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Es admirable el derroche de bondad que practican los gobiernos con los ministros que por fas o por nefas cesan en su cargo, sin duda, ... para en cierta manera corresponder a los servicios prestados, y reducir la natural tristeza y desolación que en más de una ocasión se producirá al comprobar que a fin de mes su cuenta corriente no recibe ya los apetitosos sueldos. Que se aumentaban de vez en cuando y, por supuesto, algún otro ingreso complementario unido a sus actividades.
Cuando se dan estas circunstancias, se comprende que el gobierno sea generoso y trate de buscar, a los cesantes, si lo desean, algún rinconcito a nivel nacional -empresas públicas o privadas- o internacional, pongamos por caso la ONU, la Unesco, la Unión Europea, el Parlamento Europeo... Sin olvidar la posibilidad de situarlos como embajadores en algún país, caso no frecuente para no desilusionar a los diplomáticos de carrera, que quizá estuvieran esperando como agua de mayo semejante puesto.
Estas 'colocaciones compensatorias' se concederán en función de las circunstancias que concurran en los receptores: A) Exministros que ya tenían una profesión que venían ejerciendo antes de su nombramiento y que, por ello, no necesitan aceptar una nueva actividad, por estar dispuestos a reintegrarse a la que tenían. O en algún caso, como el que se produjo en el siglo XIX, en que un ministro, abogado en ejercicio, decidió no incorporarse de nuevo al despacho del que era titular hasta pasado un año, para evitar suspicacias, decisión digna de alabanza. B) Exministros en que no se den las anteriores situaciones, que estarán dispuestos a aceptar el puesto que se les ofrezca, que les permitirá asegurar sus ingresos, tal vez superiores a los que anteriormente tenían. Y C) Exministros con vocación política fuerte, que necesitarán mantener su prestigio en puestos que a su juicio lo mantuviesen.
Nunca debemos olvidar que el camino que debe seguirse para ser 'ministrable' no es fácil y, por ello, merecen ser colocados de manera adecuada. Uno se pregunta cuáles son los sacrificios y condiciones para llegar a ser ministro: ante todo una valía profesional y humana que ofrezca las debidas garantías; acercamiento progresivo a quienes ya bullen en política, especialmente en Madrid; asistir a actos, solemnidades y mítines que se celebran, para 'hacerse ver' y conocer a los que allí desempeñan un papel relevante; abrazar efusivamente a quienes puedan ofrecerles apoyos, besuqueos a troche y moche, no románticos, sino repletos de interés propio, pues el romanticismo no se aviene con la política.
En un momento como el actual, en que no se puede hacer política sin utilizar comisiones, justificándolo en que las decisiones tomadas por uno solo como jefe tienen un tufillo antidemocrático, se gobierna pasando por organizaciones colectivas, en que se reúnen los que se consideran como expertos en la materia objeto de las sesiones, que servirán de filtro que purifique el resultado final. Hasta tal punto que ya la doctrina administrativa francesa hace años calificó las comisiones como «parlamentos diminutos». Pues bien, una colocación adecuada para los exministros pueden ser también las comisiones, ofreciéndoles las presidencias que les proporcionarán decorosos ingresos, entre sueldos y dietas.
Pero pudiera no reflejar la realidad diaria, en este contexto, el no referirse a los llamados 'asesores', que pululan por las administraciones públicas en número llamativo, y cuya función será orientar a los políticos y funcionarios públicos en determinadas materias, para tomar decisiones. También aquí los gobiernos ejercen funciones de 'oficinas de colocación', contribuyendo así a que el nivel de paro disminuya, al menos estadísticamente. El problema de los 'asesores' radica en que su vida administrativa es mas bien corta, pues todo cambio de gobierno en sus diversas presentaciones les afectará negativamente y deberán abandonar su puesto de trabajo, salvo excepciones no significativas.
Y como punto final sobre este tema, y que se presenta cada día con mas frecuencia, nos referimos a los 'interinos' en las administraciones púbicas, colocados por los respectivos gobiernos y que tienen más suerte que los asesores, pues en ocasiones el corazón administrativo se ablanda y al cabo de cierto tiempo pasan a ser funcionarios públicos de manera plena.
El gran problema que tiene nuestro país es que disponiendo de una red admirable de oficinas de empleo en toda la nación, no sean capaces de lograr rebajar el 12,5% ciento de paro existente hoy y reducirlo al 4 o 5%, para poder hablar, de una vez, de pleno empleo.
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