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El escritor Luisgé Martín tiene problemas para editar su docunovela 'El Odio'. Parece ser que la editorial Anagrama se niega a distribuirla a la espera ... de que un dictamen judicial dé un visto bueno. La libertad de edición viene condicionada en este caso por las quejas de Ruth Ortiz, dolorida madre de los hijos asesinados de manera vicaria por su marido José Bretón, un criminal que ya sufre pena de prisión perpetua por un caso descrito con pelos y señales en la inédita obra.
A la hora de desarrollarse y aplicarse, la libertad de pensamiento está condicionada por múltiples causas, educación, oportunidad, conveniencia, creencias propias o ajenas, prejuicios en boga y la propia carga crítica del escritor. Es difícil fijar el límite entre la libertad del creador y los derechos de un prójimo que se sienta herido o agredido. Claro que si, a posteriori, hay libertad para enfrentarse al posible daño mediante la reprobación, nada debería interrumpir la difusión de muchas ideas o creaciones humanas que, de otro modo, podrían acabar en la papelera del olvido.
Porque la idea del respeto al prójimo es muy relativa y muy difícil de fijar, ya que la libertad de creación o expresión está condicionada por miles de obstáculos. Recuerden que los desnudos del mural del juicio final que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina fueron cubiertos con telas por Daniele da Volterra, 'Il Braghettone', que así obedecía las órdenes del papa Pío V. Sin libertad de expresión y edición no hubiéramos disfrutado de 'A Sangre Fría', la novela de Truman Capote que luego fue hecha película, y que narra una burrada similar en crueldad al filicidio cometido por el cordobés Bretón.
Hay tanta literatura y tanto cine provocador y censurable que andaríamos a uvas de no existir un cierto respeto hacia creadores irrespetuosos que se saltan a la torera las normas y costumbres que están en vigor. Piensen que en el mundo real hay más tiquismiquis dolientes que provocadores recios, y por eso es tan lento el avance o el cambio ideológico o cultural de la humanidad. El «¡eso hazlo el mi fiu!» delante de un cuadro de Picasso es más bloqueador del progreso que el «viene un tiempo nuevo y habrá que aceptarlo». Eso por no mencionar los obstáculos que cada día encuentra el periodismo para dar cumplida información de hechos relevantes que pueden o chocar con un ambiente adverso, o molestar a muchos prójimos, o estar a la contra de la opinión que algún público tiene sobre la realidad en la que vive. ¿Libertad condicional? Sí. Pero libertad.
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