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130 años de historia del Teatro Campoamor
1892-2022 TEATRO CAMPOAMOR (OVIEDO)

130 años de historia del Teatro Campoamor

Nació hace 130 años como sucesor de un corral de comedias centenario por partida doble. Desde entonces, el Campoamor no ha hecho otra cosa más que reinventarse. Que no es poco

Sábado, 17 de septiembre 2022, 13:10

'Panem et circenses'. No cabe duda de que la locución de Juvenal fue creada con tono peyorativo, pero el que históricamente los próceres se preocupasen primero de mantener al pueblo alimentado y después de entretenerlo no le ha venido tampoco nada mal ni a nuestro patrimonio, ni a nuestro innegable derecho al solaz. El Teatro Campoamor, nuestro querido Teatro Campoamor, es muestra de ello. Porque si el moscón José Longoria Carbajal, eterno regidor de Oviedo en las postrimerías del siglo XIX, no hubiera pensado nunca en proporcionar espectáculos a su pueblo, quizás estos se hubieran venido abajo como, allá por 1876, estaba a punto de hacerlo también el Corral de Comedias del Fontán, «destartalado y frío teatro» (así lo definió Fermín Canella, maestro de cronistas); local ya decrépito con más de 200 años a sus espaldas por aquel entonces. No se cayó el Corral del Fontán, pero casi, y ante la inminencia de la pérdida comenzó a pensarse en que ninguna ciudad podía presumir ni de muy noble, ni de leal, ni de benemérita si no tenía un teatro en condiciones. Fue así como comenzó a pensarse en el Campoamor. A soñar con él. A lo grande.

Adriana de Lecouvreur (2022). Interpretado por la soprano Ermonela Jaho

Tanto, que hasta generó sus ciertas inquinas localistas. Aprobada ya la licitación para la construcción del coliseo para José López Sallaberry y Siro Borrajo Montenegro, los únicos que presentaron un proyecto a tal fin, allá por 1882, y con el teatro a punto de caramelo, EL COMERCIO, por entonces ceñido exclusivamente a lo local en Gijón, anunció que «la Sociedad Campos Elíseos piensa igualar el número de localidades del circo teatro Obdulia con el que tenga el teatro Campoamor, en Oviedo». La noticia, la primera que hace referencia en nuestro periódico al nombre que propusiera para él Leopoldo Alas 'Clarín', es de 1891. Se levantaban ya, sobre el solar del antiguo huerto del convento de Santa Clara, los recios muros del primer Campoamor, esos que solo la pura Historia pudo tirar.

La inauguración, sin Campoamor

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Mucho antes de que naciera el Campoamor, la distribución de las funciones de tramoyistas, porteros, guardarropas, acomodadores, conserjes y empresarios quedó bien definida, y negro sobre blanco, en un reglamento interno aprobado por el Ayuntamiento en dos ocasiones: 1879, antes de iniciarse la construcción, y 1884, poniéndose ya los cimientos del coliseo. También por el Consistorio pasaría la elección del nombre, en 1890. Y solo se inauguró un par de años más tarde, hace ahora 130, un 17 de septiembre de 1892. Eso sí, sin el principal homenajeado. Ramón de Campoamor, viudo reciente, ausente en Madrid y con los achaques propios de su edad, no asistió a la ópera inaugural, que fue 'Los Hugonotes' de Meyerbeer. Cuentan que, a modo de disculpa, remitió mil pesetas para que el Ayuntamiento las gastase en obras caritativas. Ni tan mal.

1876

Ante el estado de decrepitud del viejo Corral de Comedias del Fontán, el Ayuntamiento Ovetense comienza a pensar en levantar un nuevo teatro. El primer reglamento interno fue aprobado en 1879, antes de su construcción

1882

La construcción es asignada al único proyecto que se presenta a la licitación: el de José López Sallaberry y Siro Borrajo Montenegro

Así nació el Campoamor. Monumental y polémico. No tanto –lo segundo– en su ejecución, sino en sus obras, que no siempre fueron tan elevadas como lo de Meyerbeer, ni falta que hace. Que recuerde la prensa, el primer gran escándalo, mucho mayor que aquel que se montó en 2018 a cuento de la inclusión del asturiano en las locuciones de advertencia previas al espectáculo, ocurrió en mayo de 1893, en una actuación del mentalista e hipnotizador Onotroff. «En la función cantáronse coplas inmorales», claro que todas ellas, al parecer, lo fueron en boca de los hipnotizados por el mentalista. «El público, indignado, pidió el castigo y la prisión de Onotroff». Ni en una ni en otra ocasión llegó la sangre al río.

Silencio y escombro

Pero sí en 1934. Ya se sabe lo que ocurrió ese año, allá por el mes de octubre: que llegó la Revolución. Y fue la proximidad del coliseo al convento de Santa Clara, no en vano sus cimientos se levantaban sobre el desaparecido huerto de las monjas, lo que decidió la infausta suerte del Campoamor. Resultó que casi a la par que a la inauguración del teatro se decidió que el viejo convento se dedicaría a cuartel. En 1934 era el de la Guardia de Asalto. Temerosas de que los revolucionarios lo asaltasen, las autoridades gubernamentales del bienio conservador de la República prendieron fuego al teatro. De él solo quedó, ennegrecida por el fuego y ruinosa, pero desafiantemente digna, la fachada. La reconstrucción se proyectaba ya en 1935, y, en abril de 1936, el alcalde ovetense Lorenzo López Mulero, socialista, llamaba a abreviar la confección de planos para tal fin «sobre todo en lo que se refiere a la reconstrucción del Teatro Campoamor, y de este, aunque no sea más que lo referente al desescombro de las ruinas del coliseo con el objeto de poder dar ocupación a un buen número de parados».

1890

Por iniciativa de Leopoldo Alas 'Clarín' se acuerda dar al teatro el nombre del poeta naviego Ramón de Campoamor (1817-1901)

1892

El 17 de septiembre se inaugura el Teatro Campoamor. La obra elegida para la ocasión es 'Los Hugonotes' de Meyerbeer

Tres meses después de ese apremio llegó el golpe de Estado y, con él, el estallido de la guerra civil. De nuevo en su historia, como ocurriera en el 'intermezzo' de 1879 a 1891, al Campoamor no le quedó otra más que la de dormir el sueño de los justos, a la espera de otros tiempos. Y acabaron por llegar. Si no mejores, al menos sí diferentes. En 1941, cuatro años después del fin de la contienda en Asturias, arrancaron por fin las obras de reconstrucción. Siete años después, el 18 de septiembre de 1948, el corazón del Teatro Campoamor volvió a latir.

Ballet del Kremlin

Como decíamos ayer…

Fue aquella la más grandiosa inauguración de las fiestas de San Mateo que se recuerde. Volvió el Campoamor al compás de la ópera 'Manon', de Massenet, con la presencia en palco de la ovetense Carmen Polo, esposa del dictador, y como si nada hubiera pasado en aquellos casi 14 largos años de silencio y escombro. «Parecía que se desprendían los astros sobre la arboleda», dijo EL COMERCIO de aquel San Mateo en el que también el Campo San Francisco se vistió de gala y de color por medio de la iluminación polícroma sobre los árboles. Ora porque el foco se puso sobre los pueblos afectos a la ayuda de Regiones Devastadas, ora porque los ovetenses conocían bien que los causantes de la destrucción del Campoamor habían sido las fuerzas gubernamentales mandadas por los políticos ahora adheridos al régimen, la narración sobre la reconstrucción del coliseo no sufrió en exceso la deformidad propagandística. Se limitó a ser. Lo de 1948 fue una suerte de 'dicebamus hesterna die' en la que lo que más importó fue el sentir del público. Desde entonces hasta ahora, así ha sido.

1934

En octubre, ante el temor de que los revolucionarios ataquen el cuartel de la Guardia de Asalto sito en el antiguo convento de Santa Clara, las autoridades gubernamentales incendian el teatro. De él solo queda la fachada

1941

Seis años después de los primeros proyectos de reconstrucción y con una guerra civil entre medias, se inicia, por fin, la reconstrucción del Teatro Campoamor

1948

A la reinauguración del coliseo, con la que se arranca la Semana de San Mateo el 18 de septiembre, asiste Carmen Polo. La nueva vida del teatro se abre con 'Manon', de Massenet

El Campoamor es el escenario por excelencia de la zarzuela y de la ópera en Asturias, pero también de los grandes eventos de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO). Desde 1981, sede de los premios ayer Príncipe y hoy Princesa de Asturias. Patrimonio de todos los asturianos, como un día lo soñara 'Clarín', cumple ahora 130 años que aparentan mejor futuro que el que tuvo su antecesor, el Corral de Comedias del Fontán. Ahí está la cuestión: no siempre son malos, ni tan innecesarios como creyó Juvenal, el pan y el circo.

Alicia Varela

El gran Teatro de Oviedo

ALFREDO CANTELI Alcalde de Oviedo

Cuando uno piensa en la palabra teatro, nuestro subconsciente viaja, irremediablemente, a los grandes coliseos europeos y enseguida se imagina el glamour del Palacio Garnier de París o el lujo de la Scala de Milán. En Oviedo, sin embargo, no nos hace falta irnos tan lejos para disfrutar de la grandiosidad de un teatro que nada tiene que envidiar al mejor de sus homólogos, pues nuestro Teatro Campoamor atesora historia y belleza de sobra para estar a la altura de los más grandes. Puede que sea más pequeño, sí, pero su señorial patio de butacas, de acústica impecable, flanqueado por elegantes palcos y coronado por una espectacular lámpara de estilo isabelino de bronce y cristal, es absolutamente inolvidable.

Pese a ello, a veces tengo la sensación de que, en Oviedo, no somos del todo conscientes de la enorme suerte que tenemos de contar con este asombroso espacio y, por eso, no se me ocurre mejor momento que ahora, cuando están a punto de cumplirse sus 130 años de vida, para destacar la importancia del Teatro Campoamor.

Es cierto que cautiva por dentro y por fuera, pero he de confesar que lo que más me gusta es su esencia y todo lo que representa su existencia. Y no lo digo solo como alcalde de Oviedo, sino también como un ovetense más que ha crecido bajo la luz de ese faro cultural que siempre ha sido el Teatro Campoamor en nuestra ciudad.

La propia evolución de nuestro teatro y todo lo que en él ha acontecido en sus 130 años de historia, reflejan, como ningún otro monumento de Oviedo lo hace, el espíritu inspirador y el carácter de los carbayones: fuerte como aquel roble que tan cerca del Campoamor se encontraba; moderno y abierto, pero tradicional al mismo tiempo; defensor de la cultura y del arte; y, sobre todo, luchador.

Porque el Teatro Campoamor es un superviviente y su capacidad de reinvención es, como la de los ovetenses, digna de admiración.

Su construcción, a finales del siglo XIX, respondió, de hecho, a esa necesidad de adaptación y de crecimiento que se había instalado en Oviedo al comprobar que el antiguo Corral de Comedias del Fontán se había quedado pequeño; y coincidió, asimismo, con una época de avance que trajo a nuestra ciudad, por ejemplo, el teléfono y el primer alumbrado eléctrico.

Los encargados del proyecto fueron Siro Borrajo Montenegro y José López Sallaberry, que diseñaron un bello teatro inspirado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el más moderno del momento.

Finalmente fue inaugurado el 17 de septiembre de 1892 bajo el nombre de Teatro Campoamor; denominación propuesta por Leopoldo Alas 'Clarín', en honor del poeta naviego Ramón de Campoamor. 'Clarín' era por entonces concejal del Ayuntamiento de Oviedo, lo que teniendo en cuenta la dimensión que posteriormente alcanzó el escritor, nos ofrece una idea del calado cultural que siempre ha tenido nuestro teatro, ya desde su nacimiento.

La ópera con la que se inauguró, 'Los Hugonotes' de Giacomo Meyerbeer, también fue un presagio del carácter indómito que aún hoy acompaña al Teatro Campoamor, pues la obra, sin ser de las más conocidas para el gran público, es muy compleja técnicamente y fue la elegida para inaugurar otros grandes teatros europeos, como el Real de Covent Garden, en Londres.

El tiempo más oscuro del Teatro Campoamor aconteció en 1934, cuando fue incendiado durante la Revolución de Octubre, quedando su interior reducido a un amasijo de hierros. Su reconstrucción fue difícil, pero resurgió de sus cenizas.

Desde entonces, ha ido adaptándose a las nuevas necesidades y al imperdonable paso del tiempo, hasta convertirse en lo que es hoy en día: el gran teatro de todos los ovetenses.

En sus 130 años de historia, su escenario ha acogido danza, teatro, conciertos, zarzuela y hasta cine; además, claro está, de la ceremonia de entrega anual de los Premios Princesa de Asturias. Pero sobre todo, ha sido, y sigue siendo, el hogar de la ópera ovetense.

Y aquí, permítanme que haga un inciso antes de finalizar, porque hablar del Teatro Campoamor es hacerlo de nuestra prestigiosa Temporada de Ópera, buque insignia indiscutible de nuestra cultura y que muy pronto recibirá la Medalla de Oro de Oviedo en su 75 aniversario.

Mi deseo, como alcalde, es que ambos sigan soplando velas muchos, muchos años más, siendo plenamente consciente de que todos juntos pronto tendremos que afrontar las mejoras necesarias para encarar un futuro comprometido y esperanzador en nuestro pequeño gran coliseo.

Querido Teatro Campoamor, ¡muy feliz cumpleaños!

Un viaje al Campoamor

PAZ DE ALVEAR Jefa de Redacción de Oviedo de EL COMERCIO

Cierren los ojos y déjense llevar en este viaje, un viaje histórico a través del que este diario felicita al Teatro Campoamor por su 130 aniversario. Desde estas páginas, el decano homenajea, con grandes firmas, al coliseo ovetense. Pocos pueden presumir de pertenecer a la misma generación. EL COMERCIO, nacido en 1878, y el Campoamor, inaugurado tan solo 14 años después... historia viva de Asturias.

Acceder al teatro, este que ha traspasado las fronteras nacionales, significa adentrarse en un espacio que, ya en su mismo vestíbulo, emana vivencias, emana arte, emana el progreso de la sociedad ovetense. Pero sigamos con el viaje. Elijan cualquier butaca carmesí y siéntense. Retrocedamos. Sobre el escenario, la reina Margarita quiere sellar la paz entre los franceses católicos y los protestantes. 'Los Hugonotes', de Meyerber inauguró el coliseo el 17 de septiembre de 1892. Oviedo, por fin, disfrutaba de un teatro, con diseño a la italiana, moderno, seguro, que sustituía al ruinoso Corral de Comedias del Fontán, y llevaba el nombre de uno de los grandes poetas del momento, Ramón de Campoamor, por propuesta de Clarín. ¿Qué más se puede pedir? Así arrancaba la historia lírica de la ciudad.

Desde esa butaca en la que estamos sentados, compartimos espacio con los ovetenses que nos precedieron, esos que nos hicieron ser los que somos hoy. Esos ovetenses, vestidos para la ocasión, se quedaron fascinados por el «gran derroche de oro y luz» vivido en el estreno, según reflejaron los tabloides. Oviedo progresaba. Fuera del teatro, los coches aún estaban tirados por mulas, pero el Campoamor, obra de José López Sallaberry y Siro Borrajo Montenegro, se alzaba imperioso sobre lo que fue la huerta del convento de Santa Clara.

Al igual que los desencuentros, conflictos, que narra la ópera de Meyerber, el Campoamor tampoco estuvo exento de estos. Para llegar a disfrutar de la obra francesa, Oviedo tuvo que hacer frente al sobrecoste del teatro, que pasó de 300.000 pesetas del presupuesto inicial a 890.000 pesetas, el real. Con la necesidad de rentabilizarlo, el cinematógrafo tomó el escenario… Ver películas en el Campoamor no deja de ser buen plan. Sigan cerrando los ojos.

Damos un salto en este viaje. 1932. Oviedo bullía. El tranvía eléctrico llevaba ya diez años recorriendo el centro. Clara Campoamor acababa, un año antes, de lograr el reconocimiento del voto femenino. Desde nuestra butaca, vemos a un hombre mayor, un filósofo, nada menos que Ortega y Gasset que, como recordó Luis Arias Argüelles-Meres en este diario, «vino a Oviedo a despedirse de su compromiso con el Estado al que tanto había contribuido a proclamar».

Pero lo peor de esta historia estaba a punto de llegar. Hay que abandonar la butaca. Corre 1934. El edificio queda devastado, su interior desaparece tras ser incendiado por las fuerzas gubernamentales para sortear el ataque al cercano cuartel de Santa Clara por parte de los revolucionarios.

Reconstruir elCampoamor era vital para Oviedo, pero no fue hasta 1942 cuando salió a flote el proyecto, ampliándose el escenario.Seis años después, ocupamos, en este viaje, nuestra butaca. Esta vez es la ópera 'Manón', de Massenet, la que reinaugurará, devolverá el esplendor, al teatro que ha llegado hasta nuestras vidas, no sin sufrir deterioros, exitosamente subsanados con la reforma dirigida por los arquitectos Fernando Nanclares y PedroCasariego en los 80.

Pero un año antes, otro hito. «He querido que las primeras palabras que pronuncio en mi vida tengan precisamente como marco este Principado de Asturias», este Campoamor, dijo un jovencísimo Príncipe Felipe desde el mismo escenario. Una parada en este viaje, fundamental para los ovetenses y para el ahora Rey. Su figura de heredero de la Corona se reforzaba desde Oviedo, la misma ciudad encumbrada por los premios que llevaban su nombre, hoy Princesa de Asturias, y que han traído a Asturias desde a Stephen Howkings, Frank Ghery, María Zambrano, Luis García Berlanga, José Hierro o, más recientemente, a los grandes impulsores de la Inteligencia Artificial... De nuevo, ¿qué más se puede pedir?

Puestos a ello, que la mismísima MontserratCaballé se subiera a las tablas delCampoamor, junto a su hija, para cantar al teatro el 'Feliz Cumpleaños' junto a la Oviedo Filarmonía. Sucedió en el 120 aniversario. La ovación se prolongó durante cinco minutos a la Caballé y al coliseo, un coliseo unido para siempre a la tradición operística de la capital, –cuya fundación festeja su 75 aniversario–.

El COMERCIO, en su 130 aniversario, le desea con este viaje por estas más de cuarenta páginas feliz aniversario. Pasen y lean, desde sus butacas, el homenaje del diario decano.

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