
paula rosas
Corresponsal. París
Martes, 31 de marzo 2020, 21:08
El confinamiento puede ser una olla a presión. Si el encierro es, además, con tu agresor, puede llegar a ser mortal. Las cifras de violencia doméstica han estallado en la última semana en Francia, con un aumento de las denuncias superior al 30%, según los datos del Ministerio del Interior. Pero denunciar no siempre es sencillo, y menos aún cuando es imposible estar a solas. Por eso el Gobierno ha puesto en marcha un dispositivo de alerta para que las víctimas puedan hacerlo en farmacias o en supermercados.
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La primera de estas denuncias llegó el sábado, en Nantes. Una joven embarazada de cinco meses a la que su marido intentó agredir con un cuchillo después de darle una paliza. La mujer se presentó en una farmacia y la boticaria llamó desde allí a la Policía, que acudió a casa de la joven y pudo detener al agresor. Iba sola, por lo que no necesitó utilizar el código que las autoridades recomiendan para aquellas víctimas a las que su agresor no deja ni a sol ni a sombra: 'Mascarilla 19'.
No todas han podido hacerlo. Este lunes una mujer era asesinada a tiros por su marido, del que estaba en proceso de divorcio, cerca de Cognac. Él se suicidó después, y todo ello delante de sus hijas de 10 y 13 años. Unos días antes, el viernes, en la periferia parisina, otro niño de 6 años era apaleado por su padre, mientras la madre había salido a comprar. El menor murió dos días después en el hospital.
La idea es «multiplicar las posibilidades de venir al encuentro de estas mujeres durante el periodo de confinamiento», explicaron a este diario desde el entorno de la secretaria de Estado de Igualdad, Marlène Schiappa. Para ello se han desplegado «puntos de acompañamiento» frente a los hipermercados «para ayudar a las víctimas cuando van a hacer la compra», y el ministerio del Interior, en contacto con la Orden de farmacéuticos, «transmitirá en breve una serie de herramientas pedagógicas» a las farmacias para ayudar a quienes quieren denunciar, especifica la fuente. El número de urgencia 3919 -con un horario reducido de lunes a sábado- también está a disposición de las víctimas, así como un portal digital de denuncia.
Este martes en París, en varias farmacias visitadas no habían recibido ningún tipo de instrucciones aún por parte del Ministerio del Interior, aunque todos estaban al corriente del dispositivo gracias a los medios de comunicación. «Todo lo que podamos hacer para ayudar es bueno. Además, apenas hay nada abierto. Aquí van a tener mucha más confidencialidad y seguridad que en un supermercado», argumentaba este martes la titular de una farmacia del distrito 16 de la capital.
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Más de 200.000 mujeres son víctimas de violencia de género cada año en Francia, pero en la última semana, las denuncias han aumentado un 36% sólo en París y un 32% en las zonas donde es la Gendarmería la que se encarga de atender a las víctimas. Si el confinamiento ya es complicado para las parejas que se llevan bien -más aún si hay hijos de por medio todo el día encerrados-, para las víctimas de violencia doméstica es un auténtico calvario. «En cualquier periodo de crisis siempre hay un aumento de la violencia, ya sea una crisis individual, como un divorcio o un duelo, o una crisis colectiva, como una guerra, un tsunami o una crisis como la del coronavirus», explica por teléfono la activista Caroline de Haas, fundadora del colectivo #NousToutes.
El riesgo durante el confinamiento aumenta, argumenta De Haas, «porque antes estabas en contacto con el agresor quizás 8 horas al día y ahora son 24 horas». El colectivo ha puesto en marcha una campaña de concienciación, con un eslogan poderoso: «Estar confinada en casa con un hombre violento es peligroso. Se desaconseja salir. Pero no se prohibe huir».
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Entre el 5 y el 8% de los alumnos franceses han desaparecido del radar de sus profesores desde que cerraran los colegios hace ya más de dos semanas. «Existe el riesgo de que la situación actual acentúe las desigualdades», reconoce el ministro de Educación, Jean Michel Blanquer. No todos los padres tienen la posibilidad, durante el confinamiento, de ejercer de maestros en casa. Las diferencias formativas, pero también las materiales se imponen.
Cada día, profesores de todos los niveles envían tareas a sus estudiantes a través del correo electrónico, deberes que a menudo deben imprimirse. En todas las casas no hay, sin embargo, impresora, en muchas ni siquiera ordenador. Por ello, desde la semana pasada, el canal público de televisión France 4 emite cursos educativos para diferentes niveles.
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