Con la pesadumbre que siempre supone una imprevista pérdida, recibimos la noticia del fallecimiento de Marcelino. Su despedida fue en plena madrugada, cuando estaría repasando mentalmente cada página del periódico de la más inmediata edición. No tengo duda alguna de que fue así.

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Lo evidente ... es que no hay fechas señaladas para nada en la vida y menos para decir un adiós tan emocionalmente sentido como el que estamos viviendo en estos momentos.

Marcelino se nos ha ido en el momento más relevante de su vida profesional, cuando era protagonista de un contexto de máxima responsabilidad, en el marco que siempre te exige la dirección del Decano, al que dedicaba en plenitud cuerpo y alma, muy por encima de lo que podía serle exigido. Él era así.

Desde mi más sentida tristeza, desde el más profundo de los respetos, sólo me cabe trasladarle a su familia, a su mujer, a su hija, a su madre, a su hermana... a esos corazones que han quedado huérfanos de su cariño, nuestro más sincero cariño. Se lo trasladamos todos los grupistas, a los que siempre nos ha tratado con el más afectuoso de los respetos.

Querido Marcelino, descansa en paz.

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