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Jueves, 23 de septiembre 2021, 01:05
Había sido donada al Consistorio gijonés por Enriqueta Ceñal, la viuda del pintor, en 1994, y ahora hace 25 años abría sus puertas al público. ... Con la apertura de la casa solariega de Piñole en Cabueñes los ciudadanos tendrían acceso no solo a la intimidad del pintor, sino también, dijo EL COMERCIO, a «conocer los cuadros que eligió para sus paredes, los muebles que rodearon algunos de sus últimos veranos, su dormitorio, la finca en la que paseó algún sueño y en la que encontró verdes suficientes para llevar al lienzo». Para ello, eso sí, había que organizarse. «La única condición para convertirse en visitante es reunir a un grupo de interesados y solicitar, en la citada Fundación o en el Museo Piñole, una cita con un educador que guíe los pasos».
Algo, más que ahora, era. Casi veinte años después de la donación, en 2013, la casa de Piñole amenazaba ruina por las termitas; en 2021, sigue durmiendo el sueño de los justos. Tarda en convertirse en museo, como fue la voluntad de Ceñal; también tardó en abrirse en los años noventa. Contábamos hace cinco lustros que, «pese a que el testamento fue abierto a su muerte, hace ya tres años, la casa que ahora se abre al público y que será incluida en el programa de difusión de museos de la Fundación de Cultura ha permanecido siempre cerrada». Primero estaba reformándose, «aunque, al parecer, se encontraba en bastante buen estado». Después, porque faltaban por concretar «la manera de presentar al público una serie de contenidos que hablan más del Piñole hombre que del artista».
El de hace 25 años fue un lapso breve, pero feliz. Con la apertura de la casa se iniciaba también la entrada de la misma en «el próximo programa escolar de difusión de museos diseñado por el departamento competente de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular». Sería organizada su visita por parte de «educadores especializados en arte» y habría dos circuitos para escolares: una, sobre la vida y obra del pintor; la otra, sobre las obras de Piñole, especialmente los paisajes. Pero ya lo saben: años más tarde, todo se acabó.
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