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La gélida Groenlandia está que arde con Estados Unidos desde el regreso de Donald Trump, y sus deseos anexionistas, a la Casa Blanca. Y, lejos ... de templarse, la relación entre ambos se ha vuelto a caldear con el reciente anuncio de que una delegación norteamericana visitará la isla a lo largo de esta semana. Un viaje encabezado por la esposa del vicepresidente, Usha Vance, y con la participación del asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, que Washington presenta como una oportunidad para «construir una alianza», pero que en esta provincia autónoma de Dinamarca se han tomado como una «injerencia extranjera». Es «inaceptable».
La visita estadounidense, que se desarrollará entre el jueves y el sábado, se produce en un momento de transición en Groenlandia, pendiente de unas elecciones locales (1 de abril) y de conformar gobierno tras los comicios del 11 de marzo que ganó por sorpresa Demokraatit (Demócratas), una fuerza de centro-derecha liberal que aboga por un proceso tranquilo de independencia para la isla. Ni su líder, Jens-Frederik Nielsen, ni el primer ministro saliente, el ecologista Mute Egede, que ejerce en funciones, han ocultado su malestar por la llegada de una representación de Washington. El primero la considera una «falta de respeto», mientras que el segundo advierte de que no es un viaje casual ni «inofensivo».
Ambos participaron a mediados de mes junto a cientos de groenlandeses en una protesta en Nuuk, la capital, contra el plan expansionista de Trump, quien ha llegado a sugerir a la OTAN que le eche una mano para hacerse con este pedazo del Ártico. La isla, con un censo que ronda las 58.000 personas y recubierta en un 80% de hielo, se encuentra en el punto de mira del magnate –como Canadá, al que quiere convertir en el Estado 51 de EE UU– no sólo por su ubicación estratégica, sino también por sus recursos. Groenlandia es rica en hidrocarburos y tierras raras, una de las obsesiones del líder republicano, que ha reavivado la indignación en este territorio semiautónomo al enviar a varios de los suyos de visita oficial.
«El único propósito es mostrarnos su poder y la señal es inequívoca», se ha quejado Egede en el diario 'Sermitsiaq' sobre el viaje de alto perfil programado por la Casa Blanca. La agenda de la delegación de EE UU en Groenlandia incluye una visita a la base militar de Pituffik, donde están estacionadas las fuerzas norteamericanas, encabezada por Waltz y una carrera de trineos tirados por perros a la que se sumará la segunda dama. Pero no habrá encuentro alguno con las autoridades de la isla. «Se informó claramente a los estadounidenses que sólo podrá haber reuniones una vez que entre en funciones el nuevo», explicó el aún primer ministro, que será sucedido probablemente por Nielsen.
Las declaraciones de Trump sobre Groenlandia han abierto una brecha entre este territorio, con unas 58.000 personas en su censo, y Washington. «Hasta hace poco podíamos confiar en los estadounidenses como aliados y amigos», ha reconocido Egede, quien cree que «ahora lo único que les importa es apoderarse de nuestro país sin nuestro consentimiento». Una sensación extendida en la isla después de que el inquilino de la Casa Blanca asegurara que sería de EE UU «de una forma u otra» e incluso no descartara el uso de la fuerza para ello. La «presión» sobre la sociedad groenlandesa es «extremadamente agresiva», ha avisado Egede tras conocer la próxima visita. Un viaje que, a su juicio, no puede ser considerado «privado» y que ya se ha traducido en un despliegue extra de agentes de la Policía danesa.
Brian Hughes
Portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca
La Casa Blanca ha tratado de rebajar la tensión generada por la visita. «Es para conocer Groenlandia, su cultura, su historia y su gente, y para asistir a una carrera de trineos con perros que Estados Unidos se enorgullece de patrocinar, simple y llanamente», ha detallado Brian Hughes, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de EE UU, en un intento de quitar hierro al asunto. Con poco éxito, eso sí. Nielsen ha llamado a «mantener la cabeza fría» aunque no esconde su malestar. «Nuestro objetivo común es mostrarle al mundo que nuestro país no es una mercancía y que tenemos la soberanía del territorio, que debe respetarse y que nadie nos puede quitar», ha apuntado en 'Sermitsiaq' tras ganar las elecciones con su talante claramente antitrumpista.
La Casa Blanca no ha elegido un acto cualquiera para su despliegue en Groenlandia. La segunda dama, Usha Vance, junto a uno de sus hijos, y el asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, asistirán al Avannaata Qimussersu, el campeonato nacional de trineos tirados por perros que se celebra desde 1988 y destaca hoy como uno de los grandes eventos anuales –se transmite incluso por televisión– de la isla. En la exigente prueba participarán este año un total de 37 vehículos y 444 animales, que recorrerán alrededor de 42 kilómetros sobre hielo y nieve. «La señora Vance y la delegación están entusiasmados de presenciar esta carrera monumental y celebrar la cultura y la unidad groenlandesas», indicó el comunicado de Washington sobre la próxima visita.
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