
Inmaculada González-Carbajal
Secciones
Servicios
Destacamos
Inmaculada González-Carbajal
Inmaculada González-Carbajal lleva casi dos décadas ayudando desde Oviedo en África subsahariana. Presidenta de la Fundación El Pájaro Azul, charla con ... EL COMERCIO en esta entrevista sobre la evolución de los proyectos que la organización impulsa en distintas comunidades.
–La Fundación El Pájaro Azul nació en 2009. ¿Cómo surgió la idea de crear esta ONG?
–Surge de una reflexión profunda sobre las desigualdades del mundo y cómo la vida de una persona puede estar determinada simplemente por el lugar donde nace. Nos dimos cuenta de que, en un momento en el que nos encontrábamos estableciendo nuestras propias carreras y proyectos de vida, también era necesario dar importancia a lo que somos y utilizar nuestros recursos para ofrecer oportunidades a quienes no las tienen. Así comenzamos nuestro trabajo, primero en la República Democrática del Congo y, con el tiempo, ampliamos nuestra labor a Mali y Benín.
–¿Cuál es el principal desafío que enfrenta la Fundación?
–El reto es la sensibilización. La mayoría de la gente tiene una visión parcial y estereotipada de África, que suele reducirse a la pobreza, los conflictos, la hambruna y la guerra. Pero también hay una enorme riqueza cultural, resiliencia, creatividad y esperanza. Nuestra misión es mostrar esta otra cara de África y dar protagonismo a los propios africanos, permitiendo que sus voces sean escuchadas a través de la literatura, el cine y la música. Conocer su cultura nos permite comprenderlos mejor, conectar con ellos desde el corazón y, sobre todo, eliminar prejuicios. Tender puentes es la clave para construir una relación de respeto y cooperación real.
–En este proceso de sensibilización, ¿qué papel juegan la literatura y el cine?
–Son herramientas esenciales. A través del arte, podemos conectar con una realidad que, de otra manera, nos resultaría lejana. En la Fundación organizamos jornadas culturales en las que se proyectan películas y se presentan libros de autores africanos, permitiendo que el público se acerque a África desde su propia expresión artística. Nos gustaría seguir desarrollando más iniciativas en esta línea a corto plazo, porque creemos que el arte tiene el poder de transformar la manera en la que vemos el mundo.
–¿Cuáles son las principales necesidades de la Fundación actualmente?
–El voluntariado es fundamental, especialmente en los ámbitos de la medicina y la educación. Necesitamos profesionales comprometidos que quieran aportar su conocimiento y experiencia para mejorar la vida de las comunidades con las que trabajamos. También necesitamos financiación, ya que sin recursos económicos es muy difícil sostener los proyectos. Muchas veces, las charlas y actividades de sensibilización que organizamos solo llegan a quienes ya nos conocen, por lo que también buscamos maneras de ampliar nuestro impacto y llegar a más personas. Es importante recordar que no es necesario estar sobre el terreno en África para colaborar. Desde España se puede hacer una labor fundamental, aunque a veces pase desapercibida. Todo el trabajo logístico, administrativo y de difusión que se hace aquí es clave para que los proyectos sigan adelante.
–¿Cómo llegaron a trabajar en el Congo?
–Fue algo que nos encontró a nosotros. Descubrimos un proyecto que trabajaba con niños en situación de calle y nos dimos cuenta de que, más allá de la pobreza, el problema de fondo era la falta de sentido en la vida. Muchos de estos jóvenes, con apenas 16 años, han perdido la esperanza y no ven un futuro para ellos. Nos impactó profundamente ver cómo, a pesar de vivir en condiciones extremas, tienen una conexión con la vida mucho más auténtica que la nuestra. A menudo, en Occidente nos enfocamos en pequeños problemas y nos quejamos de cosas insignificantes, mientras que ellos enfrentan dificultades enormes con una fortaleza admirable.
–Han trabajado estrechamente con Sor Ángela, quien dirige un centro de atención a enfermos mentales en el Congo. ¿Cómo es esa colaboración?
–Es fundamental. Sor Ángela dirige el mayor centro de atención a enfermos mentales en la región, y en él trabajan más mujeres que hombres. La salud mental es un gran desafío porque las condiciones de vida en África pueden saturar la mente y el alma. Nos apoyamos mucho en ella y en su labor.
–¿Cuál es su deseo para el futuro de la Fundación?
–Mi deseo es que la Fundación siga creciendo de manera ordenada y sin abarcar más de lo que podemos gestionar. Pero, sinceramente, mi mayor deseo es que la Fundación desaparezca algún día, porque eso significaría que nuestra labor ya no es necesaria.
–¿Tiene otros proyectos en marcha?
Sí, estoy escribiendo una novela sobre África. Quiero dar a conocer la realidad de allí de manera más cercana.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.