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ALBERTO ARCE
OVIEDO.
Jueves, 31 de marzo 2022, 00:44
La primera piedra de la solitaria torre de la Catedral se colocó en 1508; no obstante, tuvieron que pasar cerca de ochenta años más para que el vértice que apunta al cielo desde el centro de la ciudad vieja estuviese rematado del todo. Otros cuatrocientos treinta y cinco para que, a finales de los años noventa del siglo pasado, arrancase su restauración, una de las primeras obras del plan director del templo. Ayer, varios profesionales contratados por ArtecDos iniciaron otro capítulo de la historia de ese «índice» pétreo que describió Clarín en 'La Regenta' con el comienzo de la instalación del andamio y montacargas que hará posible el traslado de materiales desde el suelo a lo alto del campanario para la ejecución de las obras de reforma de los accesos a la torre gótica. Unos trabajos, financiados con 100.000 euros de subvención municipal, que, además, servirán para recuperar los grafitis grabados por canteros y peregrinos a lo largo de la historia en los paramentos interiores de la torre y el campanario, e incluirán la colocación de sendos carteles turísticos con información sobre las restauraciones.
Así lo explicó ayer, en declaraciones a este diario, el arquitecto firmante del plan director de la 'Sancta Ovetensis' y de la obra en ciernes, Jorge Hevia. «Tenemos muchísimas ganas. Ha sido un proceso bastante rápido dado los tiempos de incertidumbre que corren», aseguró. Ayer mismo, Urbanismo firmaba la última autorización de la ocupación especial de vías para el andamiaje.
En sus palabras, esta mejora de la accesibilidad permitirá que «la presencia de personas en la torre deje de ser algo restringido para convertirse en un acto normal». El Cabildo y el Ayuntamiento quieren implementar un programa de visitas guiadas para convertir la torre en uno de los principales hitos turísticos de la ciudad de cara al verano.
El proyecto, que finalizará en junio, supondrá la limpieza de los paramentos interiores, pechinas y mechinales del cuerpo del campanario, la sustitución del entablillado provisional de la sala, así como el saneado y restauración de zonas puntuales de las fábricas de piedra de los ventanales góticos.
Eso sí, la intervención más urgente es la de la mejora de la accesibilidad a la propia torre, donde los peldaños que ascienden a la base de la flecha están profundamente gastados y en la mayor parte del tramo el pasamanos original se ha perdido. Se repararán debidamente y se instalará un nuevo sistema de iluminación para mejorar la entrada al espacio. También incluyen la instalación de un vidrio para dejar a la vista la maquinaria del reloj de la torre, diseñada por Ramón Durán en 1787, actualmente metida dentro de un cajón. «Es una pieza excepcional y quedará casi como una pieza de museo», recalcó el arquitecto.
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