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Los asturianos nos hemos pasado media vida reivindicando carreteras. Sí, en buena parte de la historia de nuestra comunidad autónoma es que lo que hicimos. ... Es más, siempre hemos achacado nuestro retraso secular a la falta de comunicaciones. Siempre, repito, con un discurso predominante que se centraba en eso: en que existía un agravio comparativo en materia de infraestructuras de comunicación. Ojo, y no sin razón. Por ejemplo, el AVE ha tardado 32 años en llegar a nuestro paraíso natural con respecto al resto de España. La autovía Oviedo-La Espina (A63) –obra cuya ejecución parece no acabar nunca– lleva progresando lentamente desde hace nada menos que un cuarto de siglo. A esto tenemos que sumar el eterno plan de vías de Gijón, la indefinida ronda norte de Oviedo o más recientemente el fiasco del vial de Jove. En resumen, los asturianos seguimos padeciendo un déficit claro en las conexiones, pero han mejorado notablemente con respecto a lo que teníamos. Yo diría que nada que ver. Miren, si no, el hito que representó la llegada de la Alta Velocidad ferroviaria en noviembre de 2023. Bueno, si en realidad se puede llamar así (alta velocidad ferroviaria) al tramo asturiano.
Sin embargo, lo que no progresa son nuestras infraestructuras mentales. Es decir, estar abiertos al mundo y aceptar que debemos afrontar una constante transformación. Lo digo porque, a la postre, de poco vale tener unas comunicaciones de primera, si luego solo vemos que a través de ellas llegan amenazas y no oportunidades. Es el caso, sin ir más lejos, de las tres universidades privadas que pretenden implantarse aquí. Por lo que parece, se está viendo la manera de pararlas a través de informes burocráticos. Entonces, pregunto, ¿para qué queremos tener las mejores carreteras o ferrocarriles? Si a todo lo que va a venir de fuera –principalmente, porque es privado– le vamos a poner tachas, ¿para qué nos van a servir unas flamantes conexiones? ¿Para irnos más cómodamente de vacaciones? No es lógico, pues, el rechazo que estamos viendo a cualquier proyecto que se quiere implantar. Sea un hospital privado en Gijón, un hipermercado en Siero o los famosos parques de baterías a lo largo de toda Asturias. En resumen, el esfuerzo en vías de comunicación se hizo para algo. Diría más: pensábamos que a través de esa inversión iba a venir el progreso y ahora, que está empezando a llegar, por lo visto, lo rechazamos. Sin duda, somos una comunidad atrasada, no ya por sus infraestructuras físicas, sino por las mentales.
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