Secciones
Servicios
Destacamos
Hay resacas que duran más allá del reglamentario domingo tirados en el sofá. Son las que lejos de tener que ver con excesos de fin ... de semana, sobrevienen sin que el alcohol haya jugado su papel, y proceden de unas horas viendo una serie de la que todo el mundo habla (dichoso 'hype') y que una se había dicho que no iba a ver porque parecía bastante probable que pudiera terminar por provocar un malestar. Y sí, sospecha confirmada.
Es fácil adivinar que hablo de 'Adolescencia', que está en boca de todos y de la que después de valorar su complejidad técnica, el acierto argumental y el buen trabajo de director y actores, queda un regusto amargo, un desarreglo emocional, la perturbación incómoda que nos provoca a los adultos descubrir que nos encontramos ante un terreno pantanoso siempre y letal muchas veces cuando vemos que nuestros adolescentes, a los que somos incapaces de sustraer de la imagen de bebés, de ocurrentes y cariñosas criaturas que siempre creímos nuestros, se deslizan por un implacable tobogán de preguntas sin respuesta que muchas veces abocan al abismo.
Y eso que, me dirán, siempre ha pasado desde que el mundo es mundo, que esa fractura entre los niños que merendaban pan con chocolate y los adultos que se iban a la mili, siempre ha existido y todos los padres han ido toreando la situación como han podido, casi siempre regular en el proceso aunque en la mayor parte de los casos se llegara a un final con más o menos éxito y con unas personas dispuestas a continuar esa rueda que viene a ser la vida. Sí, siempre, pero es que ahora se nos han roto muchos puentes y el mundo se ha convertido en un lugar tan hostil como incomprensible. No valen de nada ni las prevenciones, ni la atención dispensada, ni la voluntad de proporcionar la mejor educación, ni lo de abandonar los viejos planteamientos educativos de porquelodigoyoquesoytupadre, y convertirse (qué inútil pretensión) en amigo de los hijos. Nada sirve, porque el mundo ha cambiado tanto que nos ha llevado por delante, entretenidos como andábamos tratando de mantener el trabajo, de pagar una hipoteca o el alquiler, de hacer tetris para llegar a todo, esa gimkana permanente de colegios, extraescolares, trabajos, obligaciones familiares, idas y venidas mientras las condiciones laborales se convierten en pesadilla y resulta imposible estar a todo y ser buen colega de los hijos, y participar en el chat de padres, y tratar de estar al día de los peligros que acechan a los vástagos para protegerlos de todo mal.
Y no, la generación de los padres de los adolescentes de ahora, igual no ha sido capaz de entender del todo que el mundo ha cambiado tanto que nada sirve, que ninguno de los planteamientos presentes en su propia educación les vale a ellos, que los valores se han dado la vuelta, que se mueven en un universo con un pie en la vida real y otro en la vida virtual, que ninguno de los códigos que manejan esos extraños en que se han convertido sus hijos les resulta medianamente comprensibles, que mientras están tranquilos porque el adolescente no está en la calle rodeado de peligros, convive en su propio cuarto con un infierno sabiamente escondido entre colores brillantes, músicas y emojis tan aparentemente risueños.
Y por eso una serie de televisión y la infancia huyendo apresurada de los ojos de un protagonista memorable, nos deja resacosos, confusos, tan desordenada la conciencia, tan profundamente conmovidos.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La chica a la que despidieron cuatro veces en el primer mes de contrato
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.