intestinal, generando ácidos grasos de cadena corta. La presencia de esos ácidos en el tracto intestinal provoca que «las células tumorales se suiciden al principio de la tumoración», con lo que nunca llega a haber un carcinoma avanzado, ni éste puede derivar en metástasis, en esos modelos animales.

Dentro de los polifenoles, algunas moléculas de la familia de los flavonoides –que llegan a nuestro organismo cuando comemos determinadas frutas y verduras– «previenen totalmente la colitis ulcerosa inducida por medios químicos», según un estudio en animales aún pendiente de publicación. Tal es su interés que tienen en marcha factorías bacterianas con las que replican en laboratorio el proceso vegetal de producción de unos pocos tipos de flavonoides. «Cultivando una sola bacteria, en pocas semanas consigues una molécula determinada que, de otro modo, deberías purificar a partir de una plantación del vegetal correspondiente durante meses de crecimiento en el campo».

Las nuevas líneas de investigación centradas en la prevención de las enfermedades del síndrome metabólico se basan en los nutracéuticos denominados organosulfurados por su gran capacidad antibacteriana, fungicida y antiinflamatoria.

Son investigaciones que siguen la senda abierta por Jeffrey Gordon, pionero en los trabajos de descripción de la microbiota que suma más de 800 publicaciones.

De la importancia de las trayectorias profesionales de Peter Greenberg y Bonnie Bassler da cuenta la también bióloga, catedrática de Microbiología de la Universidad de Oviedo y miembro electo de la Academia Asturiana de Ciencia e Ingeniería (AACI) Rosario Rodicio. Durante mucho tiempo se pensó que las bacterias actuaban de manera individual, pero no es así. «Se comunican entre ellas con el objetivo de colaborar. De esta forma consiguen llevar a cabo procesos que, de forma individual, no tendrían éxito».

Es lo que Peter Greenberg bautizó con el nombre de 'quorum sensing' o 'percepción de quorum'. Es así, mediante esa cooperación, como las bacterias consiguen llevar a cabo procesos como la bioluminiscencia (emitir luz), la formación de biopelículas o la patogenicidad, estando implicadas en numerosas enfermedades.

Haber descubierto la base genética y bioquímica de esa comunicación y colaboración –incluso entre bacterias de distinta especie– abre la puerta a «desarrollar nuevos agentes terapéuticos que impidan el proceso del 'quorum sensing'».

Es algo fundamental, ya que «la resistencia a los antibióticos es unos de los principales problemas que se encuentra la medicina actual». Y una de las alternativas a esa resistencia bacteriana –en la que Rosario Rodicio centró su investigación durante los últimos veinte años– «puede ser el bloqueo del 'quorum sensing'».

Jeffrey Gordon, pionero en el estudio del microbioma y su impacto en la salud

Jeffrey Gordon (Nueva Orleans, 1947), biólogo y médico, fundador y director del Centro de Ciencias del Genoma y Biología de Sistemas de la Universidad de Washington, en San Luis, es pionero en el estudio del microbioma humano y su influencia en la salud. Esas decenas de billones de microorganismos que habitan nuestro intestino «no son nuestros enemigos. Nosotros los vemos como amigos, como compañeros», defiende. Ha estudiado el papel del microbioma en el desarrollo de enfermedades como la obesidad y la diabetes y planteado un nuevo enfoque en el tratamiento de la malnutrición en niños, que depende no solo de la dieta sino también de la adquisición de un microbioma sano. De ahí que proponga trasplantes de microbiota para mejorar el estatus nutricional de las poblaciones. Una bacteria intestinal aislada en 2009 fue bautizada en su honor: Parabacteroides gordonii.

Bonnie L. Bassler, descubridora del «esperanto» de las lenguas bacterianas

La bioquímica Bonnie L. Bassler (Chicago, 1962) es, junto con Peter Greenberg, pionera en el estudio de la comunicación entre bacterias mediante la emisión de ciertas sustancias y de cómo la formación de grandes grupos genera un comportamiento diferente al que tienen cuando están aisladas. A partir de 1990, Bassler estudió este fenómeno en la bacteria Vibrio harveyi y desentrañó los mecanismos moleculares del 'quorum sensing'. Ayudó a comprender que cada especie bacteriana tiene una molécula propia (un idioma) que secretan y que reconocen solo las de su especie, de manera que saben cuándo hay otras alrededor y tienden a formar una comunidad (el quorum). También descubrió que las bacterias pueden emitir y recibir otras sustancias para comunicarse entre diferentes especies y que existe una sustancia universal, «el esperanto de las lenguas bacterianas».

E. Peter Greenberg, entendió cómo las bacterias se comunican y cooperan

E. Peter Greenberg (Nueva York, 1948), catedrático de Microbiología de la Universidad de Washington, fue quien acuñó en 1994 el término 'quorum sensing' para referirse al mecanismo de las bacterias para comunicarse y cooperar como organismos multicelulares. En los 80, había descubierto que la bacteria bioluminiscente Vibrio fischeri solo producía luz cuando formaba grandes grupos y que sus miembros se coordinaban mediante una señal química. La comunicación bacteriana es importante como parte de la microbiota y por su papel en las infecciones, en las que hay una etapa de baja actividad hasta que se forma un grupo numeroso y entonces realizan un ataque masivo al organismo. A partir de ahí, se están desarrollando moléculas antagonistas como una posible vía antimicrobiana para bacterias resistentes a los antibióticos. Su eficacia ya se ha demostrada en laboratorio.

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