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A. RANERA
GIJÓN.
Miércoles, 19 de agosto 2020, 00:37
Nueve meses habían pasado desde la última vez que el Museo del Ferrocarril abrió sus puertas y dejó perderse entre sus pasillos a los visitantes. Ayer, por fin, reanudó su marcha y lo hizo con una gran afluencia de gijoneses y turistas desde que comenzó la jornada. Con itinerarios señalados y sin poder montar en los vehículos, fueron muchos los asturianos que se acercaron a reencontrarse con el museo y otros tantos los turistas que aprovecharon su estancia en la ciudad para conocerlo.
«Estamos de vacaciones y nos coincidió aquí la reapertura», contaba la barcelonesa Lourdes Calderón. Ella vio el museo navegando por internet y no quería perdérselo. «Nos interesan mucho los trenes y tuvimos suerte de que justo abriera», señalaba. La misma suerte que corrieron los vascos José Mari Baños y Josune Santín. «Hemos venido a pasar unos días y nos ha pillado por casualidad», decían.
Visitando la exposición temporal 'Siguiendo la vía' estaba el madrileño Javier Andrés, un apasionado de los trenes que celebraba haber podido conocerlo. «Llamé por teléfono para enterarme de cuándo abriría. Descubrí el museo indagando acerca del patrimonio industrial asturiano porque me interesan mucho los temas ferroviarios», explicaba. Desde Madrid llegaba también Emma Abramova quien, al planear su viaje, se aseguró de que ya estaría funcionando el museo. «Estábamos pendientes del día de la reapertura. Solemos visitar museos de trenes», indicaba.
Pero no todo fueron turistas, también acudieron unos cuantos gijoneses que ya echaban de menos el Museo del Ferrocarril. «Teníamos ganas de enseñárselo a nuestros nietos», contaba Miguel Ángel del Fresno durante su recorrido junto a su mujer, Carmen Vázquez, y los pequeños Olivia y Mateo. Lo mismo pensaron Vicente Cueto y Nieves Prieto que acudieron con el pequeño Lucas, de tres años, quien correteaba, encantado, junto a las locomotoras. «La mañana lluviosa invitaba a venir. Yo ya había estado, pero quería traer al niño», aseguraba Vicente.
El buen número de visitantes dejó patente que la ciudad había echado de menos este museo que alberga un pedazo de la historia industrial de Asturias en la que el ferrocarril dejó su impronta.
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