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A. ARCE
OVIEDO.
Sábado, 27 de abril 2019, 02:41
El antiguo estudiante de la Escuela de Aprendices de la fábrica de armas de Trubia, Antonio López, 'Cuestas', ofreció ayer en el Salón de Té del Teatro Campoamor la quinta de las conferencias programadas por los actos conmemorativos de las dos efemérides más importantes de la historia de la fábrica: los 225 años de la construcción de sus instalaciones, por un lado; y los 175 años de la llegada de Francisco Antonio de Elorza, el general Elorza, a la villa cañonera, por otro. Allí, ante un público que casi alcanzó a abarrotar la sala, 'Cuestas', que además es profesor de Secundaria desde hace ya veinte años, llevó a cabo un minucioso repaso por el patrimonio histórico y social de las fábricas de armas en Asturias: la de Trubia y La Vega.
«He estado 25 años trabajando para Santa Bárbara Sistemas (la contratista de defensa propietaria de la fábrica de Trubia); 18 años en la villa y 7 en Sevilla, y he adquirido con los años un compromiso de divulgar su historia», admitió el ponente, en declaraciones a este diario, minutos antes de que arrancase su exposición. «Desde mi pueblo, Las Cuestas (de ahí recibió su sobrenombre), ya podía ver a lo lejos el enorme complejo cuando apenas tenía cinco años», comentó.
La ponencia siguió el más de los estrictos órdenes cronológicos y el primer punto, como ya viene siendo habitual en este ciclo de conferencias, estuvo destinado a la figura de Fernando de Torres, impulsor en 1792 de la industrialización armamentística asturiana relató el ingeniero, que además es reservista de Alférez de Fragata, adelantó.
Después, llegó el turno para el mariscal Ney, la invasión y el conflicto bélico contra los franceses de 1808 que se alargaría durante seis años más. La Guerra de la Independencia. Todo ello, matizó 'Cuestas', para llegar al «gran salto»: el año 1844, la llegada del general Elorza a la fábrica para «reordenarla y convertirla» en un referente «ya no español, sino europeo», abundó.
Aun así, el profesor también dedicó unos minutos a hablar de la actualidad de la fábrica, y aplaudió el contrato del 8x8. «¿Quién le iba a decir a Elorza que íbamos a fábricar armas para los ingleses?», bromeó. «Cuando yo entré, éramos casi dos mil trabajadores y las cosas eran muy distintas; sin embargo, y aunque ahora haya muchos menos, la fábrica de armas de Trubia no ha muerto, tiene muchísimo futuro», sentenció.
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