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La madrugada del sábado falleció, tras una penosa enfermedad contra la que luchaba desde hacía cuatro años, Eduardo Menéndez Casares, geólogo, militante antifranquista, ecologista y «uno de los imprescindibles», en palabras de Diego Díaz, escritor, historiador y activista social. También fue la 'Casandra' que advirtió un año antes del desastre que se cernía sobre Ventanielles con la construcción del aparcamiento subterráneo junto al Palacio de los Deportes. Sus advertencias fueron eliminadas del informe geológico. Un año después, en 1998, 382 familias tuvieron que ser desalojadas y las viviendas derribadas.
Nacido en 1951 en Santa María de Villandás, Grado, con siete años su familia se trasladó a Oviedo, al primer bloque terminado de lo que acabaría siendo el barrio de Ventanielles. Con 12 años, el fallecimiento de su padre, obrero de la construcción, colocó a la familia en una situación precaria y a Eduardo a trabajar para ayudar en casa, mientras seguía sus estudios. En su juventud, empezó a sentir inquietudes políticas, indignado por la invasión norteamericana de Vietnam. Una inquietud que se transformó en militancia en su paso por la Universidad, de aquella un hervidero de asambleas y movimientos culturales de izquierdas. De aquella amalgama de comunistas, troskistas y maoístas, Menéndez se decantó por el PTE, 'los chinos'. Detenido y torturado dos veces, pasó dos temporadas en la cárcel de la que salió para casarse por lo civil en otro acto de rebeldía con su novia.
Con esos antecedentes, trabajó en una serie de ocupaciones mientras intentaba terminar Químicas. Casi por casualidad, le salió un trabajo de mozo de laboratorio en Minas, donde descubriría la Geología, carrera que finalmente estudió y que le permitió trabajar como investigador en la Universidad de Oviedo. Poco a poco se fue alejando de la política para dedicar más tiempo a la vida familiar - «una vez me dijo que 'si tienes hijos y no bajas el ritmo de militancia es porque estás empaquetando a tu pareja la crianza'», recordaba ayer Díaz-, descartó unirse a IU y comenzó a interesarse por el movimiento ecologista.
Desde Ecologistas en Acción participó en numerosas campañas, con especial dedicación junto a su compañera Beatriz González en la oposición a la construcción del embalse de Caliao, jaleada desde el Gobierno del Principado, pero también contra la mina de oro de Salave o para denunciar el despilfarro en infraestructuras sin otro objetivo que favorecer a empresas constructoras. Juntos aportaron su conocimiento y explicaciones claras a las razones del movimiento ecologista para defender la naturalización de los ríos u oponerse públicamente a la Ronda Norte desde el principio y también cuando el socialista Wenceslao López resucitó la idea (y ahí sigue) en 2018. Participó, aunque ya no residía en el barrio de Ventanielles, en la plataforma de Imagina un Bulevar, y se implicó en la defensa del Naranco o la Fábrica de Gas, pero también buscó tiempo para su nieta, la lectura, escuchar ópera y cuidar su huerta.
La organización lamentó su fallecimiento: «No ha podido con esta lucha pero se va sabiendo que, como él decía, la lucha por la necesaria transición a las energías renovables está ganada».
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