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ALBERTO ARCE
OVIEDO.
Miércoles, 21 de abril 2021, 15:27
«Ya estamos vacunadas y ya podemos salir a la calle, pasear por Oviedo es un poco raro todavía, pero lo echaba de menos». Eso, y la zarzuela, confesó ayer a las puertas del Teatro Campoamos Margarita Fernández, de 84 años y usuaria de una residencia para la tercera edad de la ciudad. Su sonrisa la delataba, estaba a punto de recibir, junto a otro medio centenar de mayores, «el premio más grande que se puede tener después de un año sin salir»: volver al teatro y solo para ellos.
Cincuenta usuarios de las residencias Santa Teresa, Naranco, El Cristo y los Apartamentos Covadonga asistieron ayer a los ensayos del doble programa de zarzuela formado por las obras 'Agua, azucarillos y aguardiente', de Federico Chueca, y 'La Revoltosa ´69', de Ruperto Chapí, enmarcadas dentro del XXVIII Festival de Teatro Lírico Español organizado por la Fundación Municipal de Cultura (FMC). Una velada exclusiva para ellos después de un año confinados y con miedo a la covid-19. La actividad fue programada por la Concejalía de Cultura para «rendir un pequeño homenaje» a los más mayores y vulnerables, un «regalo» para todos ellos, aclaró ayer el edil del ramo, José Luis Costillas.
Lo hizo, mientras Esperanza Fernández, también de 84 años, se sentaba en su butaca con cuidado y guardando la distancia de seguridad. «Estamos encantadas», «en mi caso», reconoció, «la primera vez que salí a la calle después de todo esto que está pasando fue el sábado para dar un paseo, pero esto es otra cosa», bromeó junto a su compañera Margarita. A su lado, la gerente del ERA, Ana María Suárez Guerra, añadió que lo de ayer supuso «empezar el camino de la nueva normalidad y del ocio ahora que hemos conseguido un alto porcentaje de inmunización en las residencias», celebró.
Con todo, y a pesar de este pequeño respiro para los mayores, la pandemia continúa presente, la guardia alta y las restricciones para frenar la expansión del virus, vigentes. «Solía venir a la zarzuela siempre que la economía me lo permitía», recordó otro de los residentes, Miguel González, antes de entrar al Teatro Campoamor. «Lo que todavía no he podido hacer», lamentó, «ha sido ver a mi biznieto, que está en Zaragoza; tengo unas ganas de abrazarlo inmensas», aseguró el hombre. Una espina clavada. De momento.
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