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El artista Juan Falcón. E. C.
Adiós al artista Juan Falcón, el último bohemio

Adiós al artista Juan Falcón, el último bohemio

El pintor y escultor, natural de Bárzana de Quirós, fallece a los 61 años dejando una huella personal y artística de libertad

G. D. -R.

OVIEDO.

Viernes, 27 de marzo 2020, 01:02

El pintor y escultor Juan Falcón falleció ayer a los 61 años en el Hospital Monte Naranco de Oviedo como consecuencia de un cáncer, por el que llevaba varias semanas en cuidados paliativos. Tuvo una carrera atípica, sin mecenas ni calendario de exposiciones, y una vida bohemia, libre y expansiva hasta el final. Capaz de montar un taller de pintura en la peluquería de un amigo, de alimentarse de galletas y cervezas; fumador compulsivo, noctámbulo y resiliente, nada hacía presagiar que aquel huérfano de minero a los cinco años llegado de Bárzana de Quirós se codearía con Goytisolo y Eduardo Arroyo, o trabajaría en escenografías para la ópera en París. Fueron los profesores del Orfanato Minero los que animaron su vocación.

Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, apadrinado por Bernardo Sanjurjo y el escultor Fernando Alba. Con su apoyo y el de otros se presentó y ganó por unanimidad el Premio Corberó de Artes Plásticas en Barcelona. Su familia, entre ellos su sobrina, galerista y autora de una monografía sobre su carrera, Lucía Falcón, señaló ayer el galardón como «el espaldarazo» que lanzó su carrera internacional. Se trasladó al París de los años setenta, bajo el meritoriaje y amparo del pintor Eduardo Arroyo, en unos primeros años, y del italiano Valerio Adami, casi por la misma época. Habitó una diminuta 'chambre de bonne' en la vivienda y estudio del primero. Disfrutó mucho de la capital gala, de su ambiente intelectual y artístico y de sus noches. A través del concertista Alain Planes, entró en el mundo de la escenografía, trabajando para Ilie Valea, en el vestuario y el montaje de 'Il mondo de la Luna' de Monteverdi.

A mediados de los ochenta, trabó amistad con la familia Joan Miró y, en especial, con la hija del pintor, María Dolors Miró Juncosa, que ejerció hasta su fallecimiento de protectora de Falcón. Viajó a Roma, regresó a Oviedo, y trabajó en Almería, Granada o Madrid. Expuso en Oviedo de la mano de Josefina Cimentada y Marta Llames, esta última le presentó a José Agustín Goytisolo.

La Senda del Oso

Se asentó un tiempo en Bárzana (Quirós), de donde era oriunda la familia. Una etapa de prolífico trabajo escultórico, con ocasionales colaboraciones con otros artistas asturianos. Entre 1990 y 1993, realizó varios carteles para distintas campañas del gobierno del Principado, que le encargó también la escultura que marca el comienzo de la Senda del Oso, en Santo Adriano de Tuñón. Se la pagaron «de puta madre. Cuatro o cinco millones, ya no me acuerdo», confesó a Diego Medrano en una entrevista a este diario, en la que se confesó «escultor antes que pintor».

Vivió libre y a su aire. Pintó un surrealismo expresionista y figurativo a un tiempo. Su obra se puebla de gallos, fiestas o motivos asturianos, que vendió en la calle o de manera directa a hoteles, establecimientos y clientes particulares; a veces, a cambio de un puñado de monedas para ir tirando. Al escritor y amigo Medrano le confesó lo mucho que le tiraban los bares, que «la bohemia es pasar frío. Y en mi caso, oye, calentarme el culo como pueda». También, que añoraba París y que tenía «una relación de amor y odio con Oviedo, pero algún día me marcharé para no volver».

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