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Belusconi entre Juan Cueto y Ramón Muñoz, presidente entonces del Sporting. E. C.
El día que Berlusconi estuvo en Gijón

El día que Berlusconi estuvo en Gijón

Propietario del Milán, acudió en septiembre de 1987 a El Molinón para presenciar el partido de UEFA contra el equipo rojiblanco, en el que tuvo que intervenir en una pelea de hinchas

Martes, 13 de junio 2023, 03:53

Se enfrentaban el Sporting y el Milán en un partido de la UEFA y Silvio Berlusconi no quiso perderse el encuentro en El Molinón. Contrató dos birreactores privados y, acompañado por no menos de treinta invitados -según se podía leer en la crónica de EL COMERCIO-, tomó tierra en el Aeropuerto de Asturias el 16 de septiembre de 1987. En la pista le recibían el entonces presidente del equipo gijonés, Ramón Muñoz, y el también directivo Juan Cueto, acompañados del editor Silverio Cañada.

La 'Sua Emittenza' ( 'su retransmisión'), sobrenombre con el que fue apodado irónicamente como magnate de la televisión privada italiana, atendió unos minutos a los medios antes de introducirse en un Mercedes blanco que le esperaba para dirigirse al hotel ovetense en el que tenía reservadas varias habitaciones antes de dirigirse al partido.

Tenía en aquel momento 50 años, aunque vestía como un joven ejecutivo dentro de la más pura elegancia italiana: traje azul marino, camisa azul claro, corbata azul marino con dibujos en granate y zapatos de tafilete negros. Y habló entonces mucho de televisión en un momento en que la televisión privada aún no había desembarcando en España, pero le faltaba poco.

Su sueño, decía, era crear lo que él llamaba «un frente latino» de las ondas, algo así como un mercado común de la televisión en el que las cadenas privadas de televisión instaladas en Francia, Italia y España desempeñasen el papel de adelantadas de Europa en América, Su sueño, repetía, era meter las producciones televisivas privadas de Europa en América y, después, presentar a los consumidores americanos todo un menú comunicativo. La televisión vía satélite, la proliferación de sistemas de vídeo y, en general, las nuevas tecnologías de la comunicación harían el resto. Intuición a la vista de los acontecimientos posteriores no le faltaba.

Esa es, decían, la base del éxito de un hombre cuyo perfil se correspondía con el propio del desarrollismo italiano de principios de los años sesenta. Hizo fortuna construyendo en las afueras de Milán un barrio residencial de viviendas de lujo. De esa forma, con los millones de liras ganados, este audaz empresario supo intuir el futuro y, aprovechando la caótica irrupción de la televisión privada en Italia cambió sus negocios inmobiliarios por una empresa televisiva, el Canale 5. Después, gracias a una dinámica programación, adquirió a buen precio otras cadenas en bancarrota. Tenía, en el momento de presenciar el partido entre el Sporting y el Milan -del que era dueño-, sus propias compañías de producción de programas y trece estudios en toda Italia. Había irrumpido en los medios de comunicación franceses con la compra del 40% del canal Le Cinq y esperaba entrar en España cuando el Gobierno autorizase la televisión privada. «Tenemos mucha esperanza en venir a trabajar aquí y aportar nuestra contribución. España es un país muy simpático y siempre lo llevamos en nuestro corazón, ya que es muy parecido a nuestra forma de vida y de pensar», declaraba en el aeropuerto asturiano. Veía la ley de la televisión privada española «lenta en entrar en vigor» y veía posible tener un canal de su propiedad en nuestro país. «Ha habido contactos con todos los grupos, pero aún no hay acuerdo con ninguno». Ya había comprado hacía tiempo los Estudios Roma en Madrid, auténtica punta de lanza para su entrada en España.

Proyecto deportivo

Pero venía por cuestiones deportivas y al fútbol también se refirió, proponiendo ya por aquel entonces un proyecto similar al de la Superliga que hoy se debate y que la UEFA ha desmontado en los últimos meses. «Es muy sencillo. Consistiría en enfrentar a los seis grandes equipos europeos en un mismo campeonato, que se jugaría una vez al mes, lo que redundaría en beneficio de la economía de los clubes y del espectáculo deportivo, ya que los espectadores saldrían beneficiados al poder presentar encuentros de este nivel. Esta competición -añadía- evitaría los enfrentamientos ocasionales entre equipos potentes del continente, según lo determinara el sorteo. De acuerdo con el nivel de los equipos europeos -según Berlusconi- podría haber una Copa de Europa, dos, tres..., etcétera».

Berlusconi, con la Champions conquistada con el Milan en la temporada 2006/07. Efe

Silvio Berlusconi no acudía a todos los partidos del Milan lejos de San Siro. Sus compromisos empresariales y posteriormente políticos le impedían viajar. Pero vino al Principado para apoyar a un equipo que estaba construyendo algo grande como acabó siendo el Milan de los holandeses, guiados por un estratega como Arrigo Sachi.

Su presencia en El Molinón no pasó inadvertida. En los minutos previos al inicio del encuentro, que se resolvió a favor de los rojiblancos gracias a un gol excepcional de Jaime, hubo enfrentamientos entre seguidores del Sporting y del cuadro rossonero. Según cuentan las crónicas publicadas entonces, un grupo de aficionados sportinguistas había arrancado varias pancartas que estaban ubicadas en la esquina de la grada Este con el Fondo Norte, donde se ubicaban los tiffosi. La reacción de los hinchas italianos fue inmediata, lanzando al público todo lo que tenían al alcance, incluidos asientos que golpearon con algunos seguidores que no habían participado en las disputas. Los agentes del Cuerpo Nacional de Policía intentaron parar los enfrentamientos. En ese instante, se desplazó hasta la zona del estadio el propio Silvio Berlusconi que, tras hablar con algunos de los representantes de su hinchada consiguió que cesaran el lanzamiento de objetos, evitando así que el suceso fuera a mayores.

Berlusconi no se fue contento con el resultado, ya que consideraba que el Milan era muy superior a un Sporting que no pudo completar la hombrada, cayendo en Lecce (el conjunto rossonero jugó la vuelta lejos de su estadio al estar sancionado) con una controvertida actuación arbitral (3-0). Posteriormente, el Espanyol vengó la derrota del Sporting y dejó en la cuneta a un equipo, que dos temporadas después conquistaría la Copa de Europa, hoy Liga de Campeones.

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