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Pleno parlamentario con el escándalo de los trenes fallidos, como tema de preguntas, contestaciones y réplicas. El presidente Barbón reiteró las sensaciones («lo conocido recientemente ... es absolutamente decepcionante») y las condiciones que exige al Ministerio de Transporte para recuperar la credibilidad ante el Principado: ceses, compensaciones y compromiso con plazos. Es un punto de partida correcto para empezar a negociar el lunes en Santander con la ministra, acompañado de Miguel Ángel Revilla. Vamos a ver lo que se obtiene porque la parte contratante, hasta ahora, ofreció dos cabezas anónimas y bonitas palabras. Nada más. De las tres peticiones, el plazo es la más inamovible, ya que viene marcado por el proceso de fabricación. Si lo acortan, mienten. La más interesante son las compensaciones. Ojalá pudiéramos renovar toda la flota de material rodante de ancho métrico, pero partimos de una posición difícil. No entiendo cómo a Cantabria le asignaron muchos más trenes, cuando tiene menos kilómetros de vía estrecha y la mitad de habitantes. Sobre los ceses hay que ser muy cautos. Sin embargo, a la oposición parece que es lo que más le pone. En la Junta General del Principado pidieron concreciones. Es decir, nombres.
Llevados a esa posición, creo que el único nombre que se puede pedir desde Asturias es el de la ministra, máxima responsable de todo. Se da en el blanco. No hay posible fallo. Ahora bien, entrar en valoraciones internas sobre el funcionamiento del ministerio y los entes empresariales anexos supera el conocimiento de los diputados autonómicos. En el meollo del asunto está el Ministerio de Transportes, Adif, Renfe, la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria y Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (la fábrica de trenes). Entrar a dilucidar desde aquí las responsabilidades de unos y otros, después de haber estado nueve días en Babia tras leer la noticia en estas páginas, me parece disparatado, máxime cuando hay encargada una auditoría interna. Tiene que haber ceses de responsables, pero le toca plantearlos a la ministra o al presidente del Gobierno, no a los grupos parlamentarios de una comunidad autónoma.
En el debate volvió a salir el nombre de la secretaria de Estado, Pardo de Vera, pieza codiciada por la oposición. Andreotti decía de la política española que «manca finezza». La frase parece elegida para Asturias. Como nos sobran aliados en Madrid, podemos tirar al blanco. Lo toman como un juego, pero, al final, manca.
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