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t. nieva
Jueves, 1 de septiembre 2022, 12:42
El responsable de la mayor petrolera de Rusia, Ravil Maganov, ha muerto este jueves tras «caer por la ventana» desde la sexta planta del Hospital Clínico Central de Moscú. El ejecutivo, de 67 años, había sufrido recientemente un ataque cardiaco y se encontraba bajo tratamiento con antidepresivos. Los hechos se han producido sobre las siete de la mañana (madrugada en España) y han sido calificados como una «muerte por suicidio», según han informado fuentes policiales a la agencia Tass.
Maganov desempeñó en los últimos 29 años puestos de alta dirección en el consorcio petrolífero. Fue primer vicepresidente ejecutivo de la compañía y en 2020 pasó a ocupar su presidencia tras el fallecimiento de su anterior gestor, Valeri Greifer. Se da la circunstancia de que Lukoil pidió el pasado marzo el cese «lo antes posible» de la invasión de Ucrania y reconducir el conflicto hacia las «vías diplomáticas». El consejo de administración expresó su «preocupación respecto a los trágicos sucesos» de la exrepública soviética y comunicó sus «profundas condolencias a todos aquellos a los que les alcanzó esta tragedia». Se trató, por lo tanto, de una de las primeras empresas rusas que mostró su disconformidad con la «operación especial» ordenada por el presidente Vladímir Putin. La petrolera cerraba su comunicado con una apuesta por el «fortalecimiento de la paz» y las «relaciones humanitarias»
El consorcio fue creado por el Gobierno de la extinta Unión Soviética en 1991 como consecuencia de la fusión de algunas de las principales empresas del país dedicadas a la extracción de crudo. Su importancia solo ha tenido como rival a la estatal Rosneft después de que ésta adquiriese los bienes expropiados por el Gobierno a Yukos. Bajo la presidencia de Greifer, el predecesor de Maganov, la compañía recibió un enorme impulso. En 2006 obtuvo grandes rentabilidades con la explotación de una serie de depósitos descubiertos en el norte de Rusia, en la región de Kholym, cuyo crudo resultaba más caro y de mayor calidad que el Brent extraído fundamentalmente en el mar del Norte. Por aquel entonces, se calculaba que Lukoil poseía unas reservas de mil millones de toneladas.
Nacido en Tatarstán, Maganov se licenció en 1977 en la Universidad Estatal Rusa de Petróleo y Gas de Gubkin. Trabajó como ingeniero en varios campos petrolíferos y fue nombrado director de Langepasneftegaz, una de las empresas energéticas que más tarde pasaron a formar parte del consorcio Lukoil. Algún medio ruso explicaba esta mañana que Maganov podría haber regresado en los últimos meses a su puesto de primer vicepresidente ejecutivo en esta corporación.
La Policía ha abierto una investigación sobre su muerte. El cuerpo del empresario fue descubierto poco después del amanecer en la acera al pie de la ventana de su habitación, situada en la sexta planta del Hospital Clínico. La Policía ha confirmado que la caída se ha producido desde la ventana de su cuarto. Según citan medios rusos, Maganov padecía una grave y larga enfermedad cardiovascular. Medios rusos señalaban que sufría una depresión y estaba bajo tratamiento farmacológico.
Su muerte recuerda otros trágicos fallecimientos que este año han convulsionado el sector económico ruso y generado múltiples especulaciones en Occidente, especialmente a raíz de la invasión de Ucrania. En julio fue encontrado muerto Yury Voronov, de 61 años y máximo responsable de la naviera Astra. Su cuerpo flotaba en la piscina y presentaba un disparo en la cabeza. El hallazgo se produjo en su mansión de San Petesburgo. La empresa de Voronov tenía relación con la gasística Gazprom, ya que había trabajado a sus órdenes en varias prospecciones árticas. Al parecer, atravesaba problemas económicos. Y antes que Voronov, en enero y febrero de este año aparecieron los cadáveres de Leonid Shulman, jefe del servicio de transporte Gazprom Invest, y de Alexandr Tiukiakov, subdirector general del Centro Único de Cuentas de Gazprom. Ambos murieron con escasas semanas de diferencia; el primero con un balazo en la sien y el segundo colgado de una viga. A su lado se localizaron sendas cartas de despedida.
La serie de misteriosos suicidios continuó el 24 de marzo. El multimillonario Vasily Melnikov, su esposa y sus dos hijos, de 10 y 4 años, fallecieron acuchillados en su apartamento de Nizhny Novgorod. La investigación apuntó de nuevo a un triple asesinato seguido de suicidio. La empresa de material médido de Melnikov estaba sufriendo grandes pérdidas económicas. En un caso similar, el exvicepresidente del banco Gazprombank, Vladislav Avaev, fue encontrado muerto por un pariente en su domicilio de Moscú, junto con su esposa e hija de 13 años. Al parecer, todos ellos presentaban heridas causadas por la pistola que Avaev tenía en su mano. De nuevo, unas muertes marcadas por su relación con altos cargos del gigante gasístico Gazprom.
Veinticuatro horas más tarde de este suceso, Sergey Protosenya, exdirectivo de Novatek, la mayor empresa independiente productora de gas en Rusia. se quitó la vida después de asesinar a su mujer y su hija en una casa alquilada en Lloret de Mar. No resulta extraño, por tanto, que el fallecimiento esta mañana de Maganov haya renovado las teorías conspirativas en torno a una guerra sucia en el sector energético ruso o una oleada de crímenes contra millonarios vinculados a Vladímir Putin. La Policía ha cerrado ya la mayoría de los casos como suicidios.
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