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ALBERTO ARCE
OVIEDO.
Martes, 18 de septiembre 2018, 02:27
Los chiringuitos mateínos son ya una seña de la verdadera identidad de las festividades de San Mateo. Fue en 1983 cuando, por iniciativa del entonces alcalde de la ciudad, Antonio Masip, y de la exconcejala de Cultura y expresidenta de la junta directiva de la Sociedad Ovetense de Festejos Covadonga Bertrand, se inauguró una de las tradiciones incuestionable del septiembre ovetense.
«El 20 de junio de 1983 fueron las elecciones, el 6 de julio fui elegida presidenta de la SOF y en septiembre ya habíamos construido las primeras fiestas populares de Oviedo, que se idearon para el disfrute de todos los ovetenses y no solo de unos pocos. Un trabajo muy duro y continuo por y para la ciudad», comentó la también escritora e historiadora en declaraciones a este diario. «Fue toda una revolución social y democrática para los ciudadanos, para el Ayuntamiento y para la ciudad en sí misma», añadió el que fue líder del equipo de gobierno durante dos legislaturas seguidas.
«Llevar la música a la calle, peatonalizar el casco histórico y poner al cargo de chiringuitos urbanos a miembros de asociaciones vecinales (que con las ganancias obtenidas podían sufragar sus respectivas fiestas en los barrios) era algo novedosísimo», afirmó Bertrand. Masip, por su parte, señaló la «posición de negación al modelo presentado», en la que se encontraban los partidos políticos de la oposición. No obstante, a día de hoy, «está claro que hemos triunfado, y la única prueba que se necesita para afirmarlo es que la propuesta sigue siendo muy parecida casi cuarenta años después», concluyó.
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En ese primera puesta de largo para los chiringuitos, fueron diez las asociaciones vecinales que se presentaron y que obtuvieron un hueco en algún lugar del barrio antiguo. Actualmente, once de ellos -de los que se fueron creando entre 1983 y 1991- aún se mantienen casi intactos.
Por aquel entonces, y con un presupuesto de veinte millones de pesetas proveniente de la inversión privada, el equipo de la SOF «hacía todo el trabajo y se encargaba de la gestión del dinero recaudado de entidades particulares. Todo eso se ha ido perdiendo, y es una verdadera lástima que una organización como la Sociedad Ovetense de Festejos esté en el estado en el que se encuentra actualmente», explicó Bertrand.
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