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Trabajador meticuloso y sumamente ordenado, Roberto Entrialgo Menéndez, fallecido en la madrugada del lunes a los 85 años, calculaba con orgullo en alguna charla con sus hijos cómo había llegado a cambiar las ruedas de su vehículo hasta cinco veces por sus idas y venidas diarias a Mareo. La cantera del Sporting fue su vida. La pasión a la que se entregó durante décadas y que le haría pasar a la historia como el «padre de Mareo». Un título que le otorgaron de forma unánime (y espontánea) generaciones de canteranos, técnicos, presidentes del Sporting, compañeros de viaje y hasta profesionales de los medios por su labor realizada en los setenta y ochenta con la base. «Una persona muy relevante en los inicios y consolidación de la Escuela de Fútbol de Mareo», le ponderó el propio Sporting, de luto.
Su despedida, dolorosa especialmente para su gran y orgullosa familia, muy querida en Gijón, comenzando por su viuda, Mari Nieves, y sus cinco hijos (Pablo, Roberto, Álvaro, Andrés y Mari Nieves), tiene la magnitud propia de una de las grandes personalidades de la historia del club. Así, por la sala 2 del Tanatorio de Cabueñes pasaron durante el día exfutbolistas como Joaquín, Redondo, Luismi, Mino, Jiménez, Eraña, los hermanos Ablanedo, Jaime... También transmitieron sus condolencias Antonio Miguel Díaz, Enrique Pendás y Carlos Ruiz, compañeros de directiva, o Enrique Tamargo, expresidente del Grupo. No pudo asistir por un problema de salud Manuel Vega-Arango, uno de sus grandes amigos. Su funeral será este martes, a las 13 horas, en la iglesia de Viesques.
Fallecimiento de Roberto Entrialgo Menéndez.#RealSporting pic.twitter.com/iDeAig8T9F
— Real Sporting (@RealSporting) December 4, 2023
Roberto Entrialgo falleció después de sufrir una complicación tras una intervención a la que fue sometido. Había celebrado el 85 cumpleaños el pasado 31 de agosto, permaneciendo muy vivo su legado: el germen de la reconocible filosofía de cantera de la que se ha alimentado siempre el Sporting. «Roberto era la esencia de Mareo», enfatizaba Joaquín. Uno de sus hijos, Roberto, 'Titi', fue curiosamente un 'producto' de Mareo, llegando a jugar en el primer equipo. Pablo, el mayor de todos, es el responsable de documentación de EL COMERCIO.
Su padre, abuelo de once nietos y bisabuelo de una niña, Claudia, fue una figura determinante para el desarrollo de la cantera del Sporting, pilotando la gran transformación y profesionalización que catapultó la marca Mareo a nivel nacional desde su cometido de directivo de filiales. Siempre cedía el protagonismo a sus colaboradores más estrechos, como Ignacio Cortizo y Vicente Morán, y por supuesto Manolo Llanos, pero sin ocultar su orgullo por lo conseguido. «Hubo un momento en el que en el fútbol español era más importante Mareo que Lezama», recordaba.
Nacido en Gijón, en 1938, aunque su desempeño laboral sería como administrativo en una empresa de construcción, su vida estuvo ligada al club desde muy pronto. Sportinguista irreconducible, entre sus mayores 'tesoros' en formato de recuerdos, tenía muy presente cuando ovacionó a la plantilla del Sporting que logró el segundo ascenso en la temporada 1950-1951. Contaba 13 años cuando vio pasar la comitiva desde la plaza del Instituto. Años después, el arquitecto Miguel Díaz Negrete le invitó a colaborar con el club.
Respetado por su profesionalidad y una visión muy adelantada a los tiempos, Entrialgo batalló para que las categorías inferiores del Sporting aumentasen y, sobre todo, se profesionalizasen. Para empezar, abandonando campos como Los Fresno, La Fontanía o los Depósitos de Roces, donde se entrenaban los pequeños. Siempre rememoraba que durante aquellos inviernos, los padres de los futbolistas jóvenes 'aportaban' la iluminación a las sesiones con las luces de sus coches. Eso fue hasta la inauguración de Mareo, en 1978, a la que contribuyó de forma activa.
Fue indispensable para varios presidentes. Por supuesto, para Vega-Arango y, más tarde, para Ramón Muñoz. Vivió como directivo, ya no de filiales, entre 1977 y 1989, las dos finales de Copa, el subcampeonato de Liga y la entrada en la UEFA. Enamorado de Mareo, eran habituales sus peticiones para mejorar las partidas destinadas a la cantera. Siempre tuvo una habilidad especial, además, para cuidar a los técnicos más finos para encontrar el talento: Casas, Novoa, Iván Rodríguez Vega, 'Tati' Valdés... «El Mareo que siempre defendí, en el que siempre creí y creeré y por el que tantos años luché en la medida de mis posibilidades», recordaba en estas páginas en 2015 tras el éxito de los 'guajes'.
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