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JUAN CARLOS ABAD
Domingo, 22 de noviembre 2020, 00:45
La línea de TUA Tudela Veguín-San Andrés nunca se vio en otra igual. Coches, ciclistas, cazadores y paseantes anteceden al convoy que tiene su cabecera justo al inicio de la ruta hacia las cascadas de Guanga, en la localidad trubieca. Al medio de día de un sábado como el de ayer, con el muncipio confinado y un sol de otoño radiante, echarse la mochila a la espalda y conocer los confines del concejo es casi la única alternativa de ocio al aire libre. El Naranco está a rebosar, San Pedro de Nora parece el aparcamiento de La Escandalera un lunes a las nueve de la mañana y, volviendo a las cascadas, «aquí hay más de doscientas personas haciendo la ruta ahora mismo, como la calle Uría en hora punta», explica Alberto Valdés, vecino de San Andrés, que asiste atónito al desfile de excursionistas que ocupan el exiguo aparcamiento sin mirar mucho las cancelas de las fincas de los vecinos.
El pasado fin de semana, de hecho, en un comunicado conjunto, la FAVO y la Federación de Asociaciones de Trubia denunciaron la masificación de 'turistas' de ciudad. Ambas asociaciones solicitaron «responsabilidad» a los ovetenses en cuanto a las mínimas normas del excursionismo. Aquello de llevarse la basura consigo y, en situación de pandemia como la actual, usar la mascarilla. Un mínimo, vaya.
En cuanto a lo exiguo de las infraestructuras, los vecinos denunciaron que «a veces tenemos que saltar por encima de los vehículos para acceder a nuestras casas y fincas. Que no contemos con zona azul, no es una invitación a aparcar en cualquier sitio, colapsando nuestras pequeñas carreteras y complicando la vida a vuestros convecinos rurales». No es broma. En San Andrés, el pasado sábado, un camión que transportaba cabezas de ganado hasta un prao tuvo que esperar dos horas en la carretera que sube hasta la Cruz de Linares a que el dueño del vehículo completara la ruta de las cascadas y lo retirara. «Esos pequeños problemas se dan», afirma Adolfo Menéndez mientas atiende su espléndida huerta. «Pero son los menos», quita hierro al asunto viéndo el fenómeno con buenos ojos: «Que vengan cuantos quieran, esto da vida a la zona rural ahora que se despuebla, por mí no hay ningún problema», sostiene.
Familias, parejas, pelotones de hasta seis afortunados ciclistas con ficha federativa con plácet para salir del concejo y una retahíla de coches con cazadores se amontonan en la caleya. «El pasado fin de semana fuimos al Naranco y estaba abarrotado y hoy venimos por primera vez a las cascadas para conocerlas», explica Eva Álvarez, estudiante de Periodismo que, junto con sus amigos, evidencia que los jóvenes han visto cortada su rutina. «No sabíamos que vendría tanta gente aquí también», se sorprende.
En Las Caldas y Fuso de La Reina, la senda verde es un hervidero de mallas rechiflantes y bastones para caminar.
A la vera del Nalón Eduardo Nuñez empuña un cachopo entre panes. Hora de avituallar. «Con todo cerrado, poco más se puede hacer», agrega.
Los vecinos de la zona rural, «encantados» con los visitantes urbanos, piden respeto, nada más. «Esperamos que cuando vuelva la normalidad, las visitas continúen».
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