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Con una puesta en escena al más puro estilo americano, el Salman Khan disertó sobre la evolución de los métodos de enseñanza ante un repleto salón de actos del Colegio Corazón de María (Codema) de Gijón. Quien tuviera como referentes las populares conversaciones 'Ted Talks' o la ensoñiación de asistir a un macroevento tecnológico, lo de ayer venía a ser un aspirante a pequeña escala y con un público que, en vez de estar cacharreando con sus teléfonos móviles, escuchaban sin pestañar las explicaciones del matemático. Quizá por cuestión generacional ya que entre los asistentes había bastantes más padres que jóvenes. Mar Castiñieria era una de ellas. Sentada en segunda fila, que para algo había llegado con tiempo, fue con su hija, Aneta, estudiante de cuarto de primaria. «Se le dan regular las matemáticas y dicen que este método es muy bueno y, además, de acceso libre», cuenta. También autoridades, como la alcaldesa de Gijón, Ana González, y el concejal de Eduación y Cultura, Alberto Ferrao. Y, por supuesto, el director del centro, Simón Cortina.
«Estamos gozando de una oportunidad única, la forma de sacar provecho y llegar a todo el mundo son las herramientas tecnológicas, éstas deberían de ser un derecho humano más», subraya el protagonista de la charla haciendo honor al galardón con el que ha sido distinguido, Premio Princesa de Asturias de Cooperación Interacional. Porque, por más que repita las cifras, siguen pareciendo dignas de una proeza al leerlas en una de las diapositivas sobre las que apoya su charla: 80 millones de usuarios, 20 millones de los cuales acceden mensualmente, 210 mil profesores utilizando este sistema todos los meses y a punto de alcanzar una traducción en 40 idiomas. Todo esto en lo que va de década porque, aunque el proyecto se gestó en un reducido ámbito familiar en el año 2004, no daría el salto definitivo hasta que Google y Bill Gates, entre otros, contribuyeron a su financiación en 2010. «Hace años no era posible humanizar la experiencia del aprendizaje pero con las nuevas tecnologías se dió el salto», explica Khan quien recuerda que «en un modelo académico tradicional a los alumnos se les agrupa según su edad y a un ritmo fijo donde un profesor explica, pone deberes y exámenes sin importar las lagunas que quedan por el camino, solo importa obtener una nota».
Con la apertura del turno de preguntas, la primera duda no tardó en llegar: «Llegados a este punto, ¿cuáles son los proyectos de futuros?». Y escuchando a Salman Khan se llega a la conclusión de que tanto orgullo desprende evaluando el camino recorrido como modestia en lo que queda por hacer: «Ahora son cien millones de alumnos recurrentes pero queremos que sean mil o tres mil millones los que nos usen de forma regular y que avancen más rápido». Pero sus objetivos también apuntan a las instituciones puesto que, según avanza, se están cerrando acuerdos con ministerios de educación «para que esta pedagogía se pueda usar formalmente en las escuelas además de ampliar la oferta de contenidos a las ciencias sociales, artes, etc.». Tampoco es ajeno al desarrollo de la inteligencia artificial aunque reconoce que su experiencia hasta el momento, no es grata. «La conexión humana nunca podrá ser sustituida por una maquina pero se puede avanzar en ella», confía. A nivel personal es menos ambicioso o, simplemente, sus prioridades van por otra parte: «Con tener vacaciones, una casa, poder cenar fuera ocasionalmente y salud en la familia... ¡qué más podemos pedir!».
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